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miércoles, 28 de octubre de 2009

PREPAREMOS NUESTRA ALMA PARA EL JUICIO DE DIOS - Domingo 19º después de Pentecostés

Queridos fieles, JESÚS DIJO QUE EL REINO DE DIOS ES SEMEJANTE A UNA FIESTA DE BODAS que un rey celebra por su hijo. El rey envía 3 veces a sus siervos para invitarlos al banquete.
LA PRIMERA VEZ: Los invitados simplemente no quisieron acudir.
LA SEGUNDA VEZ: El rey les mandó decir que ya estaba todo preparado. Los animales y los toros ya habían sido degollados y aderezados; Que vinieran, que ya estaba todo preparado.
¿Pero que hicieron los invitados? Despreciaron el banquete, y se fueron cada uno a su granja o a sus negocios; Y otros llegaron a apoderarse de los siervos, los golpearon y los mataron.
Entonces, se terminó la paciencia del rey: ordenó el exterminio de la ciudad, envió a sus ejércitos y acabó con los homicidas y puso fuego a su ciudad.
ENTONCES, EL REY HACE LA TERCERA Y ÚLTIMA INVITACIÓN: Dijo a sus siervos: “Las bodas están preparadas, más los que habían sido convidados no han sido dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y a todos los que hallareis, convidadlos a las bodas”. Así lo hicieron los siervos y se llenaron las salas de convidados (de buenos y malos).
Y luego entró el rey a la sala para ver a los convidados y vio a un hombre que no tenía el vestido de bodas.
El rey le dijo: “Amigo, ¿cómo es que has entrado aquí no teniendo el vestido de bodas?” El hombre no supo qué contestar. Y entonces, como un trueno sonó la voz del rey: “¡Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de afuera. Allí será el llorar y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, más pocos los escogidos!”.

EXPLICACIÓN:
La explicación de esta parábola es la siguiente: Tiene dos partes.

LA PRIMERA PARTE, la que corresponde a la primera y segunda invitación del rey, se refiere a los judíos:
- ellos fueron los primeros invitados al reino espiritual del Mesías. Fueron invitados primero por los profetas, y la segunda vez, por los apóstoles.
- Pero rechazaron la invitación, e hirieron y mataron a los siervos del rey:
o mataron a los profetas
o crucificaron al Hijo de Dios
o decapitaron a San Juan Bautista
o al apóstol Santiago lo arrojaron desde lo alto del templo
- Y por eso Dios, irritado, mandó un ejército, instrumento suyo, y aniquiló a los asesinos y destruyó la ciudad.
o el año 70, los soldados romanos capitaneados por Tito, arrasaron e incendiaron Jerusalén, y no dejaron del templo, piedra sobre piedra.

LA SEGUNDA PARTE de la parábola, la que corresponde a la tercera y última invitación, se refiere a nosotros:
- Habiendo los judíos rechazado asistir al banquete místico de la Iglesia, fueron invitados todas las gentes del mundo: “Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio a toda criatura…”
- Fuimos invitados también nosotros, y entramos al banquete, entramos a la Iglesia por el Bautismo.
- Pero para quedarse en el banquete, y disfrutar de él por siempre, no basta la fe sola, ni el puro Bautismo, es necesario revestirse del vestido nupcial; el vestido nupcial es la gracia santificante, adornado con las buenas obras.
Cuando el rey de los cielos entre a observar nuestro vestido en el día del juicio particular, y si encuentra que no estamos vestidos con el traje de bodas, pronunciará su sentencia terrible: “¡Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de fuera, allí será el llanto y el rechinar de dientes!”.
“Las tinieblas de fuera” es el infierno, donde no hay la luz de Dios;
sólo hay llanto, terror, sufrimiento, desesperación, rechinar de dientes.
Y están “atados de pies y manos”, es decir, permanecerán atados en el infierno, inmóviles, por toda la eternidad.

QUERIDOS FIELES, UNA REFLEXIÓN:
NOSOTROS ESTAMOS AHORA DENTRO DEL BANQUETE místico de la Iglesia. ¿Cómo se encuentra nuestro vestido del alma en este momento? Cuando nos bautizaron, se nos dio uno limpio y bello; se nos dijo esa vez: “recibe esta vestidura blanca, llévala sin mancha hasta el tribunal de Nuestro Señor Jesucristo, para que poseas la vida eterna”.

¿CÓMO SE ENCUENTRA NUESTRA VESTIDURA? ¿Está blanca como la nieve? ¿O se encuentra más negra que el mismo carbón y está llena de gusanos y de podredumbre? ¿Y si hoy viene el rey a ver nuestro vestido? ¡Qué desastre!

POR ESO, QUERIDOS FIELES, PARA QUE EL REY NO NOS AGARRE DESPREVENIDOS, DESDE YA:
1) quitémonos nuestros vestidos sucios del alma
2) y vistámonos de una hermosa vestidura blanca.

I.- QUITÉMONOS NUESTROS VESTIDOS SUCIOS DEL ALMA
LOS HIJOS DE JACOB habían pecado mucho:
- habían desvastado con fraudes la ciudad de Salem
- habían cometido homicidios, robos de oro, plata y ganado
- habían inclinado su corazón hacia los falsos ídolos
Su anciano padre no hacía más que llorar, decía: “Vosotros me habéis afligido, me habéis hecho odioso al cielo y a la tierra. Moriré yo y toda mi casa.”
Pero luego, queriendo salvar a sus hijos de la ira de Dios, reunió a la familia y le dijo: “Cambiad los vestidos, limpiaos, destruid los dioses extranjeros”. Le obedecieron, le entregaron todos los falsos ídolos y los objetos supersticiosos, y los escondió y enterró bajo una encina.
Y Dios volvió a bendecir al patriarca y a su descendencia ( Gén.35)

QUERIDOS FIELES, LA IGLESIA, MADRE TIERNÍSIMA, HACE LO MISMO QUE JACOB, y nos suplica que sigamos el ejemplo de Jacob; NOSOTROS TAMBIÉN, COMO ELLOS, HEMOS PECADO MUCHO, y tal vez en este momento llevamos un vestido de ignominia.
Escuchemos la súplica de la Iglesia que nos dice: “Cambiad los vestidos, limpios, purificaos, echad fuera los falsos dioses”.

POR EJEMPLO:
DEJEMOS LOS VESTIDOS SUCIOS DE LOS RENCORES, DE LOS ODIOS, que nos amargan la vida y la hacen amarga a los demás: La venganza es áspera, sólo el perdón es suave; Solamente con el amor al prójimo podremos encaminarnos al amor de Dios
Solamente perdonando, seremos perdonados.

DEJEMOS LOS VESTIDOS SUCIOS DE LA INGRATITUD, que nos hacen ser malos, contestones, desobedientes para con nuestros padres y rebeldes para con nuestros jefes o superiores;

ARROJEMOS FUERA LOS VESTIDOS SUCIOS QUE ESTÁN TEJIDOS DE MALAS PALABRAS, mentiras, calumnias, murmuraciones, insultos, y todos los demás pecados de la lengua;
recuerden lo que dijo Dios: “si uno cree ser religioso (piadoso) y no refrena su lengua, su religión es vana”.

ARROJEMOS FUERA EL HORROROSO VESTIDO que la mayor parte de la gente usa, el vestido asqueroso DE LA SENSUALIDAD: - malas miradas , actos impuros, malas conversaciones, amistades peligrosas
- malos pensamientos, malos deseos, diversiones inmorales
al estar vestidos con este asqueroso vestido de la sensualidad, nos degradamos por debajo de los inmundos animales.
¿Y si viene el rey y nos encuentra así? Dirá: “¡apartaos, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles!”.

TAMBIÉN ARROJEMOS FUERA LOS VESTIDOS APOLILLADOS Y ROÍDOS DE LA TIBIEZA, que nos hacen ser perezosos para la cosas de Dios y para el provecho del prójimo.

ESTOS SON ALGUNOS DE LOS VESTIDOS SUCIOS DE QUE DEBEMOS DESPOJARNOS, ¡estos son los dioses falsos a quienes hemos servido, y quizás adorado!;
¡es tiempo de limpiarnos, de purificarnos!

JACOB SEPULTÓ LOS FALSOS IDOLOS debajo de una encina;
nosotros sepultemos todos estos vicios y pecados en el confesionario, y así Dios volverá a bendecirnos.

II.- VISTÁMONOS DE UNA HERMOSA VESTIDURA BLANCA

ESTA VESTIDURA BLANCA QUE SE NECESITA para disfrutar del banquete del cielo, es la gracia santificante, acompañada siempre de las buenas obras.
LA FE SOLA Y EL BAUTISMO NO BASTAN, se requieren las buenas obras.
“¡No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre!”.
“Si un hermano o hermana están desnudos y carecen del diario sustento, y uno de vosotros le dice: <<>>, pero no les dais lo necesario para el cuerpo ¿qué aprovecha aquello?
Así también, si la fe no tiene obras, es muerta como tal”.

POR ESO, QUERIDOS FIELES, UNA VEZ QUE NOS HAYAMOS DESPOJADO DE LOS SUCIOS VESTIDOS del vicio y del pecado, tenemos que revestirnos de buenas obras.

PARA ANIMARNOS A LLENAR NUESTRA VIDA DE BUENAS OBRAS, QUE MEJOR QUE RECORDAR EL ADMIRABLE EJEMPLO DE SAN VICENTE DE PAUL.
De niño, era muy caritativo con sus padres: llevaba a pastar el ganado: las ovejas, las vacas, los cerdos; iba descalzo y con humildes provisiones. Cuando viajaba, entró en contacto con campesinos y con gente pobre.
Y hará voto o juramento de dedicar toda su vida a socorrer a los necesitados, y en adelante ya no pensará sino en los pobres.
Dice el santo: "Me di cuenta de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable".
Y en verdad que lo consiguió de tal manera, que varios años después, el gran orador Bossuet, exclamará: "Oh Dios mío, si el Padre Vicente de Paúl es tan amable, ¿Cómo lo serás Tú?".

Vicente es nombrado capellán general de las Galeras, San Vicente se horrorizó al constatar aquella situación tan horripilante y obtuvo del Ministro, que los galeotes fueran tratados con mayor bondad y con menos crueldad.
Y hasta un día, él mismo se puso a remar para reemplazar a un pobre prisionero que estaba rendido de cansancio y de debilidad. Con sus muchos regalos y favores se fue ganando la simpatía de aquellos pobres hombres.

