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viernes, 6 de noviembre de 2009

Roma y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X - ¿Que tenemos que esperar de las conversaciones con Roma?

Reverendos Padres,
Queridos fieles

Es para mí una alegría muy grande y un honor especial poder hablar esta noche para ustedes. Por desgracia no hablo todavía suficientemente su hermoso idioma, de manera que tendré que leer este texto. Agradezco para su comprensión y su paciencia si llego a lastimar sus sensibles oídos por la inadecuada selección de palabras o por el mal acento.
Quisiera poner en relieve estos últimos acontecimientos: nuestra situación en la iglesia, en la Fraternidad y nuestra tarea en la tradición. El tema de la conferencia de hoy es un pequeño resumen de los acontecimientos de las últimas semanas y meses, así como el contacto de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con la curia en Roma. Al mismo tiempo quisiera también presentarles la causa y el tipo de nuestra lucha que es realmente una lucha por la verdadera fe católica. Y, finalmente, que comprendamos que es necesaria la contribución de todos – sacerdotes y laicos –.

La situación actual: Roma y FSSPX
A pesar de que el año aún no llega a su fin, podemos decir sin exageración: es un año muy agitado, el más accidentado en general durante los 40 años de historia de la Fraternidad.
Al inicio del año, el sorprendente decreto del 21 de enero de 2009 referente a la excomunión tan mencionada de los cuatro Obispos de la Fraternidad. Todavía en diciembre no sabíamos si debíamos esperar una nueva excomunión, esta vez universal, o si el ir y venir entre Roma y la Fraternidad llevaría de hecho a la anulación de la excomunión. Dicho de otro modo, debíamos considerar las dos opciones. Fue un paso valeroso e inesperado del papa.
¡Aunque nunca nos hayamos considerado como excomulgados, a los ojos del mundo y en la conducta de los obispos lo éramos! Por eso este decreto no es tanto de importancia para nuestra obra, sino un signo importante ante el mundo y un paso en la dirección correcta: La tradición no se deja excluír a plazo limitado; se necesita una vuelta a las raíces de la fe.
Aunque el decreto no sea completo y esperamos todavía la correspondiente rehabilitación de Monseñor Marcel Lefebvre, sin embargo es un ataque contra la teología modernista y una afirmación indirecta de la crítica sobre el concilio y el tiempo postconciliar. Los obispos lo han entendido muy bien y oponen una resistencia tan intensa contra la fraternidad y sobre todo contra la voluntad del papa por encontrar una solución para la ella.
Lo que quería conseguir el papa Benedicto XVI con este decreto (2. 7. 2009), lo escribe él mismo una vez más en el decreto del 2 de julio: "Por esta decisión quería eliminar el obstáculo que podría haber en la apertura de una puerta para el diálogo en el camino que invita así a los obispos y a la "Fraternidad San Pío X." a reencontrar el camino a la plena comunión con la iglesia."
Repito de nuevo: no nos sentimos en absoluto fuera de la iglesia católica, y tenemos sólo el deseo de servir a ésta y construirla de nuevo. Pero para los obispos estamos fuera de la iglesia – para ellos es así. Por eso se defienden contra los esfuerzos del papa de ir al encuentro de la tradición. Independientemente de las intenciones del papa, de hecho la tradición se ve fortalecida por su afán.
Las lamentables observaciones que hizo Monseñor Richard Williamson sobre el holocausto y la destrucción de los judíos durante la segunda guerra mundial fue para los medios de comunicación en todo el mundo, y para los obispos, sobre todo en Alemania y en Europa, un buen motivo, para hacer impacto no sólo en la Fraternidad, pero sobre todo en el „papa alemán“. Por esta reacción hostil de los obispos, los enemigos de la iglesia se sentían fortalecer en su odio repartido más o menos abiertamente contra la fe católica. Sobre todo los medios de comunicación, pero también los judíos y fuerzas liberales se han juntado y han causado a la iglesia un gran daño, pensemos sólo en la intervención de la canciller federal alemana que ha reprendido públicamente al papa, y esto sólo debido a los judíos. Pero también todos parlamentos europeos como por ejemplo en Francia, Inglaterra y Bélgica se han avalanzado de repente contra el papa.
Los ataques eran tan insolitos y tan duros que el papa se vío, en cierto modo, forzado a escribir una carta de varias páginas al episcopado mundial en la cual se defiende, si bien, cortésmente, sin embargo bastante bien y expresa que él estaba personalmente herido por los ataques. Les doy algunas citas de la carta: „La anulación de la excomunión... ha llevado dentro y fuera de la iglesia católica a múltiples causas para una discusión de una violencia como no la hemos vivido más desde hace mucho."
„En cambio, diferentes agrupamientos acusaban total y abiertamente al papa con querer volver atrás del concilio. Una avalancha de protestas se puso en marcha cuya amargura hacía heridas visibles que continuan en este momento."
„Lo que más me ha afligido es que los cátolicos que deberían comprenderlo mejor, creyeron deber atacarme, estaban listos para saltar sobre mi."
„Disonancias de representantes de esta comunidad "..." Y ¿no tenemos que admitir que también en los círculos eclesiásticos las ha habido? A veces uno tiene la impresión que nuestra sociedad necesita por lo menos un grupo enfrente al cual no tiene que de haber ninguna tolerancia; en el que se puede soltar tranquilamente con el odio. Y quien se atreva a tocar la tolencia - en este caso el papa – corre el riego de perder el mismo el derecho de la tolerancia y podía ser cubierto sin timidez y reserva igualmente con el odio."

La necesidad de las discusiones con Roma
Ya en el decreto de excomunión (21. 1. 2009) el papa había admitido nuestro deseo de conversaciones teológicas y pedía a los cuatro obispos de la Fraternidad, escatimar "ningún esfuerzo para profundizar las discuciones con la Santa Sede en las preguntas todavía abiertas y llegar por ahí a una solución completa y satisfactoria de los problemas existentes".

En la carta a los obispos él anuncia la reestructura de la comisión de Ecclesia Dei: "Con eso debe ponerse claro que los problemas a tratar ahora son esencialmente de naturaleza doctrinal, sobre todo la aceptación del concilio vaticano II y el magisterio postconciliar de los papas concernientes." (Carta del papa, 10. 3. 2009)
Después en el Motu proprio ECCLESIAE UNITATEM (2. 7. 2009) se dirá: "Justamente porque los problemas, que tienen que ser discutidos ahora con la Fraternidad, son en esencia de naturaleza doctrinal..."
A pesar de todo, esta reorganización de la comisión de Ecclesia Dei es sorprendente y rara hasta cierto punto, tanto más que el papa con al redactó ese Motu propio para ocuparse nuevamente esencialmente de nosotros. La comisión de Ecclesia Dei fue fundada el 2 de julio de 1988 para la "tarea de colaborar con los obispos, Dicasterios de la curia romana y los grupos respectivos para fabricar la plena comunión eclesiástica con los sacerdotes, los seminaristas, las comunidades o la gente de orden particular que estaba ligada hasta ahora de forma diferente con la Fraternidad fundada por Mons. Lefebvre...". Es decir, fue fundada para atraer al sacerdote, al seminarista y al laico de nuestra obra a un marco propio y una estructura propia. Todos los fieles saben, como este intento estaba ligado con muchos problemas, y cómo los obispos del lugar han intentado todo para mantener pequeños estos grupos y no promover la antigua misa. Ahora sin embargo en esta "nueva" comisión se trata solamente de nosotros, del contacto con la Fraternidad –no se habla más de los otros grupos, al menos uno tiene esta impresión. Parecería casi así, como si ahora éstas debieran volver de nuevo a nosotros... Causa fastidio a todos estos grupos como la Fraternidad San Pedro, el Instituto del Buen Pastor etc. que 20 años despues de las consagraciones episcopales, la atención continua sobre nosotros. Al menos eso se ve claro: la obra de la tradición se ha vuelto demasiado fuerte como para no verla o para poder esperar la famosa solución biológica “ (la extinción de la obra de la tradición).
Sin embargo ¿Por qué, queridos fieles, estas discusiones? ¿De que se trata?
Seguramente no se trata a dar "clases particulares de teología“ como ha expresado en Alemania el obispo de Regensburg. Tampoco se trata de que quisiéramos cambiar nuestra línea o entender el concilio de otra manera o que quisiéramos acercarnos, aun despacio, a la interpretación del papa con lo cual el concilio y las reformas postconciliares no representan ninguna ROTURA con la tradición, sino que están en la continuidad con la tradición (la tan llamada Hermeneutica de la continuidad). No, no se trata en estas discusiones tanto de nosotros, sino de la iglesia. Ellas son una posibilidad que nos permite explicarnos de frente a Roma y señalar también que nuestra posición está bien fundada. Vamos a Roma por el bien de la Santa Iglesia; discutimos por el amor a la verdad y por el bien de la fe. Estas discusiones no son por un interés privado, sino por el bien de la iglesia y la salvación de las almas.
En esencia se trata de señalar que el Concilio Vaticano II era diferente que los concilios pasados que quería llevarse él mismo de otra manera, como un concilio pastoral, y que por lo mismo no puede exigir un mismo grado de aprovación y sumisión. También se debe señalar que las nuevas doctrinas del concilio están en contraste a la doctrina de la iglesia y al magisterio anterior y por tanto no son católicas. Y, finalmente, se tendrá que discutir los problemas particulares. Trataremos de señalar que hay una crisis en la iglesia que tiene esencialmente su origen en el concilio, en el problema de la nueva liturgia, en la libertad de religión, ecumenismo, una nueva falsa colegialidad.
Se tiene que ser realista y no se puede esperar que estas grandes preguntas sean resueltas en algunas conversaciones. En estas circunstancias esto puede durar mucho tiempo, aún si los teólogos, que el papa ha determinado para las discusiones, tienen buena voluntad y estan abiertos a nuestro punto de vista. Aún en buenas condiciones, otro problema se presenta. Una gran parte en Roma y sobre todo muchos obispos en el mundo, con una disposición hostil a este contacto entre Roma y la Fraternidad, esperan rápidamente un resultado (o sea, que nosotros reconoscámos el concilio y el magisterio actual como tales) y en consecuencia ejercen presión sobre el papa y la opinión pública. Sin embargo hemos dicho siempre : antes de que una solución (acuerdo) práctico con Roma se produzca, queremos mostrar que hay una crisis, dónde está su causa, y que la práctica actual de la iglesia es contraria a su doctrina y su historia.
Mientras tanto, el primer encuentro ya ha tenido lugar, esto fue el 26 de octubre. El próximo encuentro debe tener lugar en enero. Los encuentros están pensados para cada dos meses.
Es manifiesto que el santo padre quiere estas conversaciones y una solución para la fraternidad, Y por esto se ha atraído muchísima oposición. Frente a esto, la reacción de los obispos es muy sorprendente, sobre todo en Alemania, nos hacen pensar al huracan de la oposición y a la indignación en relación a las ordenaciones en primavera y con las ordenaciones sacerdotales en junio. Ciertos obispos han exigido hasta la excomunión repetida. ¡Sí, el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, arzobispo Zollitsch, ha dicho públicamente, que a fines de 2009 la Fraternidad será de nuevo excomulgada!
¿Por qué este odio y este rechazo? Se quisiera pensar que si el papa lo quiere, los obispos tendrían que también estar detrás del papa; ¡ser obedientes a él! ¿Por qué no lo son?
Se produce espontáneamente el símil del buen samaritano en este sentido. ¿Si ellos piensan ya, que estamos excomulgados y fuera de la iglesia, por qué ellos no hacen nada para admitirnos con paciencia de nuevo? Al contrario, ellos hacen todo, alrededor de nosotros por lanzarnos. Ellos no atienden a estos sacerdotes y creyentes, sino que pasan como el sacerdote y el Levita en el símil. Extraño, este comportamiento. Pero esto tiene una causa profunda que tenemos que entender bien.
Además no comprendemos que la crisis continúa – y si es posible continuará todavía por mucho tiempo. Miren, los obispos reaccionan así porque ellos han perdido el „amor a la verdad“. San Paolo habla varias veces de ello, de este amor a la verdad que no es distinto nada como el amor a Cristo, el (único) salvador, el único camino para la salvación: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. ¡Nadie viene al padre sino por mí!“
Santo Tomás de Aquino enseña, que la primera consecuencia del pecado fue el deslumbramiento del espíritu y de la razón. Es decir, que son incapaces de reconocer la crisis y su causa, se han vuelto ciegos para ello, y no son capacesde reconocer que esta crisis se ha implantado y ha divulgado en todas partes. La crisis de culto no es simplemente el asunto de Roma o el tema de escándalos particulares, sino que está divulgada en todo el mundo y ha llevado a este descenso masivo de culto. Apostasía, Indiferentismo, el cese de una vida cristiana practicada, son generales. Se no va más a la iglesia, no hay más vocaciones, y las iglesias tienen que ser vendidas. No sólo en Europa, en todas partes. Sólo un ejemplo: Guatemala. Hasta hace aproximadamente 20 años prácticamente el 100% de los habitantes eran católicos. En 2004 el cuarenta por ciento de los católicos dejaron la iglesia católica para unirse a las sectas; ahora, en 2009 es ya más del 60 por ciento. ¡En cinco años más del 20 por ciento han perdido la fe! Dentro de pocos años no habrá más católicos en este país. Es el fin de la iglesia local visible.
La crisis se ha vuelto general. No se puede hablar más en Francia del „Reinado social de Cristo“ – de la verdad, que hay sólo una verdad, que todas las personas están obligadas a Dios. El estado cristiano es pasado, no exite más. Tenemos enfrentarnos con gobiernos anti-cristianos. En Alemania existen más musulmanes que en toda Canada, la América del Norte y la América del Sur juntas. El Islam es un peligro aún mayor que las sectas protestantes. Y los obispos hacen todo, para que puedan ser construidas mezquitas y en las escuelas se dan clases de Islam. Precisamente en Suiza se ha iniciado una iniciativa contra la construcción de minaretes. Los obispos católicos no han solamente combatido esta iniciativa popular, sino ellos promueven con todos los medios el ecumenismo y las religiones equivocadas, ¡Es increíble!, ellos hacen todo, para que el Islam pueda extenderse. Han perdido el amor a la verdad. Es la crisis. Son las consecuencias del concilio.
Estámos en medio. No podemos decir, esto no nos concierne a nosotros, o ya estamos cansados, sólo porque la crisis dura ya tanto tiempo. Tampoco podemos decir simplemente, „el papa piensa bien sobre la Misa Antigua, así firmamos un acuerdo y tenemos la paz“. Sería una paz equivocada, una paz de cementerio, sería una traición a nuestra fe, a la lucha de la tradición y a la obra de Monseñor. ¿Qué podemos hacer?

