jueves, 16 de octubre de 2008

LAS MALAS CONVERSACIONES

Domingo XXII después de Pentecostés - Octubre del 2008

Queridos fieles, continuemos estudiando los pecados de la lengua, ahora veamos otro pecado muy común: LAS MALAS CONVERSACIONES.
¡CUÁNTAS MALAS CONVERSACIONES SE VOMITAN CADA DÍA! Palabras deshonestas, charlas inmundas; chistes groseros, chistes picantes, Palabras y chistes de doble sentido, comentarios morbosos; ¡Y cuán extendido está este pecado por el mundo!, pues estas malas conversaciones y palabras obscenas se profieren por toda clase de personas:
Tanto por los jóvenes de baja condición, como por los de de traje y corbata; Tanto por mujeres de mala vida, como por las señoritas de buenas familias; también, y es una lástima decirlo, estas malas conversaciones se oyen tanto de las bocas de adultos y viejos, como también de las bocas de los niños.

¡Qué contento estará el diablo cuando oye proferir semejantes palabras obscenas!
Le parecerá haber destruido la obra de Dios, Pues el hombre y la mujer, que fueron creado a imagen y semejanza de Dios, Con estos pecados, se convierten en imagen y semejanza de las más inmundas bestias, ¡y aún peor que ellas!

Y aunque estas obscenidades que se dicen sean sólo de palabra, y no se lleven a cabo en la obra,
Tanto sólo por haberlas dicho, ya se ha ensuciado y empantanado el corazón, de la misma forma como si se hubiesen cometido, y así, se hacen reos del pecado terrible de fornicación, ó de adulterio, ya sea natural ó antinatural, dependiendo de lo que se haya hablado.

Queridos fieles, No olvidemos la sentencia fulminante de nuestro Dios: “Ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas…heredarán el reino de los cielos”. (I. Cor. 6,9-10)

Queridos fieles, para tener asco de estos pecados de las malas conversaciones, chistes obscenos y palabras inmundas, veamos algunas consideraciones que nos recordarán el grave daño que se hace con este pecado en las almas del prójimo y también en la misma alma del que las profiere.
1) Las palabras obscenas hacen gran daño al prójimo
2) Las palabras obscenas hacen gran daño a la misma alma del que las profiere

1) Las palabras obscenas hacen gran daño al prójimo
San Agustín, a los que hablan deshonestamente los llama “mediadores de Satanás”, porque donde no puede llegar Satanás con las sugestiones, llegan los impuros con las palabras obscenas que pronuncian.
El apóstol Santiago habla de estas malditas lenguas, y dice que la lengua del impuro es fuego inflamado por el infierno, con el cual quema el obsceno a los demás.
Dios, en el libro del Eclesiástico, habla de un tercer tipo lengua, el cual es aplicable a la lengua de los impuros (Eccl.28,16).
La primera lengua, es la lengua espiritual, la que habla de Dios;
La segunda lengua es la lengua mundana, la que habla de los negocios y riquezas del mundo.
Y la tercera lengua es la lengua del infierno, que es la que habla sobre obscenidades carnales, y ésta es la que pervierte a muchos y hace que se pierdan en el infierno.

El rey David dice que la vida del hombre sobre la tierra está llena de tinieblas y de oscuridad.
Esto quiere decir que el hombre, mientras vive, camina entre tinieblas por un camino resbaladizo, por lo cual está en peligro de caer a cada paso, si no tiene toda la cautela y no mira muy bien por donde camina, con el fin de evitar las caídas, que son las ocasiones de pecar.
Si en este camino tan resbaladizo, hubiese además alguien que se encargase de empujar a los otros para hacerlos caer, sería un milagro que no se cayese en el precipicio.
Pues esto es precisamente lo que hacen aquellos instrumentos del demonio que hablan obscenidades: inducen a los otros al pecado mientras están en este mundo, habitando en las tinieblas, y cercados por una carne tan propensa a este vicio.