El Ministro Gondi nombró al Padre Vicente como capellán de las grandes regiones donde tenía sus haciendas. Y allí nuestro santo descubrió con horror que los campesinos ignoraban totalmente la religión. Que las pocas confesiones que hacía eran sacrílegas porque callaban casi todo. Y que no tenían quién les instruyera.
Se consiguió un grupo de sacerdotes amigos, y empezó a predicar misiones por esos pueblos y veredas y el éxito fue clamoroso.
Las gentes acudían por centenares y miles a escuchar los sermones y se confesaban y enmendaban su vida. De ahí le vino la idea de fundar su Comunidad de Padres Vicentinos, que se dedican a instruir y ayudar a las gentes más necesitadas. Son ahora 4,300 en 546 casas.

El santo fundaba en todas partes a donde llegaba, unos grupos de caridad para ayudar e instruir a las gentes más pobres. Pero se dio cuenta de que para dirigir estas obras necesitaba unas religiosas que le ayudaran. Y habiendo encontrado una mujer especialmente bien dotada de cualidades para estas obras de caridad, Santa Luisa de Marillac, con ella fundó a las hermanas Vicentinas, que son ahora la comunidad femenina más numerosa que existe en el mundo.
Son ahora 33,000 en 3,300 casas y se dedican por completo a socorrer e instruir a las gentes más pobres y abandonadas, según el espíritu de su fundador.
Unas se encargan de atender a los mendigos, otras se ocupan de las epidemias, otras lucharan contra el contagio de la peste, otras se dedicaran a otras calamidades.
Vicente las preparaba para poder atender a todo tipo de personas necesitadas: niños y ancianos, locos y presidiarios, y a toda clase de pobres.

San Vicente poseía una gran cualidad para lograr que la gente rica le diera limosnas para los pobres. Reunía a las señoras más adineradas de París y les hablaba con tanta convicción acerca de la necesidad de ayudar a quienes estaban en la miseria, que ellas daban cuanto dinero encontraban a la mano. La reina (que se confesaba con él) le dijo un día: "No me queda más dinero para darle", y el santo le respondió: "¿Y esas joyas que lleva en los dedos y en el cuello y en las orejas?", y ella le regaló también sus joyas, para los pobres.

Parece casi imposible que un solo hombre haya podido repartir tantas, y tan grandes limosnas, en tantos sitios, y a tan diversas clases de gentes necesitadas, como lo logró San Vicente de Paúl.

Había hecho juramento de dedicar toda su vida a los más miserables y lo fue cumpliendo día por día con generosidad heroica. Fundó varios hospitales y asilos para huérfanos. Recogía grandes cantidades de dinero y lo llevaba a los que habían quedado en la miseria a causa de la guerra.

Se dio cuenta de que la causa principal del decaimiento de la religión en Francia era que los sacerdotes no estaban bien formados. Él decía que el mayor regalo que Dios puede hacer a un pueblo es dale un sacerdote santo.
Por eso empezó a reunir a quienes se preparaban al sacerdocio, para hacerles cursos especiales, y a los que ya eran sacerdotes, los reunía cada martes para darles conferencias acerca de los deberes del sacerdocio.
Luego con los religiosos fundados por él, fue organizando seminarios para preparar cuidadosamente a los seminaristas de manera que llegaran a ser sacerdotes santos y fervorosos. Aún ahora los Padres Vicentinos se dedican en muchos países del mundo a preparar en los seminarios a los que se preparan para el sacerdocio.

Siempre vestía muy pobremente, y cuando le querían tributar honores, exclamaba: "Yo soy un pobre pastorcito de ovejas, que dejé el campo para venirme a la ciudad, pero sigo siendo siempre un campesino simplón y ordinario".

En sus últimos años su salud estaba muy deteriorada, pero no por eso dejaba de inventar y dirigir nuevas y numerosas obras de caridad. Su horario era invariable: se levantaba a las cuatro de la mañana y se acostaba a las nueve de la noche;

Sus piernas supuran y el estómago no admite ya el menor alimento. El 26 de septiembre, domingo, le llevan a la capilla, donde asiste a Misa y recibe comunión. Por la tarde se encuentra totalmente lúcido cuando se le administra la extremaunción;
a la una de la mañana bendice por última vez a los sacerdotes de la Misión, a las Hijas de la Caridad, a los niños abandonados y a todos los pobres. Esta sentado en su silla, vestido y cerca del fuego.

Así es como muere el 27 de septiembre de 1660, a la edad de 80 años, poco antes de las cuatro de la mañana, a la hora que solía levantarse para servir a Dios y a los pobres. Multitudes habían conocido los beneficios de su caridad.

Cuando abrieron la tumba todo estaba igual que cuando se depositó. Solamente en los ojos y nariz se veía algo de deterioro. Se le contaban 18 dientes. Su cuerpo no había sido movido, se veía que estaba entero y que la sotana no estaba nada dañada. No se sentía ningún olor y los doctores testificaron que el cuerpo no había podido ser preservado por tanto tiempo por medios naturales.

El Santo Padre León XIII proclamó a este sencillo campesino como Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad.

Queridos fieles, ¡que su ejemplo nos mueva a sacudir nuestra pereza, a aprovechar bien nuestra vida y llenarla de buenas obras!; y que resuenen siempre en nuestros oídos esas palabras de San Vicente de Paul: "Al servir a los Pobres se sirve a Jesucristo;
¡Cómo! ¡Ser cristiano y ver afligido a un hermano, sin llorar con él ni sentirse enfermo con él! Eso es no tener caridad; es ser cristiano en pintura."

CONCLUSIÓN
¡El Rey del cielo ya se acerca para examinar nuestros vestidos del alma! ¿Cómo estamos? ¿Andrajosos, pordioseros, sucios?
Para éstos es la sentencia: “¡Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de afuera. Allí será el llorar y el rechinar de dientes!”.
¡Qué hermoso sería tener una vestidura del alma como la de San Vicente de Paul! Pero, queridos fieles, ¡esto no es imposible!
Así como cuando un niño pequeño ha ensuciado su ropa, acude a su mamá para que lo cambie, acudamos nosotros a nuestra Madre celestial, la Santísima Virgen María, pidámosle que Ella nos ayude a prepararnos, a limpiarnos, a purificarnos; que nos revista con un vestido hermoso y nos ayude a hacer buenas obras.
Pidámoselo siempre rezándole diariamente su amadísimo Rosario.
De esta manera, cuando venga Jesús, nos encontrará ciertamente vestidos con preciosas vestiduras, y disfrutaremos del banquete celestial por los siglos de los siglos.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LOS DOS ASPECTOS DE LA MUERTE - Domingo 15º después de Pentecostés

Los soldados romanos capitaneados por Antonio, tío del famoso triunviro, sitiaron la ciudad de Perusa. La ciudad, después de una desesperada resistencia, y devorada por el hambre y la sed, se rindió a condición de que se respetase la vida de los senadores.
Se aceptó la condición, pero no fue respetada.
Y los senadores, pálidos de terror, iban pasando delante del general, mirándole con ojos suplicantes.
«Yo he prestado magníficos servicios a la República», decían al­gunos. «No importa: hay que morir. Moriendum est.»
«Soy joven todavía, combatiré en tu legión, te seguiré por tierra y por mar...», clamaban otros. «No importa: hay que morir. Moriendum est»
«Soy rico, todas mis posesiones, todos mis sestercios, todos mis esclavos serán para ti.» Sonrió el general, pero en sus ojos brilló una luz siniestra y añadió secamente: «Adelante: hay que morir. Moriendum est»
Esta palabra fatal se va repitiendo sobre todos aquellos que pasan delante del camino de la vida; y la repitieron sobre la cuna de cada uno de nosotros, aun cuando entonces no podíamos oírla ni com­prenderla. Moriendum est. Soy rico: no importa. Los honores me en­vuelven por todas partes: no importa. Soy joven, me necesita mi familia y mi país: no importa.

JOVEN ERA TAMBIÉN, HIJO ÚNICO, necesario para sustentar a su madre, aquel a quien llevaban a enterrar cuando Jesús se encontró con el cortejo fúnebre a las puertas de Naím.
UNA SILENCIOSA MUCHEDUMBRE acompañaba al féretro: delante de todos, junto al muerto estaba su madre. Jesús, al verla, pasó por entre la muchedumbre y acercándose a ella, le dijo: «No llores».
¿CÓMO NO LLORAR SI SE ENCONTRABA POBRE Y SOLA EN EL MUNDO la que en otro tiempo fuera esposa y madre feliz?
SI TODOS LLORABAN EN TORNO A AQUELLA VIDA TRUNCADA implacablemente en la flor de la edad, ¿cómo no había de llorar su madre?
Y, SIN EMBARGO, JESÚS LE DIJO: «No llores».
Y LA PALABRA DE JESÚS NO ES UNA PALABRA VANA.
Deben llorar en presencia de la muerte los que no tienen fe, los que han vivido sumergidos en los placeres mundanos, los que aman el pecado.
Pero aquella viuda que tanto había sufrido por su familia;
todos aquellos que creen en Cristo, que viven observando los mandamientos de Dios y los de la Iglesia, no deben llorar ante la muerte.
«¡JOVEN! — GRITÓ JESÚS AL MUERTO —, levántate, yo te lo mando.» Y el muerto se sentó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.

NO ES MÁS AFORTUNADA QUE NOSOTROS AQUELLA MUJER DE NAÍM; porque el radiante milagro que ella presenció en este mundo, lo presenciare­mos realizado en nosotros y en nuestros seres queridos, pero en la otra vida un poco más tarde.
PODEMOS, PUES, DEDUCIR DEL EVANGELIO que dos son los aspectos de la muerte: uno horrible y deplorable para los malos, luminoso y agra­dable el otro para los buenos.