Nuestro camino y nuestra tarea
Monseñor Marcel Lefebvre nos ha puesto un ejemplo claro y que alienta. Para él la tan llamada "desobediencia" (en verdad no era sino obediencia frente a la fe) era simplemente un rechazo de la liturgia y la nueva misa. Desde la creación de la Fraternidad (pronto 40 años) la lucha era para él una doble lucha - "se trata no sólo de la misa, sino también de la doctrina", decía él una vez. Es quiere decir una adhesión firme a la tradición, la lucha por la liturgia verdadera y la fidelidad la verdadera fe y está ligada siempre – necesariamente – con una denuncia y rechazo de los errores modernos. Ambos van de la mano. Se sabe que uno no se pueden separar el uno del otro; son los dos lados de la medalla. Con esto no se trata simplemente de una acusación o condena del concilio. Monseñor Lefebvre hablaba siempre del „concilio y sus consecuencias“, así como de las reformas postconciliares. Éstas tienen asimismo un espíritu protestante y no católico.
A pesar de esta lucha doble – para la fe y contra los errores modernos – no impedía a nuestro distinguido fundador el tener presente al mismo tiempo la preocupación por toda la iglesia y la salvación de las almas. A pesar de que él fuera castigado y fuera condenado, mantenía con la Sede romana el contacto por derecho, escribía cartas al papa o iba él mismo a Roma. Todavía en 1987, después del escándalo de Asis, cuando él decía, se no puede hablar con Roma, „Roma ha perdido la fe“, todavía el mismo año fue a Roma presentó al cardenal Gagnon personalmente una propuesta para una solución canonica para la Fraternidad. Para la tan mencionada solución canonica él ponía siempre dos condiciones: que podemos continuar nuestra obra exactamente como hasta ahora, sin dependencia de los obispos de lugar, y exigía en segundo lugar la protección de Roma ante de la resistencia esperada de los obispos, es decir por una comisión en Roma dónde la tradición debía tener mayoría de los miembros.
Ustedes verán que si comienzan ahora las negociaciones con Roma, no es absolutamente nada nuevo. Sin embargo al mismo tiempo no puede haber ninguna solución, mientras no sea absolutamente claro que nuestra obra permanece independiente, para la protección de la fe y la tradición. La fidelidad por la fe es verdaderamente más importante que la fidelidad a la letra o a la ley.
Es decir que si bien las discusiones teológicas son importantes y un testimonio claro para nuestra fidelidad el magisterio y la Santa Iglesia. Sin embargo lo que se necesita todavía mucho más, es nuestra oración, nuestros sacrificios y nuestro ejemplo. Monseñor Lefebvre estaba convencido que Roma puede ser convencida al fin y al cabo sólo con los hechos (obras).
Las cifras, vocaciones, familias numerosas, la extención de la obra y sobre todo el buen ejemplo es esto lo que convencerá a las autoridades de la necesidad de la tradición y la vuelta a la verdadera fe. Las discusiones son una cosa, pero nuestro testimonio es también importante. Cristo lo ha dicho frente a Pilato: „He venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Y vos daréis testimonio, porque sois mis discípulos.“
¡Se no puede servir a dos señores! Es importante que ustedes comprendan esta lucha inicial y la retomen nuevamente. Como que uno tiene aquí la impresión de que el celo por el combate se estanca la gente se ha cansado de oponer continuamente resistencia. Se quisiera permanecer ya católico y celebrar la verdadera liturgia vieja, pero al mismo tiempo no se quisiera llamar la atención y ser difernte para el mundo. Pero esto no va. Quién cree hoy realmente y quiere vivir de modo cristiano, él no podrá hacer todo como en el mundo, y ante todo no debe dejarse contaminar por el espíritu del mundo. Esto se mostrará en el comportamiento, con la moda, en la manera de vivir, en la familia, en relaciones con los bienes y los medios técnicos de este tiempo.
Esto es válido sobre todo para la juventud, pero es también un llamado a las familias. Mire los frutos magníficos y muchas vocaciones en los primeros años de la tradición: en Mexico, Colombia, también aquí, muchos grupos, que han comenyado la lucha con entusiasmo, y de esto se han producido muchas vocaciones y entradas en los conventos. Este entusiasmo nos falta hoy un poco. Quizá uno piensa a menudo: „Es hermoso, pero no es para mí, es para los otros.“ No, en Ti depende, es un compromiso particular.
Podríamos necesitar así muchas fuerzas, en el Brasil, aquí, pero también en el norte del distrito. P. Bouchacourt, el superior del distrito, se queja siempre de tener pocos sacerdotes. Pero necesitaríamos también vocaciones religiosas, hermanos religiosos, religiosas, Oblatas. ¿Por qué no tenemos aquí prácticamente ningunas vocaciones de hermanos? Fuí hace algunas semanas a los EE.UU. y he predicado allá a nuestros hermanos de la Fraternidad, en Pheonix, Arizona, eran en total doce. Y les he dicho: „¿Por qué este gran país, con muchas familias católicas, con muchos jóvenes, sólo tiene doce hermanos religiosos? ¿Tendríais que ser mucho más?“ ¿Por qué tan pocos pueden entusiasmarse con el gran ideal de la imitación de Cristo? El materialismo nos ha contaminado ya, y ¿nos hemos acostumbrado ya a la crisis?
He mencionado hace un momento Guatemala. Tenemos allá desde hace 20 años un Priorato, tres sacerdotes ejercen su apostolado allá. ¡Pero no tenemos ningúna vocación sacerdotal de este país antes católico! Esto puede tener muchas causas, y no tenemos el tiempo de discutir sobre ello, pero digo totalmente en general y sin reproche: no es normal, algo no anda bien.

