miércoles, 13 de agosto de 2008

CARTA A LOS NOVIOS Y ESPOSOS

Matrimonio y sociedad. La célula familiar es la clave del edificio social. De la estabilidad de la familia depende la paz y la prosperidad de un país. No podremos superar la crisis que atraviesa la sociedad actual si no devolvemos a la familia su verdadero lugar, restaurando los valores que le son propios. Es reconfortante para un sacerdote preparar para el matrimonio a jóvenes a quienes una sólida educación católica les ha conducido a la virtud desde su tierna infancia. El sacerdote no tiene nada que añadir, todo está preparado, es simple..... Pero desgraciadamente hay que señalar que incluso en nuestros ambientes encontramos, cada vez más, matrimonios frágiles, que se separan después de algunos años. Me gustaría hablar aquí de estos dramas y sus causas.
Compatibilidad. La célula matrimonial debe basarse en una compatibilidad natural. También es de extrema importancia que los novios pertenezcan a un mismo medio social y que hayan recibido la misma educación. Es un error creer que la armonía de las convicciones religiosas eliminará estas diferencias naturales. Me acordaré siempre de la reflexión que me hizo un hombre separado de su mujer: “Dígales sobre todo, a sus novios, que se casen dentro de su entorno.” ¡No es discriminación sino buen sentido común! Si existe una gran diferencia entre los novios, una vez casados surgirán discusiones y se avergonzarán el uno del otro. El esposo debe estar orgulloso de su esposa y viceversa. Evidentemente no es sólo esta causa. Debe existir una verdadera armonía religiosa entre los esposos. Es imposible pensar en matrimonio si los novios no se comprometen a practicar juntos su religión desde el noviazgo. Hay muchos que comprenden esto y vemos cómo jóvenes vuelven a practicar la religión gracias al ejemplo del otro. Pero no nos equivoquemos, lo que no se ha obtenido antes del matrimonio, nunca o raramente se conseguirá después.
Deberes de religión. Novios, comprended bien que es vuestro deber ir a misa cada domingo, debéis confesaros y comulgar regularmente, y esto antes de casaros. Si no tenéis las mismas convicciones religiosas y el mismo análisis de la crisis de la Iglesia, tarde o temprano os enfrentaréis en estas materias y discutiréis delante de vuestros hijos que corren el riesgo de sufrir gravemente. En un hogar se puede transigir en muchas cosas, pero jamás sobre la adhesión a la verdad católica y su tradición. Así, por ejemplo, un novio no puede de ninguna manera ir a la nueva misa para complacer al que ama. Nosotros los sacerdotes sabemos de muchos padres desgraciados por haber descuidado esta condición durante el noviazgo.
Independencia. Es también importante, para la perdurabilidad del hogar, que los esposos tengan autonomía en relación a su propia familia. El libro del Génesis no hace otra cosa sino confirmarlo: “El hombre dejará a su padre y a su madre y se atará a su mujer y serán una sola carne”.
Así, es impensable afrontar un matrimonio donde el novio no tenga un trabajo que le permita, como jefe de familia, asumir las necesidades materiales de los suyos, es una cuestión de sentido común. La dependencia económica de personas ajenas al hogar es siempre perjudicial porque destruye su autonomía y genera numerosas tensiones.
Jerarquía. El igualitarismo reinante pisotea otra verdad que me gustaría señalar. Existe una jerarquía en la familia: el padre es el jefe y debe ser digno de este papel. Sabrá asociar a su esposa en sus decisiones y evitará tomarlas en una soledad egoísta. En cuanto a la esposa será sumisa a su marido como pide San Pablo. No se trata de una obediencia servil, sino de una sumisión libremente aceptada porque es la voluntad de Dios. El odioso igualitarismo tal como se proclama hoy, es una de las causas principales de divorcio en las familias, pues es origen de independencia, envidia y celos. El esposo es el cabeza de familia y debe seguir siéndolo, la esposa es el corazón. En un cuerpo, la cabeza y el corazón no son iguales pero sí complementarios e inseparables.
¡Novios! Aceptar desde ahora esta verdad, os ayudará a vivir armoniosamente. Hace falta que estéis convencidos, vosotros, futuros jefes de familia, que vuestra esposa e hijos serán las pupilas de vuestros ojos y que deberán estar por encima de vuestro trabajo. Se necesitará vuestra ayuda en la educación de los niños y estos últimos necesitan vuestra autoridad y vuestra disponibilidad. Desde el noviazgo velad por que vuestro trabajo sea compatible con vuestras obligaciones de futuros padres. Muchas familias se tambalean porque el padre regresa muy tarde por la noche.
Sacrificio. Que los hombres tengan cuidado con los ordenadores domésticos que absorben demasiado y vosotras mujeres con ese maldito televisor que impide toda discusión familiar. La falta de comunicación en el hogar crea fisuras que se convierten en grietas y luego en abismos que el tiempo y las pasiones tornarán infranqueables.
El secreto de la felicidad familiar reside en el sentido del sacrificio cristiano. Hace falta que el uno y la otra sepan desde el noviazgo impregnarse de un amor recíproco y casto. Así la gracia del matrimonio podrá expandirse totalmente. Y si algún día alguna dificultad viene a visitaros ésta no os alejará, sino que fortificará vuestra unión.
Tened por seguro que la Iglesia espera mucho de vosotros. Es vuestro futuro hogar donde se formarán los santos y las elites que tanto hacen falta en nuestro impío siglo. El ejemplo de la Sagrada Familia que comtemplais en tiempo de adviento y Navidad os ayudará.
R. P. Christian Bouchacourt