1. LA MUERTE ES HORRIBLE
MAZARINO, el astuto y formidable consejero del rey de Francia, se halla en trance de muerte. Por la noche, a pesar de la prohibición de los médicos, se levanta y, burlando la vigilancia de sus criados, recorre, tembloroso, las galerías para dirigir una mirada postrera a las maravillas de arte y a las riquezas que habla acumulado. Se detiene ante los cuadros y las estatuas y suspira profunda­mente: «Hay que abandonar todas estas cosas tan bellas».
Los remordimientos, surgiendo como enjambres de su vida turbia, le estremecen. Va contemplando los muebles y el mármol de los rin­cones, abrazando las estatuas, tocando los tapices: llama a cada objeto con su nombre; acaricia con los ojos y las manos el oro, la plata y el bronce. No querría separarse de aquel lugar y, sin embargo, debe dar a todas aquellas cosas el adiós de despedida.
«¡Esto es ho­rrible!», solloza, y vuelve a su lecho de muerte.
PARA TODOS AQUELLOS QUE DURANTE LA VIDA TUVIERON EL CORAZÓN ALE­JADO DE DIOS, la muerte es horrible.



¡HORRIBLE PARA LOS QUE SE DEDICARON A DELEITAR SUS SENTIDOS!
Nunca jamás podrán los ojos volverse a cosas bellas, o a objetos lascivos; se verán envueltos en una niebla flotante, augurio de las tinieblas eternas.
La garganta experimentará náuseas y abrasada por la fiebre no sentirá la frescura del agua que bebe.
Los pies rígidos no podrán encaminarse a las reuniones mundanas, a las diversiones y bailes; y las manos no podrán ya tocar cosa alguna.
¿Conservará entonces la belleza del cuerpo?


¡HORRIBLE PARA LOS QUE SÓLO CULTIVARON AMISTADES MUNDANAS!
Los amigos que te indujeron al mal, que te apartaron de los Sacramentos, no te podrán ayudar lo más mínimo en aquel trance. Te hallarás solo, enteramente solo: sin hijos, sin mujer, sin parientes, abandonado delante de Dios.

¡HORRIBLE PARA LOS QUE CONFIARON EN LAS RIQUEZAS!
Cuanto ganaste y acumulaste con tu trabajo; cuanto conservaste con zozobra, lo perderás con gran desesperación de tu alma.
¿Qué te aprovechará entonces haber trabajado los domingos, haber defraudado al prójimo y dejado incumplidas tus promesas? Todo lo perderás.

¡HORRIBLE PARA LOS QUE DESPERDICIARON EL TIEMPO!
El que lo perdió durante la vida, es difícil que lo halle a la hora de la muerte. No consentirá el demonio que se le escape una presa a la que tuvo amarrada durante la vida. El alma, espantada ante el misterioso porvenir, temblará desesperada, y sus labios no podrán articular una plegaria, y el corazón sobresaltado no podrá realizar un acto de contrición.

¡HORRIBLE PARA LOS QUE CONFIARON EN LA FAMA!
«Consolaos — decía un amigo a Bossuet —, vuestro nombre es inmortal.» El ilustre orador sacudió la cabeza y le respondió débilmente: «Rogad a Dios que me perdone mis pecados».

Hubo alguno que dijo al moribundo general Luxemburgo:
«Vues­tro nombre está vinculado a muchas victorias».
«Preferiría — le contestó — que estuviera grabado en un vaso de agua dado de limos­na a un pobre.»

2. LA MUERTE ES AGRADABLE
RECORDAD LA MUERTE DE LOS BUENOS y os convenceréis de ello.
SANTA PAULA, discípula de San Jerónimo, al darse cuenta de la proximidad de la muerte, levantó los ojos al cielo exclamando:
«Se­ñor, he amado la belleza de tu casa y el lugar de tu gloria. ¡Qué dulces son tus tabernáculos en los que voy a entrar!» Al sentir el frío de la muerte en alguna parte de su cuerpo notaba que su corazón latía más trabajosamente, y preguntada si sufría alguna molestia, respon­dió: «No experimento ningún dolor, todo está tranquilo, sereno».
Y murió.

SAN JUAN CRISÓSTOMO, proscrito por una emperatriz pérfida, fue desterrado a un lugar desconocido, en la ribera oriental del mar Negro. Era verano. En Cumas el venerable anciano cayó agotado; se acer­caba el fin. «Ponedme los vestidos más bellos, porque ya llega el Salvador, al que estoy aguardando desde toda mi vida.»
Recibido el Viático, trazó la señal de la cruz exclamando: «Sea Dios bendito por todas las cruces que me han sobrevenido».
La boca de oro se cerró para siempre en la tierra: era el 14 de septiembre del año 407.



EL PADRE SUÁREZ llama a sus religiosos en la hora de su muerte: «Acercaos, que quiero descubriros un secreto. Me muero, pero nunca hubiera creído que fuera tan dulce el morir».

EN 1928 MORÍA EN ROMA EL CANTOR DE LA BELLEZA DE DIOS y profesor de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, JULIO SALVADORI. Un día antes de la muerte llamó al hermano que le asistía y le dijo: «Mañana me vestirás con mis mejores vestidos, porque comienzan mis fiestas».

LAS MISMAS PALABRAS QUE SAN JUAN CRISÓSTOMO PRONUNCIÓ HACE SIGLOS.
El Cristianismo siempre es el mismo, y los cristianos auténti­cos no pueden considerar la muerte como algo horrible.
Nolite con­tristari et caeteri qui spem non habent.
“No os entristezcáis como aquellos que no tienen esperanza” (I Thes., IV, 12).

LA MUERTE ES AGRADABLE PARA LOS BUENOS:
PORQUE NOS LIBRA DE LAS TENTACIONES.
La vida es una batalla con­tinua contra la carne, contra el mundo, el demonio y contra las pasiones. El justo halla en la muerte la tranquilidad tan deseada.

PORQUE NOS LIBRA DE LOS DOLORES.
Volvamos la vista atrás y exami­nemos los días vividos. Quizá no podamos decir de ninguno de ellos: Hoy estoy contento.
¡Cuántas lágrimas amargas han corrido en nuestras horas, cuántos suspiros han interrumpido nuestros sueños!
Enfermedades en el hogar, ingratitudes entre los amigos, injusticias en el prójimo, en todas partes el cansancio y la angustia.
Y nuestro porvenir, por muy florido y rosado que nos lo pinte la fantasía, en nada se diferenciará del pasado.

¡PORQUE NOS JUNTA CON NUESTROS QUERIDOS MUERTOS!
¿Quién no ha perdido alguna persona querida? Quizá sea la madre, el hermano, los hijos.
Hay momentos tristes en la vida en los que nos asalta el deseo implacable de ver su rostro, de oír su voz, de pasar con ellos algunas horas de confidencia íntima, como aquella vez...
Pues bien, la muerte juntará gradualmente a las personas y reconstruirá las familias deshechas en la tierra.

PORQUE NOS INTRODUCE EN EL GOZO ETERNO.
Nadie puede, ni remota­mente, sospechar la recompensa que nos aguarda. ¡Torrentes de gozo se difundirán por nuestras almas!
No más dolores; alegrías siempre, con Dios siempre.

AHORA SE COMPRENDE EL GRITO DEL APÓSTOL A LOS FILIPENSES: «Para mí, ¡morir es ganancia!» Mori lucrum.

CONCLUSIÓN
SAN CARLOS BORROMEO pasaba frecuentemente ante un cuadro que representaba a la Muerte con su guadaña.
Un día el santo mandó borrarla y ordenó a un pintor que en vez de la guadaña pusiera una llave de oro en sus manos.
PERO SAN CARLOS ERA UN SANTO. ¿Qué será para nosotros?
¿Se pre­sentará con aspecto terrible o será como una dulce hermana que nos abre con llave de oro las puertas del Paraíso?
TODO DEPENDERÁ DE LA VIDA QUE LLEVEMOS…

jueves, 19 de marzo de 2009

LAS LLAGAS DE UN CAPUCHINO

La figura del Padre Pío de Pietrelcina, de este santísimo religioso, no sólo ha llenado con su presencia todo el orbe católico sino que incluso ha sido objeto de estudio por parte de individuos e instituciones desvinculados, en muchos aspectos, de la Santa Iglesia. Sin lugar a dudas su vida y su obra apostólica forman un capítulo aparte en la historia del catolicismo del siglo XX.
Tres aspectos merecen destacarse al aproximarnos a su grandiosa figura, a su santidad deslumbrante. En primer lugar el Santo Sacrificio de la Misa como centro neurálgico de su ministerio apostólico. En segundo lugar la manifestación de Nuestro Señor Jesucristo como único Camino, única Verdad y única Vida, ayer, hoy y siempre, y esto a través de la impresión de las Sagradas Llagas en el cuerpo sufriente del capuchino franciscano. En tercer lugar la incompatibilidad de la doctrina del Redentor con aquellas doctrinas, masonería, marxismo, liberalismo, que son enemigas, sin paliativo alguno, de la Divina Revelación, la Sagrada Escritura y la Tradición.
El Padre Pío de Pietrelcina, en el siglo Francisco Forgione, nació el 25 de mayo de 1887 en la localidad italiana de Pietrelcina, siendo bautizado al día siguiente de su nacimiento. Ingresa “en religión” en el año 1903 y es ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910. Desde entonces la vida del Padre Pío es entera y absolutamente sacrificio y altar. La renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz será para el Padre Pío el único afán, el único deseo y la sola aspiración de su vida apostólica y sacerdotal. Hará del altar, de la celebración de la Santa Misa, un “espectáculo” inaudito, un “místico espectáculo” de amor, de dolor y de donación de sí mismo. Casi un Calvario visible, como si se desprendiese de alguna manera el velo de la fe. La Santa Misa, cele-brada por el Padre Pío, era, y es, el argumento más contundente frente a “la nueva teología sobre el misterio eucarístico” surgida para descarnar, desvirtuar y desacralizar el centro mismo de nuestra Santa Religión. Los fieles que en San Giovanni Rotondo asistían a la Misa del Padre Pío, sublime visión, no contemplaban otra escena que la realidad misma del Calvario. Jesús sufriendo, entregándose y muriendo por amor a las almas. Sólo esto, únicamente esto. La mano terrible que ha querido destruir la razón misma de la Iglesia, el corazón de la Iglesia, tras el Concilio Vaticano II, se encuentra desarmada, y al mismo tiempo iracunda, cuando se trae como testimonio aquel altar, aquella celebración y aquel sacerdote, herido por las mismas Llagas de Cristo, que firme hasta el día de su muerte, un 23 de septiembre de 1968, celebró el Santo Sacrificio del Altar en toda su integridad y pureza. Ni un cambio, ni una vacilación. Si queremos un ejemplo y un intercesor en los cielos, en nuestro duro combate, en él lo tenemos.
Las Llagas del Señor que marcan su virginal cuerpo nos gritan que Jesús es el único Salvador; fuera de Él no hay otra verdad, no hay otra vida, y sólo en su Sangre encontramos la remisión de nuestros pecados y la esperanza de eternidad para nuestras almas.
Impensable que el Padre Pío nos pudiese decir o enseñar que las otras religiones son también caminos de salvación, dignas de respeto y consideración pues en ellas sus seguidores o fieles adorarían o darían culto también –como nosotros– al único Dios, en una andadura que nos haría converger a todos en la plenitud final. Impensable. Dolorosamente impensable. El Padre Pío fue llagado en su cuerpo y en su alma porque el Señor lo escogió para que a través de él multitudes enteras llegaran al conocimiento de la Verdad, que es el Calvario, que es la Cruz, la Santa Iglesia, los Sacramentos, la Santa Misa, realidad sublime de nuestra Fe: Jesús, Alfa y Omega, Principio y Fin, Esperanza única de las Naciones.
Finalmente hay que decir que toda la predicación del Padre Pío fue de una pureza absoluta y radical, en fidelidad y sintonía plenas con la doctrina eterna de la Iglesia. Ninguna contemporización con las doctrinas perversas que han mancillado la presencia de la Iglesia en estos últimos decenios. Ejemplo de esto lo tenemos en las respuestas que dio el Padre al Presidente Segni, al doctor Gasparri, al democristiano Camppannelli o al presidente Leone de la Cámara de los diputados. Nunca, por nada del mundo, el Padre Pío prestó su aquiescencia a las doctrinas marxistas o a los postulados masónicos y liberales. Vivió, en el Gólgota, para Jesús. Abrió sus labios siempre en armonía perfecta con los preceptos del Señor y de la Iglesia. Cada día se ofrecía en unión mística y profunda, con sus llagas cruentas, en el Sacrificio incruento del Altar e inundó al mundo y a los hombres con el suave olor de su radiante y pura santidad.