Seguramente tenemos que rezar más; rezar también en el gran deseo de la iglesia, por la propagación de la fe, por el regreso de las autoridades a la verdaderafe, por la salvación de las almas. Es lo primero y lo más importante. Por eso nuestro Superior General ha llamado a una nueva cruzada de rosarios. Con nuestras fuerzas no podemos superar la crisis, allí la ganadora en todas las batallas del Dios“, la Santísima Virgen María, tiene que acudir en nuestro auxilio „. Y ella acude en auxilio de nosotros si se lo pedimos. Tengamos esta confianza y recen con empeño el rosario en sus familias.
Pero esto necesita también el testimonio personal, el ejemplo de los sacerdotes, los padres, los fieles. Ellos no pueden hacer nada mejor que colaborar al reino de Dios y ayudar a la salvación de las almas. El Papa Pío XII lo decía así en la encíclica sobre la iglesia: „Es un secreto que causa escalofrío pensar que la salvación de muchas almas depende de nuestras oraciones y nuestros sacrificios.“ Mucho más importante que la discusión infinita y estéril sobre el sentido y objetivo de las negociaciones con Roma es el testimonio de la vida cristiana. Esfuércense por educar a sus hijos de modo cristiano y en el espíritu de sacrificio, ayuden a los sacerdotes en el catecismo y en el trabajo de parroquia, y alienten a sus hijos de ponerse al servicio de la iglesia. Dios llama ahora tantos jóvenes como antes. Pero es más difícil oír el llamado, hay tanto ruido, tanto distracciones, muchas tentaciones. Qué responsabilidad para los padres católicos si ellos tienen hijos llamados por Dios, pero los hijos no pueden oír el llamado de Dios. (Es tonto y equivocado si ahora en todas partes en todo el mundo de la tradición nuestros jóvenes se enamoran tan temprano, a los 17 o 18 años. Ellos no son aún maduros. Y sobre todo ellos tienen que examinar primeramente la pregunta de la elección de estado. ¡Qué responsabilidad para de ustedes, queridos padres! Finalmente, tienen que comprender que la alma de sus hijos es más importante que el cuerpo, que una buena carrera profesional y mucho dinero.)
Qué alegría sin embargo también de rezar por este deseo de las vocaciones y hacer todo, para que los propios hijos dejen todo y sigan a Cristo. ¡No hay nada más hermoso en este mundo! Ellos tienen que hacer aquí en la América del Sur, en su Priorato y en su capilla, en su familia y con sus parientes, hay que hacer todo para que tengamos más vocaciones y que la verdadera fe puede extenderse. Este servicio en el bien comunes, como se dice ahora, así en la iglesia y la sociedad, es su gran tarea. Ayuden, les pido muy insistentemente.
Acabo con la hermosa anécdota del gran emperador Conrado que mando construir la magnífica catedral en Espira en el XII siglo. Un día visitaba las talleres de construcción y se encontró con un grupo de canteros. Allí le preguntaba al primero: „¿Que haces?“ Éste respondió, labro la piedra.“ – esta bien, pero hay más. Le pregunta a otro: „Y ¿que haces?“ „Alimento a mi familia.“ – eso ya es mucho más... Y le pregunta a un tercero: „¿Que haces?“ „Contruyo la catedral.“ Esto lo es que debemos hacer, reconstrír la Iglesia. Les agradezco su atención.
R.P. Pfluger, Asistente del Superior General
Conferencia en América del Sur - Noviembre de 2009

miércoles, 21 de octubre de 2009

JAMÁS FIRMAREMOS UN COMPROMISO

Entrevista a Monseñor Tissier de Mallerais para “La Vie”(Ecône - 29 de junio de 2009)

Periodista Joséphine Bataille: ¿Cómo la Fraternidad San Pío X se prepara en vista a las discusiones teológicas que deben reali-zarse con el Vaticano?
Mons. Tissier de Mallerais: « El Superior General de la comu-nidad ha nombrado recientemente una comisión compuesta por una decena de sacerdotes que son especialistas en doctrina. Han estudiado teología en Ecône o son profesores en los seminarios: serán capaces de exponer nuestras críticas al Concilio y de responder a las objecio-nes que nos serán realizadas. Los cuatro Obispos de la Fraternidad están también implicados; tienen una función de supervisión. »
JB: ¿Estas discusiones podrían, pues, abrirse desde el momento en que Roma determine el marco?
Mons.: « No, puesto que será necesario antes haber determinado el orden en el cual se abordarán los diferentes temas; hay que ir en un orden creciente de dificultad, y resolver un punto después del otro. Vamos a expresar nuestros deseos al respecto. »
JB: ¿Cuáles son?
Mons.: «Hay que comenzar por la liturgia: sería el tema más simple, ya que se podrá mostrar la deficiencia del nuevo rito de ordenación sacerdotal, por ejemplo. Deficiencia que, por el contrario, cuando se habla de la nueva misa, es más bien contradicción pura y simple; pues se trata de una nueva teología que se expresa en el nuevo rito; por lo tanto de otra religión. Enseguida deben tratarse el ecumenismo y la libertad religiosa: temas tanto más graves cuanto que comprometen la fe. La cuestión de la colegialidad de los obispos solo puede llegar al final, pues es la más difícil. »
JB: Cuando Ud. habla de arreglar las disensiones, ¿considera Ud. la vía del compromiso, que permitiría que coexistieran las posiciones de la Fraternidad y las de Roma?
Mons.: « Jamás firmaremos un compromiso; las discusiones solo avanzarán cuando Roma reforme su punto de vista y reconozca los errores a los cuales el Concilio ha conducido a la Iglesia. »
JB: ¿A la espera de la resolución de los conflictos, está Ud. abierto, como Mons. Fellay dice estarlo, a la adopción de un estatuto intermedio o provisorio para la Fraternidad?Mons.: La condición sine que non para que uno se pregunte sobre el estatuto a dar a la Fraternidad San Pío X es la resolución de las disensiones. Mientras esperamos, conservaremos el estatuto que es el nuestro actualmente; no hay ninguna urgencia de hacerlo cambiar, y no cambiaremos nada en nuestro apostolado. Por lo tanto, las discusiones podrán y deberán tomar el tiempo que sea necesario. »

jueves, 15 de octubre de 2009

EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS

La liturgia moderna ha introducido una nueva pastoral del Bautismo: algunos ritos se han suprimido (por ejemplo la imposición de la sal, los exorcismos), y en algunos casos se difiere el bautismo aún por años. Frente a estas novedades consideremos las enseñanzas de siempre de la Iglesia.

La Sagrada Escritura nos habla de los bautismos que los Apóstoles confirieron en varias familias. San Pablo y Silas bautizaron en Filipos a la familia de Lidia (Act. 16, 14-15) y al carcelero «con todos los suyos» (Act. 16, 33). San Pedro ha­bía ya bautizado, por revelación di­vi­na, al centurión Cornelio y a toda su familia (Act. 10, 14 y ss.). Crispo, jefe de la sinagoga de Co­rinto y su familia fueron evan­gelizados y bautizados (Act. 18, 8 y ss.).¿Qué podemos deducir de estos hechos? Ninguno de los textos citados nos habla positivamente del bautismo de los niños pero ninguno tampoco lo excluye explícitamente. Hay que recordar las palabras de Nuestro Señor: «Dejad que los niños se acerquen a mí» (Mat. 19, 14).
La Tradición (segunda fuente de la Revelación) es más clara aún. A fines del siglo II, San Ireneo nos dice que «Cristo vino para salvar a todos los que renacen en Dios, recién nacidos, pequeños, niños, jóvenes y ancianos» (“Contra las herejías” II, 22, 4). Orígenes no duda en indicarnos, a mediados del siglo III, el origen de esta costumbre: «la Iglesia ha recibido de los Apóstoles la tradición de bautizar también a los niños» (“Comentario de la Epístola a los Romanos” 5, 9). San Cipriano se apoya en una decisión del Concilio de Cartago en el año 252 para pedir que se bautice a los niños tres días después de su nacimiento (“Carta” 64, 2). Podemos acabar esta breve enumeración con San Agustín, el doctor de la gracia, quien escribe en su “Comentario al Génesis” (10, 23, nº 39): «La costumbre de la Iglesia nuestra Madre de bautizar a los niños no debe ser despreciada ni decir que es superflua; debe creerse en ella porque es de tradición apostólica. La edad tierna tiene en su favor el gran testimonio de haber sido la primera en derramar su sangre por Cristo».
El Magisterio de la Iglesia, a través de las decisiones de los Papas y los Concilios –depositarios de la doctrina de la salvación según la orden de Cristo–, confirma esta enseñanza. Para el 4º Concilio de Cartago, en el año 418, es anatema todo el que pretende que no hay que bautizar a los niños pequeños o que el bautismo no les sirve de nada para perdonarles los pecados (canon 2). El 2º Concilio de Letrán en el año 1139 «condena y excluye de la Iglesia de Dios a todos los que, disimulando exteriormente la religiosidad reprueban el bautismo de los niños» (can. 23). Inocen­cio III confirmó esta doctrina en el año 1208 en su “Profesión de fe a los Valdenses” que dice así: «Aprobamos, pues, el bau­tismo de los niños que, como creemos y confesamos, se salvan si mueren después del Bautismo, antes de haber cometido pecados; creemos igualmente que todos los pecados, tanto el original como los cometidos voluntariamente, son borrados por el Bautismo».
Contra los protestantes, y sobre todo contra los anabaptistas, el Concilio de Trento precisó que para ser bautizado no es necesario tener la edad de Cristo (“Decreto sobre el Bautismo” can. 12), pues el niño que ya fue bautizado no necesita volverlo a ser en la edad adulta (can. 14). Y la razón profunda de esta práctica del bautismo de los niños nos la da el mismo Concilio: sólo el bautismo los puede curar del pecado original con el que están manchados (“Decreto sobre el pecado original” nº 4).
Finalmente, ante las insinuaciones de los modernistas, el Papa San Pío X tuvo que reprobar la opinión según la cual «la costumbre de conferir el Bautismo a los niños fue una evolución disciplinar y constituyó una de las causas por las que este sacramento se dividió en dos: el bautismo y la penitencia» (Decreto “Lamentabili”, proposición condenada nº 43).

EL POR QUÉ DE ESTA NECESIDAD. ¿Cuáles son las causas y razones fundamentales de esta práctica incesante de la Iglesia? El Bautismo de los niños no es sino un caso particular del mandamiento general que dio Nuestro Señor: «Id, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mat. 28, 19-20). Es la aplicación a todos de lo que Jesucristo le dijo a Nicode­mo en privado: «Quien no naciere de arriba no puede entrar en el reino de Dios... Quien no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de los cielos» (Juan 3, 3-5).
¿Por qué el carácter tan absoluto de esta orden? Porque, como dice San Cipriano, «el niño ha contraído desde su nacimiento, como descendiente de Adán, el virus mortal del antiguo contagio» (“Carta” 64, 5). Todos nosotros nacemos con la mancha original que se transmiten los hombres por generación. Este es el argumento central de Santo Tomás de Aquino: «El Apóstol dice en la epístola a los Romanos: ‘Si por la transgresión de uno solo, esto es, por obra de uno solo, reinó la muerte, mucho más los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia reinarán en la vida por medio de uno solo, Jesucristo’ (Rom. 5, 17). Ahora bien, los niños, por el pecado de Adán han contraído el pecado original, como lo deja ver el que estén sometidos a la mortalidad que, por el pecado del primer hombre ha pasado a los demás, como lo indica el Apóstol en el mismo lugar. Así que, con mayor razón, los niños pueden recibir por medio de Cristo la gracia que les hará reinar en la vida eterna. El Señor mismo dice: ‘Quien no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de los cielos’ (Juan 3, 3). Por eso es necesario bautizar a los niños porque así como por Adán incurrieron en su condenación al nacer, del mismo modo puedan obtener su salvación por Cristo cuando renacen» (IIIª, qu. 68, art. 9, corp.).
Es cierto que para un adulto es indispensable prepararse al Bautismo:
1) expresando su intención de recibirlo;
2) profesando la fe católica: «El que crea y se bautice se salvará» (Marc. 16, 16);
3) arrepintiéndose de sus pecados: «Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados» (Act. 2, 38).
Los adultos, al tener el uso de razón, pueden y deben orientarse a sí mismos hacia la salvación. Los niños, sin embargo, no pueden usar su razón, de modo que el único remedio que tienen es el bautismo de agua. «Si son niños –comenta Santo Tomás de Aquino– no hay que diferir el Bautismo, primeramente porque no se puede esperar de ellos una instrucción más buena ni una conversión más profunda, y además a causa del peligro de muerte en el que se hallan, puesto que ellos no pueden tener otro remedio más que el sacramento del Bautismo» (IIIª, qu. 68, art. 3, corp.).

RESPUESTA A ALGUNAS OBJECIONES. Consideremos algunas objeciones muy actuales, pero que ya comentaba Santo Tomás en el siglo XIII y a las cuales respondía también San Agustín en el siglo V.

Puesto que el Bautismo borra el pecado original, todos los pecados personales (para los adultos) y todas las penas debidas por estos pecados, ¿no sería mejor esperar a la edad adulta para recibir el Bautismo, como se hacía en los primeros siglos de la Iglesia? Respondamos que si esta práctica estuvo en vigor se trataba en realidad de un abuso contra el cual lucharon los Santos Padres, como San Gregorio de Nicea en su obra titulada “Contra la costumbre de quienes retrasan el bautismo”. Además, escuchemos a San Agustín, que fue víctima de esta costumbre: cuando era joven cayó enfermo, por lo que se le iba a bautizar pero al curarse, se dejó para más tarde; éstas son las reflexiones que este retraso le inspiró: «Mi purificación fue diferida como si nunca más tuviese yo que volverme a manchar al encontrar de nuevo la vida. Sin duda se pensaba que, si después de la ablución bautismal volvía yo a caer en el barro del pecado, mi responsabilidad sería más pesada y peligrosa... ¿Fue para mi bien que me fueron desatadas de este modo las riendas del pecado?... Mucho más provechoso me hubiese sido ser curado prontamente, ya que tanto celo hemos tenido que emplear yo y los míos para poner este alma en lugar seguro para su salvación, bajo la tutela de Quien se la hubiese dado entonces» (“Confesiones” I, 12, 17-18). Donde la gracia reina más tiempo con su cortejo de virtudes y dones, Dios reina también con más estabilidad. ¿Por qué no querer que los niños se conviertan cuanto antes en los templos del Espíritu Santo? ¿Por qué dejar más tiempo bajo el yugo del demonio a esas almas que Dios quiere librar por medio del sacramento del Bautismo, sus oraciones, sus exor­cis­mos y la infusión del agua sal­vífica?

¿Cómo puede ser apto para recibir el Bautismo un niño, puesto que no puede manifestar su decisión personal de ser bautizado, ya que como no tiene uso de razón, no puede arrepentirse de sus pecados ni profesar solemnemente su fe? En realidad los niños son bautizados en la fe de su Madre, la Santa Iglesia. Como una madre alimenta por sí misma a su hijo que todavía no puede valerse, la Iglesia le da a sus hijos la salvación que todavía no pueden obtener por sí mismos. Además, ¿no es justicia que «quien ha sido herido por obra de otra persona (sea) también curado por la palabra de otra persona» (S. Agustín, “Sermón” 254, 12). ¿Sería injusto que quien se alejó de Dios sin un acto personal vuelva a Él sin un acto personal?

Otra objeción, muy moderna en su formulación: al bautizar a un niño sin pedirle su opinión se atenta contra su libertad; ¿cómo se le puede imponer una serie de compromisos que a lo mejor él nunca hubiese asumido? Respondamos que procurar alcanzar la felicidad del cielo es una obligación para todos: «Dios quiere que todos los hombres se salven» (I Tim. 2, 4). El Bautismo es el medio para lograr esta salvación (Juan 3, 3). El Bautismo no compromete al niño a un estado de vida particular (sacerdocio, vida religiosa, celibato o matrimonio) sino a un camino común de salvación. ¿Acaso no es lo que hacen todos los padres en el plano temporal cuando les dan el alimento, medicinas y educación (sabiendo que todo esto es indispensable para su crecimiento físico, intelectual y moral) sin preguntarles si están de acuerdo o no? Cuando un niño está enfermo, ¿deciden los padres esperar a que sea mayor para saber si acepta la medicina que lo va a curar? ¿Por qué los padres admitirían esto en el plano espiritual? ¿No es el Bautismo el remedio al pecado original?

EL TRASFONDO DEL PROBLEMA. La amplitud del problema que estamos tratando, que no se conocía en otro tiempo, es muy significativa y hace pensar en:
1) una falta de fe en el dogma revelado del pecado original (Efes. 3, 3);
2) una falta de fe en el poder intrínseco de los sacramentos (en este caso del Bautismo) siempre y cuando no se ponga un obstáculo personal;
3) una falta de fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que nos ha instruido sobre la necesidad del Bautismo para salvarnos (Mat. 28, 19-20; Mar. 16, 16). Por eso permanezcamos fieles a la pastoral tradicional del Bautismo de los niños recién nacidos, que es la única garantía para la salvación de su alma.

martes, 13 de octubre de 2009

EL CREDO DE SAN ATANASIO

También se lo conoce por sus primeras palabras de la versión latina: símbolo "Quicumque". ES una de las diferentes redacciones del Credo católico, síntesis de las verdades de fe que todo católico debe creer firmemente.
Se le llama de San Atanasio no porque él lo escribiera sino porque recoge sus expresiones e ideas. Algunos piensan que fue escrito por San Ambrosio.
Dice así:
"Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.
Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, increado el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señores el Padre, Señor es el Hijo, Señor el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede.
Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad.
Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Mas aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado al adiestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.
Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse."

viernes, 20 de marzo de 2009

JESUS, VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE: VERDADERO REY

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Juan 10, 10).

Esta venida de Nuestro Señor no indica sólo la finalidad de su ministerio sino que supone la venida a este mundo de alguien que existía por encima y antes que él.
A partir de la misión de Cristo, penetramos más adentro en el misterio de su Persona. Lo importante es conocer mejor a Nuestro Señor, pues tenemos que conocer su misión, su origen y saber de dónde viene. Naturalmente tendremos más respeto por Jesucristo en la medida en que comprendamos mejor que Él es Dios. Por supuesto que Él asumió un cuerpo de hombre, un alma humana, pero esto no lo disminuye en nada. Cuando el Hijo dice que le debe todo a su Padre, reconoce sencillamente la paternidad del Padre con quien está unido consubstancialmente con el Espíritu Santo desde toda la eternidad en la Santísima Trinidad.
Hacer del misterio de Nuestro Señor Jesucristo el objeto de nuestras reflexiones y de nuestras meditaciones puede parecer, en cierto modo, un poco teórico. Pero si lo examinamos de cerca, es algo perfectamente actual y concreto.
Definir, de algún modo, lo que es Nuestro Señor Jesucristo, intentar conocerlo mejor, conocer más de cerca sus relaciones con el Padre en el seno de la Trinidad, las relaciones del Padre y del Hijo, su misión eterna y su misión temporal, forma parte de nuestra vida, diría yo, incluso de una manera dramática, puesto que en el mundo moderno en que vivimos lo que se pone realmente en duda es la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Si Nuestro Señor Jesucristo es Dios, como consecuencia es el dueño de todas las cosas, de los elementos, de los individuos, de las familias y de la sociedad. Es el Creador y el fin de todas las cosas. (...)
Si no estamos convencidos de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo no tendremos bastante fuerza para mantener esta fe ante la creciente invasión de todas las religiones falsas en las que Él no es Rey ni se le afirma como Dios, con todas las consecuencias que esto significa en la moralidad general: moralidad del Estado, de las familias y de los individuos.
A causa de la libertad religiosa que se declara en los textos del concilio y que va en contra del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, ya que coloca todas las religiones en pie de igualdad y se otorgan los mismos derechos a la verdad y al error, ya no se considera a Nuestro Señor Jesucristo como la sola Verdad y como fuente de la Verdad.
En Alemania, el cardenal Josef Hoeffner, arzobispo de Colonia, dijo: «Aquí somos pluralistas". ¿Qué quiere decir "pluralistas"? Quiere decir que Nuestro Señor no es el único, que hay algo más que Nuestro Señor. Se admite a Nuestro Señor Jesucristo pero se admite también que no es Dios; se admiten todas las opiniones y todas las religiones. Cuando tales palabras salen de la boca de un cardenal arzobispo de Colonia, se trata de algo muy grave. Quiere decir que los católicos que se han acostumbrado a vivir en un ambiente protestante admiten en definitiva el protestantismo como una religión válida. La pluralidad de religiones, en un Estado, provoca un peligro de indiferentismo; pero este peligro no ha sido nunca tan nocivo como después del ecumenismo conciliar: la pluralidad se convierte en el pluralismo. Han perdido el sentido de la realeza de Nuestro Señor Jesucristo y, por el hecho mismo, pierden implícitamente el sentido de la divinidad de Nuestro Señor. Es una falta de fe profunda y muy grave, pues en ese caso, basta muy poco para que se alejen de la Iglesia, no practiquen su religión y su moral se vuelva deplorable. (…)
Tenemos que reflexionar, meditar, y convencernos de la necesidad de la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo y no sólo sobre nuestras personas.
Si decís: «Quiero vivir según la ley de Nuestro Señor, según la moral que ha enseñado; quiero vivir según su gracia, su amor y sus sacramentos, pero me veo obligado a aceptar la libertad de costumbres y la libertad de pensamiento cuando me encuentro fuera de mi hogar», estad seguros de que un día u otro quedaréis contaminados. El solo hecho de admitir esto y decir, como la declaración sobre la libertad religiosa, que es un derecho de la persona humana, que todos tienen el derecho de pensar lo que quieran, que están en su derecho, es abandonar todo espíritu de evangelización.
Si oímos decir: «Esa persona es libre, no piensa como yo y tiene una religión distinta de la mía», sepamos que eso no es verdad. No es libre y tenemos que decirle: «Lo siento, pero estás en el error y no en la verdad; un día serás juzgado sobre tus pensamientos, tu comportamiento y tu actitud; tienes que convertirte. Y esto no sólo por las ideas sino por las costumbres, la moral y todo. »