miércoles, 18 de marzo de 2009

ANÉCDOTAS DEL PADRE PIO DA PIETRELCINA - II

PADRE PÍO EN URUGUAY. Monseñor Damiani, obispo uruguayo, fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre Pío. Luego de confesarse se quedó unos días en el convento. Una noche se sintió enfermo y llamaron al Padre Pío para que le diera los últimos sacramentos. El padre Pío tardó mucho en llegar y cuando lo hizo le dijo: “Ya sabía yo que no te morirías. Volverás a tu diócesis y trabajarás algunos años más para gloria de Dios y bien de las almas”. “Bueno”, contestó Monseñor Damiani, “me iré pero si usted me promete que irá a asistirme a la hora de mi muerte”. El Padre Pío dudó unos instantes y luego le dijo “Te lo prometo”. Monseñor Damiani volvió al Uruguay y trabajó durante cuatro años en su diócesis.
En el año 1941 Monseñor Alfredo Viola festejó sus bodas de plata sacerdotales. Para tal acontecimiento se reunieron todos los obispos uruguayos y algunos argentinos en la ciudad de Salto, Uruguay. Entre ellos estaba Monseñor Damiani, enfermo de angina de pecho. Hacia la medianoche el Arzobispo de Montevideo, luego Cardenal Antonio María Barbieri, se despertó al oír golpear a su puerta. Apareció un fraile capuchino en su habitación que le dijo: “Vaya inmediatamente a ver a Monseñor Damiani. Se está muriendo”. Monseñor Barbieri fue corriendo a la alcoba de Monseñor Damiani, justo a tiempo para que éste recibiera la extremaunción y escribiera en un papel: “Padre Pío..” y no pudo terminar la frase. Fueron muchos los testigos que vieron un capuchino por los corredores. Quedó en el palacio espiscopal de Salto un medio guante del padre Pío que curó a varias personas.
En 1949 Monseñor Barbieri fue a San Giovanni Rotondo y reconoció en el padre al capuchino que había visto aquella noche, a más de diez mil kilómetros de distancia. El Padre no había salido en ningún momento de su convento. Hoy día hay en Salto una gruta que recuerda esta bilocación y desde allí el padre ha hecho varios milagros.
AMOR DEL PADRE PÍO POR SAN PÍO X Y PÍO XII. El Padre Pío solía decir que San Pío X era el papa más simpático desde San Pedro hasta nuestros días. “Un verdadero santo”, decía siempre, “la auténtica figura de Nuestro Señor”. Cuando murió San Pío X Padre Pío lloraba como un niño diciendo: “Esta guerra se ha llevado a la víctima más inocente, más pura y más santa: el Papa”, pues corrían rumores que el Santo Padre había ofrecido su vida para salvar a sus hijos del flagelo de la guerra.
REACCIONES FRENTE AL “AGGIORNAMENTO” DE LOS FRANCISCANOS. El Padre Pío ya había expresado su descontento frente a los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II cuando el cardenal Bacci fue a verlo a San Giovanni Rotondo. “¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminadlo pronto!”, le había dicho al cardenal.
Cuando el encargado de la Orden franciscana fue a San Giovanni Rotondo para pedirle oraciones al Padre para los “Nuevos Capítulos” el padre se enojó mucho. Apenas oyó el padre la palabra “nuevos capítulos” se puso a gritar: “¿Qué están combinando en Roma? ¡Ustedes quieren cambiar la regla de San Francisco! En el juicio final San Francisco no nos reconocerá como hijos suyos.” Y frente a la explicación de que los jóvenes no querían saber de nada con la tonsura ni con el hábito, el padre gritó: “¡Echadlos fuera! ¡Ellos se creen que le hacen un favor a San Francisco entrando en su Orden cuando en realidad es San Francisco quien les hace un gran don!”.
¡POR DOS BREBAS! Una señora devota del Padre Pío comió un día un par de brebas de más. Asaltada por los escrúpulos, pues le parecía que había cometido un pecado de gula, prometió que iría a confesarse con el Padre Pío en cuanto pudiera. Al tiempo se dirigió a San Giovanni Rotondo y al final de la confesión le dijo al padre muy preocupada: “Padre, tengo la sensación de que me estoy olvidando de algún pecado, quizá sea algo grave”. El Padre le dijo: “No se preocupe más. No vale la pena. ¡Por dos brebas!”.
EL SALUDO “GRANDE, GRANDE”. Una hija espiritual del Padre Pío se había quedado en San Giovanni Rotondo tres semanas con el único propósito de poder confesarse con él. Al no lograrlo, ya se marchaba para Suiza profundamente triste, cuando se acordó que el Padre Pío daba todos los días la bendición desde la ventana de su celda. Se animó con la idea de que por lo menos recibiría su bendición antes de partir y salió corriendo hacia el convento. Por el camino iba diciendo para sus adentros: “quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. Cuando llegó se encontró con que la gente se había marchado pues el Padre había dado ya su bendición, los había saludado a todos agitando su pañuelo desde su ventana y se había retirado a descansar. Un grupo de mujeres que rezaban el Rosario se lo confirmaron. Era inútil esperar. La señora no se desanimó por eso y se arrodilló con las demás mujeres diciendo para sí: “no importa, yo quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. A los pocos minutos se abrió la ventana de la celda del Padre y éste, luego de dar nuevamente su bendición, se puso a agitar una sábana a modo de saludo en vez de usar su pañuelo. Todos se echaron a reír y una mujer comentó: “¡Miren, el padre se ha vuelto loco!”. La hija espiritual del padre comenzó a llorar emocionada. Sabía que era el saludo “grande, grande” que había pedido para sí.