Mons. Marcel Lefebvre

LA TOLERANCIA: VIRTUD PELIGROSA – II

Sin embargo, no paremos aquí. Tengamos el coraje de decir la verdad entera. El hombre moderno tiene horror al sacrificio. Le es antipático todo cuanto exige de la voluntad el esfuerzo de decir «no» a los sentidos. El freno de un principio moral le parece odioso. La lucha diaria contra las pasiones le parece una tortura china. Y por esto, no es sólo con relación a los divorciados que el hombre moderno, incluso aquel dotado de buenos principios, es exageradamente complaciente.
Hay legiones de padres y profesores que por esto mismo son indulgentes en exceso con sus hijos y alumnos. Y el estribillo es siempre el mismo: «pobrecito»… pobrecito por que tiene pereza; recibe mal las advertencias de los mayores; come dulces a escondidas; frecuenta malas compañías; va a malos cines, etc. Y porque es «pobrecito», raras veces recibe el beneficio de un castigo severo. A donde conduce tal educación, no es necesario decirlo. Los frutos ahí están. Son millares, millones los desastres morales ocasionados por una tolerancia excesiva. «Quien escatima la vara, odia a su hijo, quien le tiene amor, le castiga», enseña la Escritura (Prov.13, 24). ¿Pero hoy día quién quiere hacer caso a esto?
Esta tolerancia se apoya, es claro, en toda especie de pretextos. Se exagera el riesgo de una acción enérgica. Se acentúa demasiado la posibilidad de que las cosas se arreglen por sí mismas. Se cierran los ojos para los peligros de la impunidad.
En realidad, todo esto se evitaría si la persona que está en la alternativa tolerar o no tolerar fuese capaz de desconfiar humildemente de sí.
¿Tengo simpatías ocultas con relación a este mal? ¿Tengo miedo a la lucha que la intolerancia traería? ¿Tengo pereza de los esfuerzos que una actitud intolerante me impondría? ¿Tengo ventajas personales de cualquier naturaleza en una actitud conformista?
Sólo después de un tal examen de conciencia, una persona podrá enfrentar la dura alternativa tolerar o no tolerar. Pues sin ese examen nadie podrá estar seguro de tomar con relación a sí mismo los cuidados necesarios a fin de no pecar por exceso de tolerancia.
UN CONSEJO APROPIADO. De modo general, hay un consejo muy propio para los que se encuentran en esta alternativa. Todo hombre tiene tendencias malas que son particularmente enraizadas. Uno es apático, otro violento, otro ambicioso, otro escéptico, etc. Siempre que la tolerancia nos exija la victoria sobre la mala tendencia que fuere más profunda en nosotros, no debemos tener mucho temor a pecar por exceso de tolerancia. Pero siempre que ésta lisonjee nuestras malas inclinaciones, pongamos atención pues el riesgo es grave.
Así, si somos apáticos, no es probable que pequemos por demasiada tolerancia hacia un amigo que nos incita a la acción: nada más viscoso, escurridizo o colérico que el perezoso contrariado en su modorra.
Si somos irascibles, no corremos mucho riesgo de exagerar la tolerancia hacia los que nos injurian. Si somos sensuales, es improbable que nos mostremos excesivamente rigurosos en materia de modas. Y si tenemos espíritu servil con relación a la opinión pública, difícilmente nos excederemos en invectivas contra los errores de nuestro siglo.
Otro excelente consejo para no pecar por exceso de tolerancia consiste en temer mucho más una debilidad nuestra en este punto, cuando están en juego derechos de terceros, que cuando se trata de los nuestros.
Habitualmente, somos mucho más «comprensivos» cuando los otros están en causa. Perdonamos más fácilmente al ladrón que robó al vecino, que al que asaltó nuestra propia casa. Y somos más propensos a recomendar el olvido de las injurias que a practicar este acto de fortaleza.
Y en este punto no perdamos de vista el hecho doloroso que, siguiendo los primeros impulsos de nuestro egoísmo, Dios sería muchas veces para nosotros un tercero.
Así, estamos mucho más inclinados a aceptar una ofensa hecha a la Iglesia que una injuria a nosotros; a soportar la lesión de un derecho de Dios, que un interés nuestro. En general este es el estado de espíritu de los católicos híper tolerantes.
Su lenguaje es imaginativo, blando, sentimental. Solo saben argumentar -si es que a esto se puede llamar argumento- con el corazón. Con relación a los enemigos de la Iglesia, son llenos de ilusiones, atenciones, obsequios y caricias.
CUIDADO. Este híper tolerante está en el auge de una crisis de intolerancia. Todas las violencias, todas las injusticias, todas las unilateralidades pueden ser temidas de su parte. Es que su tolerancia de fachada solo existía cuando estaban en juego valores insípidos y secundarios como la ortodoxia, la pureza de la fe, los derechos de la Santa Iglesia. Pero cuando su persona entra en escena, todo cambia y helo aquí dispuesto a precipitar en el infierno a quien lo hiera aunque sea levemente, con indignación análoga a la que San Miguel tuvo contra el demonio: «¿Quién como yo? ».

Catolicismo N° 78, Junio de 1957

LA TOLERANCIA: VIRTUD PELIGROSA – I

La tolerancia, así como su contraria, que es la intolerancia, no pueden ser consideradas intrínsecamente buenas, ni intrínsecamente malas. En otros términos, hay casos en que tolerar es un deber, y no tolerar es un mal. Y otros casos, en que, por el contrario, tolerar es un mal y no tolerar es un deber.
RIESGOS DE LA TOLERANCIA. Antes de todo, recordemos que toda tolerancia -por más necesaria y legítima que sea- tiene riesgos que le son inherentes. En efecto, la tolerancia consiste en dejar subsistir un mal para evitar otro mayor. Ahora, la subsistencia impune del mal crea siempre un peligro, pues el mal tiende necesariamente a producir efectos malos y, además, tiene una seducción innegable. Así, existe el riesgo de que la tolerancia traiga por sí misma males aún mayores que aquellos que se desea evitar.
Es necesario que estemos atentos con relación a este aspecto de la cuestión, pues es en torno de él que se hará todo nuestro estudio.
Para evitar la aridez de una exposición exclusivamente doctrinaria, imaginemos la situación de un oficial que nota en su tropa graves síntomas de agitación.
Se le presenta un problema:
a) ¿Es el caso de castigar con todo el rigor de justicia a los responsables?
b) ¿O debe tratarlos con tolerancia?
Esta segunda solución abriría campo a otras cuestiones. ¿En qué medida y de qué manera se debe practicar la tolerancia? ¿Aplicando penas suaves? ¿No aplicándolas, llamando a los culpables y aconsejándoles afectuosamente a cambiar de actitud? ¿Fingir que se ignora la situación? ¿Comenzar, tal vez, por la más benigna de estas soluciones e ir aplicando sucesivamente las demás, a medida que los procesos más blandos se fueren revelando insuficientes? ¿Cuál es el momento exacto en que se debe renunciar a un proceso para adoptar otro más severo?
Estas son cuestiones que forzosamente asaltarán el espíritu de muchos oficiales, pero también el de cualquier persona investida de mando o responsabilidad en la vida civil, si tiene exacta conciencia de sus obligaciones. ¿Qué padre de familia, o jefe de sección, o director de empresa, o profesor, o líder, no ha tropezado mil veces con todas estas cuestiones? ¿Cuántos males evitó por haberlas resuelto con perspicacia y vigor de alma? ¿Y con cuántos tuvo que cargar por no haber dado solución acertada a las situaciones en que se encontraba?
EXAMEN DE CONCIENCIA. En realidad, la primera medida que debe tomar quien se ve en tal contingencia, consiste en hacer un examen de conciencia para prevenirse contra las trampas que su modo de ser personal le pueda crear.
Debo confesar que a lo largo de mi vida, he visto en esta materia los mayores disparates. Y casi todos ellos conduciendo al exceso de tolerancia. Los males de nuestra época tomaron el carácter alarmante que actualmente presentan porque hay con relación a ellos una simpatía generalizada, de la cual participan frecuentemente aquellos mismos que los combaten.
Existen, por ejemplo, muchos anti-divorcistas. Pero entre éstos, numerosos son los que, oponiéndose incluso al divorcio, tienen un modo de ser exageradamente sentimental.
En consecuencia consideran románticamente los problemas nacidos del «amor». Colocados ante la situación difícil del matrimonio de un amigo, esos anti-divorcistas juzgarán sobrehumano -por no decir inhumano- exigir del cónyuge inocente e infeliz que recuse la posibilidad de "rehacer su vida" (es decir, de dar muerte a su alma por el pecado).
Continuarán «lamentando el gesto» de este último, etc., pero cuando se pusiere para ellos el problema de la tolerancia, tendrán interiormente todos los elementos para justificar las condescendencias más extremas y aberrantes. Así, comentarán con dejadez lo ocurrido, recibirán a los recién «casados», los visitarán, etc. Es decir, con el ejemplo trabajarán en favor de divorcio, al mismo tiempo que con la palabra lo condenarán. Claro está que el divorcio gana mucho más que lo que pueda perder con tal conducta de miles o millones de anti-divorcistas.
¿De dónde vino la deliberación de tolerar de manera tan mala el cáncer roedor de la familia? En el fondo ellos tenían una mentalidad divorcista.

Catolicismo N° 78, Junio de 1957

RAZONES QUE NOS OBLIGAN A RECHAZAR LA NUEVA MISA - I

Sin fe es imposible agradar a Dios (San Pablo, Epístola a los Hebreos, 11, 6). Pero aún cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo, os predique un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema. (San Pablo, Epístola a los Gálatas, 1, 8)

Razones por las que, en conciencia, no puedo asistir a la "NUEVA MISA" o Misa de Pablo VI, o la Misa Moderna, sea en Latín o en Español, de cara al pueblo o de cara al Sagrario. Y, por lo tanto, por las mismas razones, continúo con la Misa tradicional, o Misa de San Pío V, o Misa tridentina, o Misa de siempre.

1.- Porque la Misa Nueva es equívoca y ambigua. Es usada también por protestantes. Ahora bien, rezamos según creemos. Por lo tanto la Nueva Misa no es una profesión de Fe inequívoca, sino ambigua. Y nuestra Fe no puede ser al mismo tiempo católica y protestante.
2.- Porque los cambios no fueron insignificantes sino que "se trata de una restauración fundamental, yo diría de una mudanza total y, en ciertos puntos, de una verdadera nueva creación" (Palabras de Monseñor Aníbal Bugnini, coautor de la Misa Nueva).
3.-Porque estos cambios en la Misa, llevan a pensar "que la Verdad, siempre creída por el pueblo cristiano, puede cambiar o desviarse sin infidelidad al depósito sagrado de la Doctrina, al cual la Fe católica está vinculada por toda la eternidad" (Cardenales Ottaviani y Bacci en carta a Pablo VI).
4.-Porque la Nueva Misa representa "un alejamiento impresionante de la Teología Católica de la Misa según fue formulada en la Sesión XXII del Concilio de Trento" que, al establecer los "cánones", proporcionaba una "barrera infranqueable a cualquier herejía que fuera en contra de la integridad del Misterio".
5.-Porque la diferencia entre las dos misas no es sencillamente de mero detalle o simplemente cambio en la ceremonia, sino "lo que se presenta como nuevo en la Misa Nueva es materia referente a verdades perennes".
6.-Porque "las recientes reformas han demostrado suficientemente que las nuevas transformaciones en la liturgia, sólo conducen a una total desorientación de los fieles, quienes ya presentan señales de indiferencia y de disminución en su fe".
7.-Porque en tiempo de confusión como el actual nos guían las palabras de Nuestro Señor: "Por sus frutos los conoceréis". Ahora bien, después de la reforma en la liturgia, hubo enfrentamiento en la Fe y disminución del fervor de los fieles, y según las estadísticas, disminuyó considerablemente la asistencia a la Misa dominical; en los Estados Unidos, según el "New York Times" del 24/5/76, disminución del 30%; en Francia hay, según el Cardenal Marty, disminución del 43%; en Holanda, según "New York Times" del 5/1/76, de un 50%.
8.-Porque, después de la imposición de la Misa Nueva, "la mejor parte del clero pasa, en estos momentos, por una torturante crisis de conciencia, de la cual poseemos innumerables testimonios cotidianos" (Cardenales Ottaviani y Bacci en carta a Pablo VI).
9.-Porque después de que se introdujo la Misa Nueva, según estadísticas de la Santa Sede, en sólo siete años, el número de sacerdotes disminuyó en el mundo casi en el 50%. (De 1969 a 1976, de 413,438 a 243,307; disminución del 41.15% exactamente.) ¿Pura coincidencia? ¿Dónde está la vitalidad de la Misa Nueva? ¿Dónde está la "optatan totius ecclesiae renovationem" (deseada renovación de toda la Iglesia)?
10.-Porque "las razones pastorales aducidas para sustentar esta ruptura gravísima (con la Tradición de la Misa) incluso si en algún caso tuvieran valor, frente a las razones doctrinaras no parecen de ningún modo suficientes" (Cardenales Ottaviani y Bacci en carta a Pablo VI).
11.-Porque la Misa Nueva no manifiesta, de modo claro, como la Misa Tradicional, la Fe en la presencia Real de Nuestro Señor.
12.-Porque confunde de algún modo la presencia real de Cristo en la Eucaristía con la presencia en la palabra de la Biblia y su presencia espiritual en medio de los fieles: proximidad con los errores protestantes.
13.-Porque facilita la confusión entre el sacerdocio jerárquico y el sacerdocio común de los fieles, como pretenden los protestantes.
14.-Porque favorece la teoría protestante de que la fe de los fieles, y no la palabra del sacerdote, es la que hace estar presente a Cristo en la Eucaristía.

EL ORDEN SOCIAL CRISTIANO

El orden social cristiano se sitúa en lo opuesto de las teorías marxistas que jamás han aportado, en todas las partes del mundo donde se han puesto en ejecución, nada más que la miseria, el aplastamiento de los más débiles, el desprecio del hombre y la muerte. El orden cristiano respeta la propiedad privada, protege a la familia contra todo lo que la corrompe, alienta a la familia numerosa y la presencia de la mujer en el hogar; deja una legítima autonomía a las iniciativas privadas, promueve las pequeñas y medianas industrias, favorece la vuelta a la tierra, estima en su justo valor la agricultura, preconiza las asociaciones profesionales, da la libertad escolar y protege a los ciudadanos contra toda forma de subversión y revolución.
Este orden cristiano se distingue por supuesto también de los regímenes liberales, fundados sobre la separación de la Iglesia y el Estado, y cuya incapacidad para superar las crisis se afirma cada vez más. ¿Cómo podrían ser capaces de superarlas después de haberse voluntariamente privado de Aquél que es “la luz de los hombres”? ¿Cómo podrían reunir las energías de los ciudadanos, cuando no tienen otro ideal que proponerles más que el bienestar y el confort? Han podido entretener la ilusión por algún tiempo, porque los pueblos conservaban sus costumbres cristianas de pensar y sus dirigentes mantenían, más o menos conscientemente, algunos valores cristianos. Pero a la hora de la verdad las referencias implícitas a la voluntad de Dios desaparecen; los sistemas liberales dejados a sí mismos, no estando accionados por una idea superior, se extenúan y son presa fácil para las ideologías subversivas.
Hablar del orden social cristiano no es incrustarse en un pasado involucionado; al contrario, es una posición de futuro que no debéis tener miedo de proclamar y defender. No combatís en retirada sino que sois los que sabéis, porque recibís vuestras lecciones de Aquel que ha dicho: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Tenemos la superioridad de la Verdad, que está con nosotros; no tenemos por qué orgullecernos, no se debe a nosotros, pero tenemos que obrar en consecuencia; la Iglesia tiene sobre el error la superioridad de poseer la Verdad. A ella le toca, con la gracia de Dios, no ocultarla vergonzosamente bajo el celemín, sino darla a conocer y extender su fulgor. (...)
He aquí la ilusión liberal, que asocia palabras contradictorias con la persuasión de expresar con ellas una verdad. A estos soñadores adúlteros y obsesionados por la idea de la unión de la Iglesia con la revolución, debemos el caos en que se debate el mundo cristiano, que abre sus puertas al comunismo. San Pío X decía de los “sillonistas”: “Desean con ansias el socialismo, fijos los ojos en una quimera”. Sus sucesores continúan. ¡Después de la democracia cristiana, el socialismo cristiano! Terminaremos por llegar a un cristianismo ateo.
La solución, que hemos de encontrar, no concierne solamente a la quiebra y fracaso del marxismo, sino también a la quiebra y fracaso de la democracia cristiana, que ya no hace falta demostrar. ¡Basta de compromisos y de uniones contra naturam! ¿Qué vamos a buscar en esas aguas turbias?
El católico tiene la verdadera “clave” de la solución; es un deber suyo trabajar con todas sus fuerzas, ya sea comprometiéndose personalmente en la política, ya sea por su voto, para dar a su patria alcaldes, concejales, diputados, resueltos a establecer el orden social cristiano, solo capaz de procurar la paz, la justicia y la libertad verdadera. No hay otra solución.


Monseñor Marcel Lefebvre

A LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X

Hace más de tres lustros que gracias a mucha lectura y algunas buenas compañías (e incluso alguna novia entonces) –pero sobre todo merced a la gracia de Dios, la cual no merezco en absoluto– decidí engrosar ese Pusillus Grez [Pequeño Rebaño] de la Tradición. Soy católico. Y español. Hay maneras y maneras de ser católico. Para un ibérico (ya portugués, ya español) ser católico significa adherirse a Roma. Mi intención es estar en las filas de la Tradición para ser más romano. No para serlo menos, sino más. (…)
Normalmente voy a Misa a una Capilla de la Fraternidad San Pío X. (…) También fui mientras viví en Chicago a la Misa “indultada” (¿pero no quedamos en que sólo los criminales son indultados? ¿Acaso la Misa de siempre, la Tridentina, es un crimen?). Dejé de ir a la Misa indultada porque los sermones eran una retahíla modernista y la falta de respeto a la Misa (7 de la mañana un domingo, no dejaban paz para hacer la acción de gracias tras la Comunión, etc.) me llegaron a herir. (…)
Ir a Misa me cuesta dos horas y media cada domingo. Preferiría tener una Misa Tridentina más cerca. Después de mucha reflexión y no poco estudio llegué a la conclusión de que yo no pintaba nada en el Novus Ordo: tengo el convencimiento íntimo y en conciencia de que desagrado a Dios si asisto a este culto.
Sin embargo nunca me he sentido “fuera de la Iglesia”. Precisamente por ser tradicionalista me siento más adherido a la Iglesia que en mis tiempos de semiagnosticismo. O mucho más que cuando frecuentaba una Parroquia modernista, tan del Obispo ellos y tan de guitarra ellos. Y eso que encontré muchas virtudes cristianas en esa Parroquia, las cosas como son. Pero Fe, lo que se dice Fe, la justita. (…)
No conocí a Monseñor Lefebvre. Cuanta más gente que le trató conozco, más me convence que fue un Santo. A cualquier corazón de buena fe esto se le antojará obvio.
Quien quiera encontrar peros porque tiene un apriorismo que “demostrar”, lo torcerá todo. Allá cada cual y su conciencia. Dios, y la Iglesia –que es eterna, que durará hasta el último día del mundo-, son al final las únicas opiniones que cuentan. Aquí va una sugerencia para Roma que, me consta, ya se le ha ocurrido a algún ilustre Cardenal de la Curia: Roma no tiene que pedir perdón (personalmente diría que sería imprudente hacerlo en este momento) a la Tradición, pero puede simple-mente beatificar a Monseñor Lefebvre. A buen entendedor … Eso, com-binado con una estructura canónica que blinde a la Tradición de las iras de tanto Obispo modernista, y Roma misma notaría el cambio.
Tampoco voy a entrar en el tema de la iniquidad de las excomuniones a Lefebvre, Castro Mayer (¡quién le hubiera conocido, Monseñor!), o los cuatro Obispos de la Fraternidad. Ni en Roma mismo creen en ellas. Y si no, que vean la Tesis Doctoral del Padre Murray, un “Cum Laude” de la Universidad papal por excelencia, donde ponía en tela de juicio la validez de esas excomuniones. (…)
Y a esos mismos que se llenan la boca de papismo barato, habrá que recordarles las palabras del Santo Padre Benedicto XVI, quien al recibir a Monseñor Fellay dijo de Monseñor Lefebvre: “Nuestro Venerable Hermano…”. El Papa, incluso, no se cortó un pelo en alabar el trabajo y la obra de Monseñor Lefebvre.
A pesar de los claroscuros de la Fraternidad San Pío X, los 35 años de su existencia arrojan un saldo positivo. Se ha logrado aglutinar un núcleo duro en defensa de la Tradición sin caer en el sedevacantismo loco y militante y sin ser engullidos por el modernismo, cosa que algunos desde Roma bien han deseado. Gracias a la Fraternidad San Pío X (FSPX) existe la Fraternidad de San Pedro. (…) Gracias a la FSPX no pocas Órdenes tienen la continuidad posible que sólo gracias a un Episcopado tradicional es posible. Gracias a la FSPX
Y a todos esos a los que se les llena la boca con el Motu Proprio recordadles que esto no hubiera sido posible sin las décadas de sufrimiento (y, ¡Dios mío!, qué sufrimiento a veces) de tantos y tantos Sacerdotes y fieles de la Fraternidad. Sin ese capital de cruz, de martirio seco, el Motu Proprio no estaría en una agenda más que probable y ciertamente próxima. (…)
A la Fraternidad San Pío X, gracias por haber mantenido la llama de la Tradición cuando estaba casi completamente apagada. No sólo por eso, sino por haber hecho posible que la Tradición, aquí y allá, en pequeños números, empiece a florecer. Y por haber hecho posible que un alma como la mía, que estaba muy descarriada, no se perdiera. Por todo ello, mi agradecimiento eterno.

Rafael Castela Santos

¿HERMANOS MAYORES EN LA FE?