ANÉCDOTAS DEL PADRE PIO DA PIETRELCINA – I

¡CUIDA POR DÓNDE CAMINAS! Un hombre fue a San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío pero era tal la cantidad de gente que había que tuvo que volverse sin ni siquiera poder verlo. Mientras se alejaba del convento sintió el maravilloso perfume que emanaba de los estigmas del padre y se sintió reconfortado.
Unos meses después, mientras caminaba por una zona montañosa, sintió nuevamente el mismo perfume. Se paró y quedó extasiado por unos momentos inhalando el exquisito olor. Cuando volvió en sí, se dio cuenta que estaba al borde de un precipicio y que si no hubiera sido por el perfume del padre hubiera seguido caminando... Decidió ir inmediatamente a San Giovanni Rotondo a agradecer al Padre Pío. Cuando llegó al convento, el Padre Pío, el cual jamás lo había visto, le gritó sonriendo: “¡Hijo mío! ¡Cuida por dónde caminas!”.
DEBAJO DEL COLCHÓN. Una señora sufría de tan terribles jaquecas que decidió poner una foto del Padre Pío debajo de su almohada con la esperanza de que el dolor desaparecería. Después de varias semanas el dolor de cabeza persistía y entonces su temperamento italiano la hizo exclamar fuera de sí: “Pues mira Padre Pío, como no has querido quitarme la jaqueca te pondré debajo del colchón como castigo”. Dicho y hecho. Enfadada puso la fotografía del padre debajo de su colchón.
A los pocos meses fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre. Apenas se arrodilló frente al confesionario, el padre la miró fijamente y cerró la puertecilla del confesionario con un soberano golpe. La señora quedó petrificada pues no esperaba semejante reacción y no pudo articular palabra. A los pocos minutos se abrió nuevamente la puertecilla del confesionario y el padre le dijo sonriente: “No te gustó ¿verdad? ¡Pues a mí tampoco me gustó que me pusieras debajo del colchón!”.
EL VIGILANTE Y LOS LADRONES. “Unos ladrones merodeaban en mi barrio, en Roma, y esto me impedía ir a visitar al Padre Pío. Al final me decidí después de haber hecho un pacto mental con él: “Padre, yo iré a visitarte si tú me cuidas la casa...”.
Una vez en San Giovanni Rotondo, me confesé con el Padre y al día siguiente, cuando fui a saludarle, me reprendió: “¿Aún estás aquí? ¡Y yo que estoy sudando para sostenerte la puerta!”.
Me puse de viaje inmediatamente, sin haber comprendido qué había querido decirme. Habían forzado la cerradura, pero en casa no faltaba nada.”
UN CALVO. “No había remedios para mi cabello que iba desapareciendo de mi cabeza, y sinceramente me disgustaba quedar calvo. Me dirigí al Padre Pío y le dije: “Padre, ruegue para que no se me caiga el cabello”.
El Padre en ese momento bajaba por la escalera del coro. Yo lo miraba ansioso esperando una contestación. Cuando estuvo cerca de mí cambió el semblante y con una mirada expresiva señaló a alguien que estaba detrás y me dijo: “Encomiéndate a él”. Me di vuelta. Detrás había un sacerdote completamente calvo, con una cabeza tan brillante que parecía un espejo. Todos nos echamos a reír.
UN NIÑO Y LOS CARAMELOS. Un niño, hijo de un guardia civil, deseaba tener un trencito eléctrico desde hacía mucho tiempo. Acercándose la fiesta de Reyes, se dirigió a un retrato del Padre Pío colgado en la pared, y le hizo esta promesa: “Oye, Padre Pío, si haces que me regalen un trencito eléctrico, yo te llevaré un paquete de caramelos”.
El día de los Santos Reyes el niño recibió el trencito tan deseado.
Pasado algún tiempo, el niño fue con su tía a San Giovanni Rotondo. El padre Pío, paternal y sonriente, le preguntó: “Y los caramelos, ¿dónde están?”.
¿ESPERAS QUE ME CASE YO CON ELLA? El Padre Pío estaba celebrando una boda. En el momento culminante del acto el novio, muy emocionado, no atinaba a pronunciar el “sí” del rito.
El Padre esperó un poco, procurando ayudarlo con una sonrisa, pero viendo que era en vano todo intento, exclamó con fuerza: “¡¿En fin, quieres decir este “sí” o esperas que me case yo con ella?!”
¡PADRE, RUEGUE POR MIS HIJITOS! Una señora muy devota del Padre Pío nunca se iba a dormir sin haberle encomendado antes a sus hijos. Todos las noches se arrodillaba frente a la imagen del Padre y le decía: “Padre Pío, ruegue por mis hijitos”. Después de tres años de rezar todos los días la misma jaculatoria pudo ir a San Giovanni Rotondo. Cuando vio al Padre le dijo: “Padre, ruegue por mis hijitos”. “Lo sé, hija mía”, le dijo el Padre, “¡hace tres años que me vienes repitiendo lo mismo todos los días!”.
¡Y TÚ TE BURLAS! Una devota del Padre Pío se arrodillaba todos los días frente a la imagen del padre y le pedía su bendición. Su marido, a pesar de ser también devoto del padre, se moría de la risa y se burlaba de ella pues consideraba que aquello era una exageración. Todas las noches se repetía la misma escena entre los esposos. Una vez fueron los dos a visitar al Padre Pío y el señor le dijo: “Padre, mi esposa le pide su bendición todas las noches”. “Lo sé”, contestó el Padre, “¡y tú te burlas!”.

martes, 17 de marzo de 2009

EL PADRE PÍO Y LA MISA

En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pio»: «Así habló el Padre Pío» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimatur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia. En este presente trabajo sacamos algunos pasajes en los que el Padre Pío hablaba de la Santa Misa.

Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio? Sí, porque con él regenera el mundo.¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios? Una gloria infinita.¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa? Compadecernos y amar.Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa? Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.Padre, ¿qué es su Misa? Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo decía llorando.¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa? Todo el Calvario.Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa. Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una creatura humana. Y esto, a pesar de cada uno de mis faltas y por su sola bondad.Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados? No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.¿El Señor le considera a Vd. como un pecador? No lo sé, pero me temo que así es.Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir? No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más? En la Consagración y en la Comunión.Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»...? Llora conmigo de ternura.Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el Evangelio en la Misa? Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus creaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad. Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento? ¡Hereje!Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco? Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.¿Quién le limpia la sangre durante la Santa Misa? Nadie.Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio? ¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido. Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.¿No le distraen los ruidos? Para nada.Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración? No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración? Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción y creación.Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd. Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimillas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel? Sí, muy a menudo...Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar? Como estaba Jesús en la Cruz.En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario? ¿Y aún me lo preguntas?¿Cómo se halla Vd.? Como Jesús en el Calvario.Padre, ¿los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos? Evidentemente.¿A Vd. también se los clavan? ¡Y de qué manera!¿También acuestan la Cruz para Vd.? Sí, pero no hay que tener miedo.Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz? Sí, indignamente, pero también yo las digo.Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»? Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús? Sí.¿En qué momento? Después de la Consagración.¿Hasta qué momento? Suele ser hasta la Comunión.Vd. ha dicho que le avergüenza decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué? Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en comparación del de Jesús.¿Ante quién siente vergüenza? Ante Dios y mi conciencia.Los Angeles del Señor ¿lo reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.? Pues... no lo siento.Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada. La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizante?¿Qué es la sagrada Comunión? Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.Cuándo viene Jesús, ¿visita solamente el alma? El ser entero.¿Qué hace Jesús en la Comunión? Se deleita en su creatura.Cuándo se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿qué quiere que le pidamos al Señor por Vd.? Que sea otro Jesús, todo Jesús y siempre Jesús.¿Sufre Vd. también en la Comunión? Es el punto culminante.Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos? Sí, pero son sufrimientos de amor.¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante? A su Madre.Y Vd., ¿a quién mira? A mis hermanos de exilio.¿Muere Vd. en la Santa Misa? Místicamente, en la Sagrada Comunión.¿Es por exceso de amor o de dolor? Por ambas cosas, pero más por amor.Si Vd. muere en la Comunión ¿ya no está en el Altar? ¿Por qué?Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.Padre, Vd. a dicho que la víctima muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos de Nuestra Señora? En los de San Francisco.Padre, ¿Jesús desclava los brazos de la Cruz para descansar en Vd.? ¡Soy yo quien descansa en Él!¿Cuánto ama a Jesús? Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo que decir que nada, y me da mucha pena.Padre, ¿por qué llora Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»? ¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?¿Qué unión tendremos entonces con Jesús? La Eucaristía nos da una idea.¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa? ¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?¿Y los ángeles? En multitudes.¿Qué hacen? Adoran y aman.Padre, ¿quién está más cerca de su Altar? Todo el Paraíso.¿Le gustaría decir más de una Misa cada día? Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar... Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).¡En ese caso, no me equivoco cuando digo que estoy viendo a Jesús Crucificado! (No contesta).Padre, ¿se acuerda Vd. de mí durante la Santa Misa? Durante toda la Misa, desde el principio al fin, me acuerdo de ti.
La Misa del Padre Pío en sus últimos años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor. Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio.
Padre, quiero hacerle una pregunta. Dime, hijo.Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa. ¿Por qué me preguntas eso?Para oírla mejor, Padre. Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.Pues eso es lo que quiero saber, Padre. Hijo mío, estamos siempre en la Cruz y la Misa es una continua agonía.

lunes, 9 de febrero de 2009

LOS SANTOS Y SAN JOSÉ

SANTA TERESA DE JESÚS. VIDA, 6. "Y tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra –que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía mandar–, así en el cielo hace cuanto le pide. Esto han visto algunas otras personas, a quien yo decía se encomendasen a él, también por experiencia; y aun hay muchas que le son devotas de nuevo, experimentando esta verdad.
Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu, queriendo se hiciese muy curiosamente y bien, aunque con buen intento. Mas esto tenía malo, si algún bien el Señor me daba gracia que hiciese, que era lleno de imperfecciones y con muchas faltas. Para el mal y curiosidad y vanidad tenía gran maña y diligencia. El Señor me perdone.
Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío."
Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso santo a mí y a otras personas; mas por no hacer más de lo que me mandaron, en muchas cosas seré corta más de lo que quisiera, en otras más larga que era menester; en fin, como quien en todo lo bueno tiene poca discreción. Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial, personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará en el camino. Plega al Señor no haya yo errado en atreverme a hablar en él; porque aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he faltado."
SAN JUAN BOSCO. CHARLAS. "Entre las prácticas de piedad en honor de este gran patriarca, esposo de María, padre nutricio de Jesucristo, Santa Teresa recomienda mucho, como eficaz medio para obtenernos su protección, el dedicarle todo el mes de marzo (...).
Invocándolo también con jaculatorias. Por ejemplo, durante el estudio decid en vuestro corazón: San José, ruega por mí; ayudadme a ocupar bien el tiempo de estudio y de clase. Si os viene alguna tentación: San José, ruega por mí. Al levantaros por la mañana: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Al acostaros: Jesús José y María, asistidme en mi última agonía.
No olvidéis que es el protector de todos los trabajadores y que lo es también de los jóvenes que estudian. Porque el estudio es trabajo."
SAN JUAN CRISÓSTOMO. HOMILÍA SOBRE SAN MATEO, 8. Dios, amador de los hombres, mezcla trabajos y dulzuras, estilo que Él sigue con todos sus santos. Ni los peligros, ni los consuelos nos los da continuos, sino que de unos y otros va Él entretejiendo la vida de los justos. Y de ese mismo modo obró con San José."
"San José no se escandalizó ni dijo: eso parece un enigma. Tú mismo hacías saber no ha mucho que Él salvaría a su pueblo, y ahora no es capaz ni de salvarse a sí mismo, sino que tenemos necesidad de huir, de emprender un viaje y sufrir un largo desplazamiento: Eso es contrario a tu promesa. José no discurre de ese modo, porque es un varón fiel. Tampoco pregunta por el tiempo de la vuelta, a pesar de que el Ángel lo había dejado indeterminado, puesto que le había dicho: «Está allí hasta que yo te diga» (Mt. 2, 13)".
BEATO CLAUDIO DE LA COLOMBÈRE. PANEGÍRICO DE SAN JOSÉ, EXORDIO.
"Aunque no hubiera otra razón para alabar a San José, habría que hacerlo, me parece, por el solo deseo de agradar a María. No se puede dudar que ella tiene gran parte en los honores que se rinden a San José y que con ello se encuentra honrada. Además de reconocerle por su verdadero esposo, y de haber tenido para él todos los sentimientos que una mujer honesta tiene para aquel con quien Dios la ha ligado tan estrechamente, el uso que él hizo de su autoridad sobre ella, el respeto que tuvo con su pureza virginal, le inspiró una gratuidad igual al amor que ella tenía por esta virtud y, consiguientemente, un gran celo por la gloria de San José [...]".