«Dios de nuestros padres, habéis elegido a Abraham y a sus descendientes para llevar vuestro nombre a todas las naciones. Estamos profundamente entristecidos por el comportamiento de aquellos que, en el curso de la historia, hicieron sufrir a vuestros hijos y, rogando vuestro perdón, queremos comprometernos a una verdadera hermandad con el pueblo de la Alianza».
Estas son las palabras del “mea culpa” que el Papa Juan Pablo II llevó, como cualquier otro hebreo, al pie del muro de las lamentaciones. No habían pasado aún 15 días desde la petición solemne de la Iglesia, o de los hombres de Iglesia, no se sabe bien, pues las expresiones no son muy claras. Desde luego, lo importante es que a los ojos del mundo la Iglesia ha pedido perdón por sus faltas... y ha vuelto a ser humillada, causando escándalo en tantas almas católicas. Era un objetivo esperado por los enemigos de la Iglesia, y parece que lo van consiguiendo.
Esperábamos que el Vicario de Cristo recordara, al pasar por los lugares que santificó la presencia del Hijo de Dios hecho hombre, del Mesías esperado por el pueblo de Israel desde hacía cuatro mil años y que ellos mismos rechazaron, las palabras del primer Papa: «Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con privilegios, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, entregado según los designios de la presciencia de Dios, lo alzasteis en la cruz, le disteis muerte por mano de los infieles. Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, lo resucitó, por cuanto no era posible que fuera dominado por ella... Tenga, pues, por cierto toda la casa de Israel que Dios le ha hecho Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros habéis crucificado» (Hech. 2, 22-24 y 36). Pero no, olvidábamos que en el ecumenismo actual, y más en Israel, Nuestro Señor Jesucristo molesta; lo más cómodo, lo más “prudente” es dejarlo de lado, no insistir demasiado...
La intención de Juan Pablo II era clara en ese sentido: «Mi viaje es una peregrinación, con espíritu de humilde gratitud y esperanza, a los orígenes de nuestra historia religiosa. Es un tributo a las tres tradiciones religiosas que conviven en esta tierra... Pido al Señor que mi visita contribuya a incrementar el diálogo interreligioso, que impulse a judíos, cristianos y musulmanes a encontrar en sus respectivas creencias y en la fraternidad universal que une a todos los miembros de la familia humana, la motivación y la perseverancia para trabajar a favor de la paz y la justicia que los pueblos de Tierra Santa no poseen aún y que anhelan tan profundamente».
Por otra parte, y dirigiéndose esta vez a los rabinos jefes en el Hechal Shlomo el 23 de marzo les decía: «Personalmente, siempre he deseado estar incluido entre quienes trabajan, por ambas partes, para superar antiguos prejuicios y asegurar un reconocimiento aún más amplio y completo del patrimonio espiritual que judíos y cristianos comparten. Deseo repetir lo que ya dije con ocasión de mi visita a la comunidad judía de Roma, es decir que los cristianos reconocemos que el legado religioso judío es intrínseco a nuestra propia fe: Sois nuestros mayores».
¿Nuestros hermanos mayores? San Pablo, dirigiéndose a los Gálatas (4, 22-31), les recuerda que Ismael, primogénito de Abraham, como fruto natural de su esclava Agar, figura la Sinagoga de los judíos, que se gloría de venir de la carne de Abraham. Isaac, en cambio, que nace milagrosamente de acuerdo a la promesa divina, de Sara la estéril, representa y figura a la Iglesia, que ha surgido, como Isaac, por la fe en la Promesa de Cristo. No es, por tanto, la descendencia carnal de Abraham lo que salva, sino su unión espiritual por la fe en Cristo. Y el pueblo judío, formado como está en Abraham, no es precisamente por su unión carnal con Abraham, por lo que se salva, sino asemejándosele en la fe, creyendo en Cristo. De modo, que hermanos mayores en la fe son únicamente los que creyeron en Jesucristo, en el Mesías que había de venir. Pero de ninguna manera puede decirse de aquellos que lo negaron y que continúan negándolo. No tenemos la misma fe, no creemos lo mismo que los judíos aferrados a sus errores; para ellos es un impostor y blasfemo; para nosotros, y es la realidad, es el Hijo de Dios, es el Mesías anunciado en el Antiguo Testamento y que cumple perfectamente todas las profecías que lo anunciaban.

jueves, 19 de marzo de 2009

EL LATÍN Y LA SANTA MISA

Frecuentemente se nos pregunta ¿por qué nuestra insistencia en el uso del latín en la liturgia? Pues teóricamente hablando existe muy poca diferencia sobre cual idioma se utilice en la Misa por ejemplo, ya que Dios entiende todas las lenguas y conoce los pensamientos más íntimos de todos los corazones; pero en la práctica existe un verdadero abismo entre el significado cambiante que se le da a las palabras de la lengua vernácula y el significado de las palabras de la así llamada "lengua muerta", es decir el idioma latino.
¡Ahora sí entiendo qué es lo que se sucede durante la Misa! Con mucha insistencia la gente dice que ahora que la Misa es en lengua vernácula (el idioma propio de cada nación) ahora sí entienden qué es lo que se lleva acaba durante la celebración de la Misa.
Los Misales para uso de los fieles, antes del Concilio Vaticano II, contienen la traducción del latín acompañada con su similar en el idioma correspondiente, y así ha sido utilizado por muchos años. Con estos Misales, los fieles pueden acompañar y leer exactamente lo que el sacerdote dice en sus oraciones frente el altar. Y aunque el Sacerdote utilice el latín en las ceremonias de la Iglesia, los fieles pueden seguir paso a paso lo que se realiza gracias a las traducciones del latín al español, inglés, francés, o el idioma propio de cada país. Por lo tanto no es un argumento válido de los promotores de la Misa en lengua vernácula decir que ahora sí entienden la Misa. Puesto que si los fieles no fueron capaces de entender el inglés simple traducido en sus Misales antes del Concilio Vaticano II, ¿por qué serían ahora capaces de entender lo que sucede en la Misa en lengua vernácula de nuestros días?
La Misa, ante todo un sacrificio. Cuando preguntamos a los promotores de la nueva Misa que nos definan lo que entienden precisamente por lo que es la Misa, frecuentemente recibimos respuestas como estas: La Misa es "una cena", "una conmemoración", "una fiesta de alegría y amor", etc. Estas respuestas a simple vista suenan muy bien, sin embargo les falta algo muy importante. Han perdido completamente el verdadero sentido y principal significado de lo que la Iglesia Católica enseña acerca de lo que es la Misa, la cual claramente ha sido definida como un sacrificio, la renovación incruenta del sacrificio del calvario. Es ante todo un sacrificio.
La Misa tampoco es la última cena, puesto que Jesucristo instituyó la Misa después de que hubieron cenado, cuando tomo pan y vino y lo bendijo (es decir lo consagró). Él claramente manifiesta que esto es su cuerpo y su sangre, y que si queremos tener vida en nosotros debemos alimentarnos de Él. En cada Misa, Jesucristo se ofrece a si mismo a su Padre celestial en sacrificio. Él se hace verdaderamente presente en nuestros altares. El pan y el vino verdaderamente se convierten en el cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro señor Jesucristo.
La lengua vernácula y la libre interpretación. Este conflicto, sobre lo que significa la Misa, es una de las razones por las cuales la Iglesia insiste en el uso del idioma latín. Puesto que aún si la Misa fuera traducida en lengua vernácula sin ninguna modificación, lo cual no se puede decir de la traducción realizada por los instigadores del Concilio Vaticano II, existiría aun así una gran confusión. Ya que los fieles, al escuchar la Misa sin ninguna explicación, en su idioma natal, tomarían el papel de intérpretes ellos mismos, conduciendo esto a la protestantización de la Misa, eventualmente reducida a un común denominador.
Esta “libertad de interpretación” se cuida de no ofender a nadie, es decir que cada uno puede creer lo que le parece mejor, a condición de no condenar la “opinión” del otro. De esta manera, católicos y protestantes, podrán estar “contentos”. Esto es el resultado del nuevo ecumenismo: ceremonias interreligiosas en el común error de creer que se adora al mismo Dios.
Por otra parte, cuando el latín es utilizado en la liturgia de la Iglesia, los fieles interesados en conocer más acerca de ésta, deben dirigirse a las autoridades competentes y legítimamente constituidas para encontrar el verdadero significado, sea de la Misa, de los sacramentos, lecturas, etc. Pues recordemos que Jesucristo prometió estar con su Iglesia hasta la consumación de los siglos, y no con cada individuo y sus propias interpretaciones en particular: solo la Iglesia Católica es capaz de conocer la interpretación correcta de los misterios de Dios.

LA SAGRADA LITURGIA Y PÍO XII

Errores reprobados por el papa Pío XII en la encíclica «Mediator Dei», sobre la sagrada liturgia y el apostolado litúrgico

1. “Hay que reprobar severamente la temeraria osadía de quienes introducen intencionadamente nuevas costumbres litúrgicas o hacen renacer ritos ya en desuso y que no están de acuerdo con las leyes y rúbricas vigentes” (usando la lengua vulgar en la Misa, trasladando fiestas a capricho, excluyendo los textos bíblicos del Antiguo Testamento, etcétera). (Parte 1ª, V.)

2. “Se sale del recto camino quien desea devolver al altar su forma antigua de mesa; quien desea excluir de los ornamentos litúrgicos el color negro; quien quiere eliminar de los templos las imágenes y estatuas sagradas; quien quiere hacer desaparecer en las imágenes del Redentor Crucificado los dolores acerbísimos que Él ha sufrido; quien repudia y reprueba el canto polifónico, aunque esté conforme con las normas promulgadas por la Santa Sede.” (íd., íd.)

3. “No resultaría animado de un celo recto e inteligente quien deseara volver a los antiguos ritos y usos, repudiando las nuevas normas introducidas por disposición de la Divina Providencia y por la modificación de las circunstancias.” (íd., íd.)

4. “Dense cuenta los fieles de que su principal deber y su mayor dignidad consiste en la participación en el Sacrificio Eucarístico, y eso... de un modo tan intenso y activo que estrechísimamente se unan con el Sumo Sacerdote, y ofrezcan el Sacrificio juntamente con Él y por Él, y con Él se ofrezcan también a sí mismos; mas no por eso los fieles gozan de la potestad sacerdotal. Hay quienes así lo creen, y que los sacerdotes obran solamente por una delegación de la comunidad, y por eso juzgan que el Sacrificio Eucarístico es una estricta concelebración, y opinan que es más conveniente que los sacerdotes concelebren rodeados de fieles, que no que ofrezcan privadamente el Sacrificio sin asistencia de pueblo.” (Íd. parte, II, II.)

5. “Algunos reprueban absolutamente las misas que se ofrecen en privado sin asistencia del pueblo, como si fuesen una desviación del primitivo modo de sacrificar; y no faltan quienes aseveren que no pueden ofrecer al mismo tiempo la hostia divina diversos sacerdotes en varios altares, por cuanto con esta práctica dividirían la comunidad de los fieles e impedirían su unidad; más aún, algunos llegan a creer que es preciso que el pueblo confirme y ratifique el Sacrificio, para que éste alcance su fuerza y su valor, alegando en todos estos casos erróneamente el carácter social del Sacrificio Eucarístico.” (íd., íd.)

6. “Se apartan de la verdad y del camino de la recta razón quienes, llevados de opiniones falaces, hacen tanto caso de las circunstancias externas de la participación de los fieles en el Santo Sacrificio, que no dudan en aseverar que, si ellas se descuidan, la acción sagrada no puede alcanzar su propio fin.” (íd., íd.)

7. “Se alejan del recto camino de la verdad los que, ateniéndose más a la palabra que al sentido, afirman y enseñan que, acabado el Sacrificio de la Misa, no se ha de continuar la acción de gracias, no sólo porque ya el mismo Sacrificio del altar es de por sí una acción de gracias, sino también porque eso pertenece a la piedad privada y particular de cada uno, y no al bien de la comunidad.” (íd., íd.)

8. “No permitan los obispos que, so pretexto de renovación litúrgica se descuide la adoración al augustísimo Sacramento y las piadosas visitas a los tabernáculos eucarísticos; ni que se disuada la confesión de los pecados cuando sólo se hace por devoción; ni que de tal manera se relegue, sobre todo durante la juventud, el culto a la Santísima Virgen, que poco a poco se entibie y languidezca.” (Parte 4ª, 1.)

9. “La vida cristiana no consiste en muchas y variadas preces y ejercicios de devoción, sino en que éstos contribuyan solamente al progreso espiritual de los fieles, y por lo mismo al incremento real de toda la Iglesia.” (Íd., ídem)

10. “Es absolutamente necesario que los obispos estén muy alerta para que no se infiltren en su grey aquellos sutiles y perniciosos errores de un falso misticismo y de un quietismo perjudicial; y asimismo que no seduzca a las almas un cierto peligroso humanismo, ni se introduzca aquella falaz doctrina que bastardea la noción misma de la fe católica; ni, finalmente, un excesivo arqueologismo en materia litúrgica.” (Íd., II.)

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL “EVANGELIO” DE JUDAS III

¿De qué se trata? Se trata de un papiro de 26 páginas encontrado en Egipto en 1978 y que ha rodado por los círculos de anticuarios, pero cuyo contenido y edad se desconocían hasta ahora, en que la National Geographic Society los ha dado a conocer al público.
Según el documento presentado en Washington por la fundación en abril de 2006, días antes del inicio de la Semana Santa , Judas no fue el traidor que vendió a Jesús por unas monedas sino el discípulo privilegiado al que encarga la misión más difícil: sacrificarlo.
National Geographic Society ha invertido cientos de miles de dólares en una operación que reunió a paleontólogos, restauradores, arqueólogos, académicos y traductores en la recuperación del mencionado documento. Según los análisis del carbono 14, la tinta, el estilo de escritura y el contenido, sus investigadores concluyen que se trata de un texto escrito alrededor del año 300, más de 250 años después del suicidio de Judas.
Los textos son una traducción del siglo IV al dialecto sahídico del idioma copto de un original griego del siglo II. El copto era la lengua más utilizada por los cristianos egipcios a partir del siglo III.
El texto atribuido a Judas se encuentra en un códice de 66 páginas, más de un tercio del cual es ilegible, y que contiene otras tres obras. Dos de ellas (el Primer Apocalipsis de Santiago, y la Epístola a Felipe, atribuida a San Pedro) son obras gnósticas ya conocidas por los hallazgos de Nag Hammadi (1945). La tercera es un fragmento de un texto desconocido, titulado provisionalmente Libro de Alógenes. El papiro se encuentra sumamente deteriorado: algunas partes del texto se han perdido y otras se conservan sólo fragmentariamente. Veintiséis de las 66 páginas corresponden al llamado “evangelio de Judas”.
¿Desde cuándo se conoce el texto? El “evangelio de Judas” pertenece a la época y a la secta de los gnósticos del desierto de Egipto de la segunda mitad del siglo II cuando una enorme cantidad de textos con «nuevas revelaciones» quisieron colocarse por encima de los auténticos y verdaderos Evangelios que dieron origen al cristianismo. Todos estos textos fueron analizados en su tiempo por la Iglesia del siglo II y desautorizados por sus falsedades. En la antigüedad era muy frecuente, tanto entre los judíos como entre los cristianos o los griegos, atribuir un escrito a un personaje famoso para darle mayor autoridad. Es lo que se denomina la pseudoepigrafía o falsa atribución. En los papiros estudiados en ningún lugar se dice explícitamente que «Judas» haya sido el autor de los mismos. El manuscrito es una copia de un documento redactado por la secta gnóstica de los primeros siglos del cristianismo llamada de «cainitas» (seguidores de Caín).
Éste documento es citado por San Ireneo de Lyón en su obra «Contra los herejes», escrita en torno al año 185, pero que en su título original nos hace ver el verdadero fin de su escrito: «Desenmascaramiento y derrocamiento de la pretendida, pero falsa gnosis».
Cronología del texto
1970. Un antiguo papiro o manuscrito, conteniendo el evangelio de Judas, es encontrado por locales cerca de El Minya , Egipto.
1978. El códice es vendido a un anticuario egipcio de El Cairo.
Mayo 1983. El anticuario egipcio ofrece en venta el códice a un grupo de expertos en Ginebra, Suiza. El precio es demasiado alto.
Feb/Mar 84. El anticuario egipcio pone el códice en venta en Nueva York, sin resultado; pone el códice en la caja de seguridad de un banco en Hicksville, N.Y., donde permanece por 16 años
Abril 2000. Frieda Nussberger-Tchacos, anticuaria de Zürich, Suiza, compra el códice.
Abril 2000. La Biblioteca Beinecke Rare Book and Manuscript de la Universidad de Yale verifica el códice que contiene el Evangelio de Judas, pero decide no comprarlo.
Feb. 2001. Tchacos transfiere el códice a la Maecenas Foundation for Ancient Art, Basilea, Suiza.
Julio 2001. El presidente de la Maecenas Foundation , Mario Roberty pide al experto en Copto: Rodolphe Kasser que lidere la transcripción y traducción del códice del Copto; mientras que la conservadora Florence Darbre es la responsable de las tareas de preservación del códice.
Ago. 2004. El Gobierno Egipcio acepta la donación del códice al Museo Copto de El Cairo. El códice retornará a Egipto una vez que haya sido exhibido al público.
Ene. 2005. El análisis de radiocarbono del papiro y el cuero del códice realizado por la Universidad de Arizona, señalan que el documento data de entre el año 220 y 340 después de Cristo.
Ene. 2006. El análisis de la tinta realizado por McCrone Associates Inc., Chicago, muestra que la misma, contiene componentes que datan de los siglos III y IV.
Feb. 2006. Mediante Imágenes Multiespectrales (MSI), un proceso utilizado para determinar la naturaleza y modificaciones de textos antiguos, conducido en Suiza por Gene A. Ware del Papyrological Imaging Lab de Brigham Young University, se descubre que el papiro sobre el cual el códice fue escrito es similar por su forma a otros papiros antiguos analizados con esta tecnología. Ware concluye que las características del códice responden a un documento egipcio de origen remoto, auténtico.
Feb. 2006. Media página faltante del Evangelio aparece en la ciudad de Nueva York. Es fotografiada, transcripta y traducida.
Abril 2006. Las páginas del Códice son develadas públicamente por primera vez en la sede central de la National Geographic Society en Washington, D.C.
¿Qué dice el texto? El documento pretende presentar a Judas Iscariote de manera positiva y le describe obedeciendo una supuesta orden divina de entregar a Jesús a las autoridades para la salvación del mundo. En él se ve a Judas como "el único discípulo que conocería la identidad verdadera de Jesús.
¿A quiénes pertenece este texto? Los gnósticos eran una secta ecléctica: tomaban elementos del judaísmo, del cristianismo, de la religión del actual Irán, de la filosofía griega, y amasaban una doctrina para liberar al ser humano de todas las angustias de esta vida material. La palabra «gnosis» proviene del griego y quiere decir: conocimiento. «Serás mejor que todos los demás», le habría dicho Jesús a Judas en referencia a sus discípulos, «porque sacrificarás el cuerpo de hombre del que estoy revestido». Este concepto es propio de los gnósticos llamados «cainitas»: Judas, al entregar a Jesús a la muerte, facilita su salida del cuerpo aparente y la liberación de la divinidad que llevaba dentro.
Sus principales errores son:
- La explicación del mundo material por una complicada jerarquía de seres que se encuentran entre la materia y el Dios del cual han emanado en decadencia.
- Valoración totalmente negativa de la materia.
- Introducción del mal en el mundo por un ser intermedio.
- La inmaterialidad de Jesús.
- El cuerpo de Jesús habría sido solamente aparente para poder manifestarse a los hombres.
- Concepción antropológica dualista (el cuerpo es malo y el espíritu es bueno).
- La salvación consiste en asimilar un conocimiento supuestamente oculto y que es revelado a ciertos «escogidos».
Las sectas gnósticas atribuyen a Dios el haber creador un mundo defectuoso, desordenado y, por lo tanto, con sufrimiento. Por esto, son partidarios de la rehabilitación de figuras del Antiguo Testamento como Caín, que mató a su hermano Abel, y Esaú, el hermano mayor de Jacob, que vendió sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas. Judas entra perfectamente en la visión gnóstica que muestra que Dios quiere el mal del mundo.
Es necesario recordar que San Ireneo enseñaba que el “evangelio de Judas” era herético, y que había causado divisiones en la iglesia de aquellos primeros siglos de nuestra era. San Ireneo sostenía que el “evangelio de Judas” era una “historia ficticia” que la secta de los cainitas había escrito “en el estilo de los evangelios”. Los cainitas, según nos advierte San Ireneo, creían que Judas tenía conocimientos secretos, y que la meta de Judas era “causar confusión en los cielos y en la tierra”.
¿Qué valor tienen estos escritos? Ante todo, el texto es producto de la imaginación fantasiosa del autor y nada tiene que ver con el auténtico testimonio de los apóstoles que leemos en los cuatro Evangelios canónicos y en los textos del Nuevo Testamento que se refieren a las noticias y testimonios de aquellos que estuvieron junto a Jesús de Nazaret y que vivieron con él, paso a paso, todos los acontecimientos más importantes de su vida entre nosotros. En los auténticos Evangelios reconocidos por la Iglesia hay un testimonio unánime: la traición de Judas, su arrepentimiento y su trágica muerte, no tenemos motivos para pensar que siguió vivo o que escribió un supuesto evangelio.
Los textos gnósticos no son documentos cristianos en sí, ya que proceden de una secta sincretista que incorporó elementos de diferentes religiones, incluyendo el cristianismo. Desde el momento de su aparición, la comunidad cristiana rechazó estos documentos por su incompatibilidad con la fe cristiana. El «evangelio de Judas» es un documento de este tipo, que tiene valor histórico, en la medida en que contribuye al conocimiento del movimiento gnóstico (siglo II-III), pero no puede aportar a los conocimientos sobre la vida de Jesucristo y de la comunidad apostólica.
¿Dónde se pueden encontrar estos textos? Uno puede ir a cualquier librería católica y obtener una copia de los evangelios gnósticos. Los cristianos desde siempre han sabido que no son verdaderos, mas nunca ha habido intento de esconderlos, sino solo de evitar el error.