martes, 3 de febrero de 2009

EL ESCAPULARIO VERDE Y SUS BENEFICIOS - Padre Erik Briols

Sacramentales. Revelado por la Virgen María a Sor Justina Bisqueyburu, el escapulario verde forma parte de esas cosas materiales que por la oración de la Iglesia, generalmente una bendición, se convierten en elementos de transmisión de las gracias actuales. En el presente caso es la Virgen María quien ha precisado los fines concretos para el uso del escapulario, dejando al cuidado de la Iglesia su aprobación, así como bendecirlo y aprobarlo.
Origen del escapulario. “ La Madre de Dios se apareció (a Sor Justina) durante la oración, teniendo en la mano derecha su Corazón coronado de llamas, y en la otra una especie de escapulario o más bien la mitad de un escapulario. Era un solo trozo de tela verde, de forma rectangular y de tamaño mediano, que colgaba de un cordón también verde, cerrado por la parte de arriba y que parecía hecho para colgar del cuello. El conjunto se parecía más a un medallón de tela que a un escapulario propiamente dicho. Sobre una de las dos caras de esta tela se podía ver la imagen de la Santísima Virgen, tal como se la había contemplado en las apariciones precedentes; sobre la otra cara había un corazón del que se desprendían unos rayos más brillantes que el sol y transparentes como el cristal. Así son las expresiones empleadas por la Hermana para describir su visión. Este Corazón, traspasado por una lanza, estaba rodeado de una inscripción en forma oval y coronada por una cruz dorada, leyéndose lo siguiente: “Corazón Inmaculado de María, rogad por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte”. Al mismo tiempo una voz interior hablaba a la Hermana revelándole el sentido de esta visión. Comprendió que este escapulario, por mediación de las Hijas de la Caridad, debía cooperar a la salvación de las almas, especialmente de los infieles, otorgándoles una buena muerte: era necesario que estuviese acabado cuanto antes y propagarlo con confianza”. (“El escapulario verde y sus prodigios”, R. P. Marie Edouard Mott)
Las dificultades. Sin embargo el escapulario no se hizo y propagó con facilidad; los primeros escapularios fueron escasos y se distribuyeron con desconfianza, siendo los resultados poco satisfactorios. Sor Justina se lamenta a una de sus Superioras de la parsimonia de su confesor en este asunto. “Es preciso que el abate Madel se interese por el escapulario, propagándolo con confianza. Hasta ahora estoy segura que no lo ha dado mucha importancia. Se ha equivocado. Es cierto que no me merezco que crean en lo que digo, soy una pobre religiosa en todos los aspectos. Pero le pido por favor que no haga esto por mí, sino que le pido en nombre de María que lo haga por estas pobres almas que llegan a la muerte sin conocer la verdadera religión; sí, distri-buyéndolo con confianza habrá un gran número de conversiones”.
Mas las visiones de Sor Justina relativas al escapulario no respondían a ciertas cuestiones importantes. ¿Cuáles eran las condiciones exactas y requeridas para que fuese útil el uso del escapulario? ¿Se necesitaba una bendición especial? ¿Se debía reservar para los infieles en las misiones? Sólo la celestial Señora podía responder a estas preguntas. Y así Sor Justina se decidió a preguntar a la Madre del Cielo. La respuesta fue ésta: “No siendo este escapulario, como los otros, la vestidura de una cofradía, sino simplemente una doble imagen piadosa colocada sobre un solo trozo de tela que cuelga de un cordón, como si fuera una medalla, no será por tanto necesaria una fórmula especial para bendecirlo ni tampoco será necesario imponerlo. Bastará con que lo bendiga un sacerdote y que se lo ponga el infiel o el pecador para someterlos así a un influjo benéfico. Puede colocarse, aun sin saberlo ellos, en su ropa, en su cama o en su habitación. En cuanto a las oraciones que hay que rezar, sólo hay que decir una cada día, la que foma la inscripción oval que rodea al Corazón que está sobre el escapulario: “Corazón Inmaculado de María, rogad por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”. Si la persona beneficiosa de la aplicación de este escapulario no dijese la oración, sería la persona que se lo hubiese aplicado quien deberá decirla en su lugar. (...) Las mayores gracias están asociadas a su uso, pero estas gracias son más o menos grandes según el grado de confianza que se le otorga. Es lo que significaban en la última aparición los rayos más o menos grandes que salían de las manos de la Santísima Virgen”.
Es la misma Virgen María quien habla de “influjo benéfico”, ahora bien, ¿qué mayor influjo benéfico podemos desear a un alma que el retorno a Dios y la gracia de una buena muerte, fin primordial que ya quedó indicado en el momento de la primera aparición a Sor Justina sobre el escapulario?
Utilicemos, pues, los auxilios que Nuestra Señora y nuestra Madre Iglesia nos brindan generosamente para implorar el auxilio y las bendiciones del cielo.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

LAS TEMPESTADES

Domingo IV después de Epifanía - Noviembre 2008

Queridos fieles, el Evangelio nos cuenta que Nuestro Señor subió a una pequeña barca acompañado de sus discípulos.
Estaban navegando por el mar de Tiberíades, el cual estaba tranquilo, tanto así que Jesús se quedó dormido; pero de repente se levantó una terrible tempestad: El cielo se oscureció, el mar se comenzó a agitar, las olas se hicieron cada vez más grandes y comenzaron a inundar la pequeña barca.
Y Jesús seguía dormido profundamente, estaba cansado después de un día de intenso apostolado.
Los apóstoles estaban aterrorizados, hacían hasta lo imposible para evitar que la barca se hundiera y remaban para llegar a la orilla; La pequeña barca ya estaba casi cubierta por las olas y ante el peligro inminente de hundirse, despertaron a Nuestro Señor y le dijeron: “¡Señor, sálvanos que perecemos!” Jesús les contestó: “¡Hombres de poca fe! ¿por qué teméis?
Y Jesús, sin turbarse, se levantó e imperó a los vientos y al mar, y al punto sobrevino una gran bonanza: el mar quedó tranquilo y el viento dejó de soplar.

La vida es como un mar que debemos atravesar. Nuestra alma es la pequeña y frágil barca; La orilla, la ribera a donde debemos llegar es el cielo.
Pero, más frecuentemente que en el mar, a nuestro alrededor, se levantan las tempestades de las tribulaciones, de las tentaciones, de las pruebas y humillaciones; Y a veces son tan fuertes estas tempestades, que en momentos parecen hundirnos y llevarnos a la angustia y a la desesperación; Y nosotros, hombres de poca fe, perdemos la confianza en Dios, y quizás llegamos a enojarnos y a quejarnos contra Él.
Y Quizás llegamos a pensar: “¡qué difícil es salvarse! ¡es prácticamente imposible ser santos!”
Pero, queridos fieles, dios nos ha dado un gran medio para poder soportar toda clase de tribulaciones, tentaciones, pruebas y humillaciones, y de poder aspirar a la santidad: es el ejemplo de los santos (ayer hemos festejado la Fiesta de todos los santos).

La vida de los santos ha estado llena de miserias: ellos eran de carne y huesos como nosotros; sufrieron nuestras mismas tentaciones
( y aún peores); muchos de ellos fueron grandes pecadores, llegaron a tener grandes vicios; pero supieron acudir a Nuestro Señor, supieron despertarlo con sus oraciones, con sus lágrimas, con sus gemidos;
y por eso, Jesús se levantó e imperó a los vientos y a las tempestades que los amenazaban, Y así, poco a poco, se vieron libres de sus miserias y llegaron a ser grandes santos.

Queridos fieles, repasemos un poco algunos aspectos de los santos, consideremos que muchos de ellos tuvieron grandes miserias, pero supieron superarlas.
Veamos lo que eran antes, y lo que llegaron a ser después.

TEMPESTAD DE LA IMPUREZA:
MARÍA MAGDALENA.- Fue una gran pecadora pública, su vida respiraba solo impurezas, se dice que ella tenía dentro siete demonios.
Pero supo acudir a Nuestro Señor, echarse a sus pies, llorar sus pecados y pedir misericordia.
Se alejó del mundo y se fue a vivir a una cueva por 30 años, y allí hizo penitencia durante todo el resto de su vida.
Llegará a ser una gran santa, gran amante de Nuestro Señor, y patrona de todos los penitentes.
Y ahora existen múltiples templos en todo el mundo dedicados a esta gran santa.

AGUSTÍN.- Fue también un gran pecador, su juventud estaba llena de impurezas; hasta llegó a tener un hijo con alguna mujer; y le costó mucho trabajo dejar este vicio, pasaron muchos años antes de poder vencerlo:
"Deseaba y ansiaba la liberación; sin embargo, seguía atado al suelo, no por cadenas exteriores, sino por los hierros de mi propia voluntad. El Enemigo se había posesionado de mi voluntad …
de la perversión de la voluntad había nacido la lujuria y de la lujuria la costumbre y, la costumbre a la que yo no había resistido, había creado en mí una especie de necesidad cuyos eslabones, unidos unos a otros, me mantenían en cruel esclavitud”.
Y le decía a Dios que pronto iba a salir de su vicio: “Lo haré pronto, poco a poco; dame más tiempo. Pero ese 'pronto' no llegaba nunca, las dilaciones se prolongaban, y el 'poco tiempo' se convertía en mucho tiempo".
En sus precedentes intentos de conversión, Agustín había pedido a Dios la gracia de la continencia, pero con cierto temor de que se la concediese demasiado pronto: "En la aurora de mi juventud, te había yo pedido la castidad, pero sólo a medias, porque soy un miserable. Te decía yo, pues: 'Concédeme la gracia de la castidad, pero todavía no'; porque tenía yo miedo de que me escuchases demasiado pronto y me librases de esa enfermedad y lo que yo quería era que mi lujuria se viese satisfecha y no extinguida"
Pero Agustín no dejó de acudir a Nuestro Señor y con la gracia de Dios, logrará vencer sus miserias, y llegó a ser un gran santo y además Doctor de la Iglesia, uno de los 4 más importantes de la iglesia latina.

TEMPESTAD DE LA IRA
FRANCISCO era una persona muy iracunda, por cualquier cosa se irritaba sobremanera, en pocas palabras eran un “león iracundo”;
pero acudió a Dios y luchará contra su carácter, y después llegará a ser el gran SAN FRANCISCO DE SALES, modelo de mansedumbre, y también doctor de la Iglesia.
El santo Cura de Ars también tenía un carácter fuerte, pero lo supo dominar; Una vez, tuvo en su parroquia un compañero sacerdote que era insoportable; una vez el santo se enfermó por aguantarse una fuerte ira por algo que hizo su mal compañero.

TEMPESTAD DE LA AMBICIÓN
Los apóstoles llegaron a discutir entre sí, querían saber quién sería el mejor; Nuestro Señor los regañará: “Quien quiera ser el mejor, que se convierta en el servidor de los demás”; Y así lo hicieron, pues todos adquirirán una gran humildad y consumirán toda su vida por cuidar a sus ovejas.
También Cristóbal tenía mucha ambición. Como era muy fuerte, él quería servir al que fuera más poderoso. Así comenzó por servir al gobernador de su ciudad; pero después se dio cuenta de que el rey era más poderoso y sirvió al rey; cuando se dio cuenta que el rey temía al diablo, se propuso servir a Satanás; y cuando, finalmente, se dio cuenta de que el diablo temía a la Cruz, servirá a Nuestro Señor para siempre; y así, lo que comenzó con una ambición desordenada, terminó en ayudarle para llegar a ser un gran santo, y llegó a ser el gran San Cristóbal, patrono de los transportistas y viajeros.

TEMPESTAD DE LA INCREDULIDAD
Santo Tomás era duro de cabeza, no quería creer en la Resurrección de Nuestro Señor; Pero después adquirirá una gran fe y confianza en Él, que hará grandes milagros y dará su vida por Nuestro Señor; lo atravesaron con una lanza mientras estaba de rodillas rezando.

TEMPESTAD DEL MIEDO
San Pedro tenía miedo de confesar a Nuestro Señor delante de una simple criada; pero después lo confesará delante de 4,000 y hasta 5,000 judíos, y les recriminará en su cara el pecado de deicidio.
Hubo también muchos hombres y mujeres que, por miedo a la muerte, renegaron de Nuestro Señor y ofrecieron incienso a los ídolos, pero después se arrepintieron y llegaron a ser mártires.

TEMPESTAD DE LA VANAGLORIA
El sacerdote Juan iba de camino a un pueblo a predicar un sermón. Tuvo tales pensamientos de vanagloria en querer agradar a la gente, que Dios hizo que se cayera del caballo;
Después adquirirá una gran humildad y será un gran santo, el gran SAN JUAN BOSCO; y tanta será su santidad, que su cabeza despedía tal cantidad de luz, que se podía leer un libro en la oscuridad, acercándose a su cabeza.

TEMPESTAD DE LAS MUCHAS PREOCUPACIONES
Muchas mujeres se afanan mucho por muchas cosas: la comida, la limpieza, la ropa, planchar, lavar; MARTA era igual.
Pero supo acudir a Nuestro Señor y aprendió a trabajar sin perder lo más importante: el agradar y contemplar a Nuestro Señor, y llegará a ser una gran santa, SANTA MARTA, muy venerada por muchos.

TEMPESTAD DE LOS DEFECTOS
VERÓNICA era terriblemente inquieta; quería siempre imponer sus caprichos a los demás; era iracunda; una vez arremetió a patadas las costuras de otras muchachas, porque no quisieron acompañarla a rezar el Santo Rosario. Una vez, Nuestro Señor le dijo: “Verónica, tu corazón no es de carne, sino de acero”; Pero Verónica acudirá a Dios, luchará contra su carácter y llegará a ser una gran santa, amante de Nuestro Señor, de sus santas Llagas; será estigmatizada, religiosa, ella llegará a ser la gran SANTA VERÓNICA DE JULIANIS.

José, joven sacerdote, también tenía defectos. Una vez, le dolía mucho una muela; se quejó de ello, y porque su hermana le dijo que era un quejumbroso, él no se aguantó y le dio una bofetada; mucho después fue invitado a almorzar a la casa de San Juan Bosco; como allí le dieron una comida muy frugal, al salir se fue a un restaurante porque dijo que le sirvieron muy poquito. Mucho luchará contra sus defectos y llegará a ser un gran santo: SAN PIO X.

ANDRÉS era un niño terrible, rebelde y molestón, y tanto que sólo lo soportaba su propia mamá; cuando creció, fue un estudiante problemático y promotor de desórdenes; lo encerraban para castigarlo y se escapaba; más tarde será muy mundano, le gustarán los bailes y las fiestas. Pero también supo acudir a Nuestro Señor, y con la gracia de Dios y fuerza de voluntad, llegó a enmendarse; llegará a ser sacerdote, párroco, fundará una comunidad de religiosas, y llegará a ser un gran santo: SAN ANDRÉS DE FOURNET.

TEMPESTAD DE LOS ESCRÚPULOS
Un joven religioso era muy escrupuloso; veía pecado donde no había, y esto hizo que comenzara a dejar la santa Comunión; acudirá a Nuestro Señor y luchará con fuerza, y llegará a ser un gran Santo: SAN BUENAVENTURA, escritor eclesiástico, Cardenal y Doctor seráfico de la Santa Iglesia.

TEMPESTAD DEL RENCOR
Juana no podía perdonar al asesino de su marido; tanto luchó y se encomendó a Dios, que al final lo logró y lo perdonó; hasta le pidió al asesino que fuera el padrino de uno de sus hijos. Cuando esto lo supo San Francisco de Sales, su director espiritual, se estremeció de emoción. Llegará a ser una gran santa: SANTA JUANA FREMIOT DE CHANTAL

TEMPESTAD DEL ODIO
Juan tenía gran odio contra el asesino de su hermano. Una vez, un Viernes santo, cuando iba armado y a caballo con otros amigos, se encontraron al asesino sólo y desarmado. Juan estaba ya dispuesto a matarlo cuando el asesino se puso de rodillas, y le suplicó, con los brazos en cruz, que lo perdonara por amor a Nuestro Señor, que murió un día de Viernes santo; Juan bajó del caballo y lo perdonó. Poco después, entrará a una iglesia a rezar, y allí oirá que Nuestro Señor le dice: “Gracias, Juan”.
Llegará a ser un gran santo, el gran SAN JUAN GUALBERTO, fundador de monasterios benedictinos.

TEMPESTAD DEL AMOR A LOS VICIOS DEL JUEGO DE AZAR
Camilo era un vicioso; le gustaban los juegos de azar, todo lo apostaba, incluso sus vestidos; En 1574 apostó en las calles de Nápoles sus ahorros, sus armas, todo lo que poseía y perdió hasta la camisa que llevaba puesta.
Pero acudió a Nuestro Señor y llegó a ser el gran San Camilo de Lelis, Patrono de los hospitales y enfermeros.

TEMPESTAD DE LA MUNDANIDAD
Jerónimo era un mundano; le gustaba jugar, divertirse; Un día, cansado de esta vida mundana, acudirá a Nuestro Señor, y llegará a ser el gran San Jerónimo Emiliano, el gran Patrono de los niños huérfanos.


CONCLUSION
Queridos fieles, ¡qué consolador conocer estas cosas!
Nosotros, quizás también somos orgullosos, perezosos, vanidosos, rencorosos, mal geniados y estamos llenos de defectos; ¡Pero no desesperemos! ¡Tenemos remedio!

Si los santos pudieron salir adelante, ¿por qué nosotros no? Este fue el pensamiento que movió a San Agustín a convertirse: “si ellos pudieron, ¿por qué yo no?”

Acudamos a Nuestro Señor, despertémoslo con nuestras oraciones, con nuestras lágrimas, con nuestros gemidos; y Él, seguro que se levantará, imperará a los vientos de nuestras miserias y pecados, y pronto habrá gran bonanza; de esta manera podremos llegar a puerto seguro, Y no sólo al puerto de la salvación, sino al puerto de la santidad.

lunes, 28 de julio de 2008

EL PROGRAMA DEL PONTIFICADO DE SAN PÍO X

La primera encíclica del Papa San Pío X es del 4 de octubre de 1903; en ella trataba las líneas fundamentales, sencillas y claras, de su Pontificado: Instaurare omnia in Christo (Restaurar todas las cosas en Cristo); el mismo programa de la “plenitud de los tiempos”, el mismo e idéntico programa que él, hombre de acción rígidamente rectilínea, había vivido y llevado a cabo en todos los días como una gran batalla de fe y meta suprema de una continua afirmación, de la cual no se había apartado ni un sólo momento. (...)

Siendo Patriarca de Venecia, el 9 de agosto de 1879, en el XIX Congreso Eucarístico, había proclamado fuerte con solemne elocuencia los soberanos derechos de Cristo: “Jesucristo es Rey y Rey supremo, y como Rey debe ser honrado. Su pensamiento debe estar en nuestras inteligencias; su moral en nuestras costumbres; su caridad en las instituciones; su justicia en las leyes; su acción en la historia; su culto en la religión; su vida en nuestra vida”.
Él sabía bien que la salvación de los individuos y de las naciones estaba únicamente en la práctica positiva de la doctrina del Maestro Divino: la doctrina que supera a todos los tiempos y domina a todas las edades.
Por consiguiente, la ciencia y la civilización, la cultura y la política, el derecho y la moral, el estado y la familia, la sociología y la escuela, la vida pública y la vida privada, en todas sus múltiples manifestaciones, debían inspirarse no en las hábiles artes de una diplomacia inteligente o en éxitos de la pequeñez humana, sino en las enseñanzas inmutables del Evangelio, en la vida cristiana entendida en toda su amplitud y en toda su profundidad: la vida que un día devolverá a Cristo su Reino, el reino que está en el Sermón de la Montaña, y no en las transacciones de aquí abajo.

Por eso, al anunciar Pío X su Pontificado al mundo, escribía así: “Ante la sociedad humana sólo queremos ser Ministro de Dios, de cuya autoridad somos depositarios. Los intereses de Dios serán nuestros intereses, por los cuales estamos decididos a desgastar todas nuestras fuerzas y hasta la vida misma, y si alguno nos pidiese una consigna, como expresión de nuestra decidida voluntad, siempre daremos ésta y no otra: "Restaurar todas las cosas en Cristo", para que Cristo sea todo en todos. Arrancados el enorme crimen de la apostasía de todo orden sobrenatural, tan propia de nuestro tiempo, en la que la sociedad ha caído, hay que devolver el honor debido a las leyes santísimas y a los consejos del Evangelio; afirmar la verdad y la doctrina de la Iglesia acerca de la santidad del matrimonio cristiano, la educación de la juventud, la posesión y el uso de los bienes, los deberes hacia quienes llevan las riendas del gobierno, hay que restituir el equilibrio entre las diversas clases sociales según las normas de las prescripciones y de las costumbres cristianas.”
Y para que no pudiese surgir duda alguna acerca de la orientación de su Pontificado, y para que nadie pudiese hacerse ilusiones o pretender equívocos acerca de sus intenciones, no titubeó en aclarar y concretar todavía con mayor precisión su programa en el primer Consistorio del 9 de noviembre siguiente: “Misión sublime la nuestra, porque se trata de algo que, sobrepasando estos efímeros bienes de la tierra, se extiende hasta la eternidad, abraza a todas las naciones y estimula nuestra solicitud hacia todos los hombres, por los cuales Cristo murió. “Restaurar todas las cosas en Cristo”. Este es nuestro programa, como ya lo hemos anunciado. Y puesto que Cristo es la verdad, nuestro primer deber será, ante todo, enseñar, proclamar y defender la verdad y la ley de Cristo. De ahí el deber de ilustrar y de confirmar los principios de la verdad natural y sobrenatural, que con tanta frecuencia en nuestros días, vemos, por desgracia, oscurecidos y olvidados; consolidar los principios de dependencia, de autoridad, de justicia y de equidad, que hoy día son conculcados; orientar a todos según las normas de la moralidad, también en los asuntos sociales y políticos; a todos, decimos, tanto a los que obedecen como a los que mandan.

(...) “La victoria será siempre de Dios –había dicho poco antes de su primera Encíclica–, y la derrota del hombre que se atreve a oponerse a Dios nunca estará más cercana que cuando en medio del entusiasmo del triunfo se levante con mayor audacia.”
A los 68 años de edad, Pío X era todavía un hombre robusto, lleno de vigor y de vida, con una entera seguridad en la existencia de Dios y en la eterna juventud comunicada por Cristo a su Iglesia. No había frecuentado la escuela de diplomacia, pero tenía la diplomacia de la experiencia, poseía la ciencia de los hechos, porque había escrutado al mundo desde la cima de muchos observatorios y había dominado el horizonte que había ido ensanchándose cada vez más.
Conocía a fondo la diplomacia del Evangelio que trastoca todas las viejas y las nuevas diplomacias del mundo: tenía fuerza de carácter, un corazón firme y una voluntad que vibraba al rito profundo de una segura precisión de juicio, con la fuerza de una fe viva, ardiente, inconfundible.
Así, mirando serenamente hacia la frontera de la eternidad, dirigiendo el alto pensamiento y la acción fecunda a la restauración de todas las cosas en Cristo, con indomable firmeza empezó su pontificado, que si bien en la complejidad de las vicisitudes durante sus 11 años sintió más de una vez la amarga soledad de Getsemaní, también tuvo la luz refulgente que brotó de las tinieblas del Calvario cuando Cristo, muriendo destruía la muerte, y resucitando renovaba la vida.

Girolamo Dal-Gal
“Pío X, el Papa Santo”

martes, 15 de julio de 2008

EL SANTO ROSARIO: ARMA CONTRA EL FALSO ECUMENISMO

La relación que guarda el Santo Rosario con el ecumenismo es muy esclarecedora, para el que quiera comprobar que no hay otro camino que no pase por la CONVERSIÓN y el RETORNO de los herejes y cismáticos a la Santa Iglesia Católica.

1. ¿Quién fue Santo Domingo de Guzmán?
Santo Domingo de Guzmán, insigne santo español del siglo XII, fundador de la orden de los Predicadores –también conocidos como dominicos–, fue un apóstol de primera categoría, que junto a San Francisco de Asís, dieron pie a la creación de las llamadas órdenes mendicantes.
Su carisma fundamental era la predicación para la conversión de los alejados de Dios, y sobre todo la de los herejes, que en aquella época campaban por doquier.
Su labor se centró sobre todo en el sur de Francia, donde estaban ubicados los herejes cátaros o albigenses, que mantenían doctrinas y prácticas gnósticas, con gran desmedro de la fe católica, pues el error se propagaba con rapidez y pertinacia.
Santo Domingo y sus compañeros sostuvieron una serie de encuentros con los adalides de la herejía, en varias ciudades donde estaba muy arraigada la herejía, en las que se dieron una serie de torneos de controversia con la Sagrada Escritura y con argumentos teológicos; en todos ellos los herejes se vieron derrotados o no lograron imponerse al santo castellano.
A pesar de vencer a los herejes en estos torneos de oratoria, el endurecimiento de los seguidores de la herejía, no producía muchas conversiones.

2. ¿Cuál es el fin de la revelación del Santo Rosario a Santo Domingo?
Santo Domingo, en un momento de debilidad y desesperación por los pocos frutos obtenidos, recibió una revelación de la Santísima Virgen, que le confortó, y en la que le mostró la oración del santo Rosario, para que sus desvelos apostólicos y predicaciones dieran por fin el éxito deseado: la CONVERSIÓN de los herejes.Y en efecto, a partir de ese momento las conversiones se incrementaron maravillosamente.
Así pues, La Santísima Virgen dio a Santo Domingo el Rosario, para que lograra la CONVERSIÓN de los herejes, y no para rezar con ellos en comandita.
¿Acaso la condescendencia con los herejes atrae más conversiones? Los frutos obtenidos dicen que no.

3. ¿Cuál es la omisión del falso ecumenismo?
Este es el drama del ecumenismo: que no se busca la CONVERSIÓN y el RETORNO de los herejes y los cismáticos, sino que cada uno permanezca como está: el hereje en su error –por muy de buena fe que persista en él–; y el católico sin obedecer el mandato de Cristo:“Id pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.” (Mt. 28, 19-20)
Ni la orden de San Pablo al obispo Tito, que en sentido propio nos podemos aplicar todos los católicos, cada uno según su capacidad, pues todos somos soldados de Cristo: “Porque es necesario que un obispo sea capaz de instruir en la sana doctrina y refutar a los que contradijeren.” (Tit. 1,7.9)
Reflexionemos: “haced discípulos”, ¿no es “CONVERTID”?; “refutar a los que contradijeren”, ¿no es hacer lo que hacía Santo Domingo con los herejes?

4. ¿Qué pensar del “diálogo” interreligioso?
La Sagrada Escritura, los Santos Padres, los propios santos con su vida y obras –como santo Domingo–, claman con toda fuerza que el camino a seguir en el ecumenismo y el diálogo interreligioso es el RETORNO, y la CONVERSIÓN, como único fin. Todo fin que no sean estos conceptos, es desvirtuar el verdadero ecumenismo.
Como en el falso ecumenismo no se busca la conversión, se dejan de practicar algunas de las obras de misericordia, como son “corregir al que yerra” y “enseñar al que no sabe”, como hacía Santo Domingo.
Pero claro, ahora está muy extendido eso de que “hay que dejar a cada uno en su religión, pues si está de buena fe se salvará” y “el ecumenismo con los hermanos separados hay que practicarlo dejando a cada uno en su creencia y convergiendo todos (católicos y herejes) hacia un centro común a todos.”
¿Y el mandato de Cristo, qué?, ¿lo mandamos a paseo?
Como ahora no se busca convertir, se pisotean las obras de misericordia, por decir lo menos grave.

5. ¿Cuál es el ejemplo de los santos?
¿Por qué los promotores del falso ecumenismo no siguen el ejemplo de los santos como santo Domingo de Guzmán o S. Luis Mª. Grignión de Monfort?
Éste último, en su famoso libro El secreto admirable del Santísimo Rosario, escribe: “Aún cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados.”
Por ello vemos con dolor la Carta Apostolica de S.S. Juan Pablo II sobre el Santo Rosario -"Rosarium Virginis Mariae", pues en ella habla de un rosario "ecumenico", en el cual no existen mas herejes e infieles a los que hay que convertir, sino al contrario, el Papa busca que el Rosario sea un signo de "unidad" entre las falsas religiones y sus falsas espiritualidades, igualando el Santo Rosario, con el rosario budista y musulman, de ahi que los misterios luminosos exalten unicamente al Cristo común (de católicos y protestantes), y no al Cristo Rey, fundador de la Santa Iglesia Católica.

6. ¿Cuál es el lugar de la Virgen en el Santo Rosario?
Ademas el Rosario pasa a ser de una devocion mariana a una devoción cristocentrica, y los misterios en los que se medita la participación de Nuestra Señora en la redención, pasan a ser unicamente un "resumen del evangelio", de ahi el no aceptar estos misterios de la Luz, pues de fondo contienen un espiritu ecumenico y protestante, y en segundo pretender atenuar la devoción y el honor de Nuestra Señora en favor de un aberrante ecumenismo, en el cual el papa no habla de herejes, de infieles, de los males que afligen a la Iglesia, de la grave crisis de fe, sino que busca introducir un CRISTOCENTRISMO sustituto de la devoción Mariana tradicional en la mas excelsa arma dada por Dios nuestro Señor para implorar la intercesión de su Bendita Madre.
Por ello todos los santos sí supieron hacer del Santo Rosario un arma formidable para la conversión, que no lo olvidemos, para eso se lo dio la Santísima Virgen al santo castellano.

7. ¿Cuál es el verdadero ecumenismo?
En conclusión: la oración en el ecumenismo debe ser para la CONVERSIÓN y el RETORNO como fin último; si no, es un falso ecumenismo de la peor especie que olvida el mandato de Cristo; y del que desobedece a Cristo ya sabemos su situación:
“Todo el que no está conmigo, está contra Mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.” (Mt. 12,30)
Terribles palabras que deben meditar los promotores del falso ecumenismo.