Hablando Dios acerca de estos hombres y mujeres con lenguas obscenas dijo: “Sus bocas son sepulcros abiertos” (Salm.5,11)
Y San Juan Crisóstomo añade que: Las bocas de éstos que no saben hablar sino obscenidades, son sepulcros abiertos que exhalan putrefacción, y contaminan todo a su alrededor; de la misma forma que el olor que sale de la podredumbre de los cuerpos amontonados en una fosa, infesta y trastorna a todos aquellos que perciben la hediondez.
Para recalcar todavía más el grave daño que ocasiona la lengua impura, Dios dijo: “el golpe del azote deja una llaga (en el cuerpo); pero el golpe de la lengua desmenuza los huesos”. (Eccl.28,21).
Esto quiere decir que las heridas que causan las lenguas deshonestas penetran hasta los huesos de aquellos que las oyen, por el escándalo que les causan, especialmente cuando se profieren en presencia de personas jóvenes e inocentes.
Cuenta San Bernardino de Sena, que una doncella muy pura, y que vivía santamente, una vez oyó de un joven una palabra obscena,
y fue tal el escándalo que le produjo, que ella quedó terriblemente conturbada; le comenzaron a llegar gran cantidad de malos pensamientos y deseos, de tal manera que llegó a consentirlos,
y después se entregó tanto a la impureza, que dice el santo, que aunque el demonio hubiese tomado carne humana, no hubiera podido cometer tantos pecados impuros como ella cometió.
Queridos fieles, ¿cuál habrá sido el fin de esa doncella, antes pura, que se volvió un demonio?
¿Y cuál habrá sido el fin de ese joven que pronunció esa palabra obscena y la escandalizó?
Seguramente que el fin de ese joven, si no se arrepintió, fue terriblemente peor, pues no olviden lo que Nuestro Señor advirtió: “quien escandalizare a uno sólo de estos pequeños que creen en Mi, Más le valdría que le colgasen al cuello una rueda de molino y lo echasen a lo profundo del mar… ¡Ay del hombre por quien el escándalo viene!” (Mt.16,6-7)

¡Cuántas almas se han condenado por culpa de la lengua impura!
Dios dijo tristemente: “Muchos han perecido al filo de la espada; pero no tantos como por culpa de su lengua! (Eccl.28,22)

En fin, esos hombres y mujeres, cuyas lenguas son un volcán de impurezas, son la ruina del mundo.
Dijo un autor que más daño hace uno sólo de ellos, que cien demonios del infierno, siendo así la ruina de muchas almas; por eso Dios les pedirá terribles cuentas en el día del juicio, y de muchísimos de ellos, Dios podrá decir lo mismo que dijo de Judas: “Más le valiera no haber nacido”.

2) Las palabras obscenas hacen gran daño al alma misma del que las profiere

Podría decir alguno: “¡Pero, padre, esas palabras deshonestas y chistes malos, yo los digo por diversión y sin malicia!”
A ellos, un autor les responde: “¿Con que los dices por diversión? ¡infeliz! Esas diversiones hacen reír al demonio, y te harán a ti llorar eternamente en el infierno.
Porque no sirve decir que tú las dices por diversión y sin malicia, pues cuando profieres esas palabrotas escandalosas y obscenas, es muy difícil que uno no se complazca con las ideas que surgen en la imaginación; pues normalmente resulta de ellas una secreta complacencia, que suele ser semejante a una chispa que puede fácilmente encender la estopa seca. Y de allí, se llega fácilmente a las obras”.

No hay que olvidar que los hombres y las mujeres están todos inclinados al mal, inclinados al pecado; tenemos una naturaleza gravemente herida por el pecado original, recuerden lo que dijo Dios: “los pensamientos del corazón humano se dirigen al mal todos los días” (Gen.6,5)
por eso, y sobretodo en materia de impureza, tenemos que ser muy cautos y prudentes, si no, muy pronto nos hallaremos enredados y enlodados en estos vicios deshonestos, de los cuales será muy difícil salir.
además, nos advierte el Espíritu Santo: “no seas capturado (agarrado) por tu lengua” (Eccl.V,16).
Esto quiere decir: “Ten cuidado de no labrarte con tu lengua una cadena que te conduzca y arrastre a los infiernos”, pues la lengua mancha todo el cuerpo e inflama la rueda de la vida.

Sí, como antes dijimos, la lengua es uno de los miembros del cuerpo que, cuando habla mal, infesta a todos los demás miembros, e inflama y corrompe toda nuestra vida, desde la niñez hasta la senectud; y de allí resulta que los que hablan obscenidades, no saben abstenerse de semejantes conversaciones, aún cuando sean ancianos.
Otra razón más por la que las malas conversaciones hacen daño al alma de los que las profieren, es que se hacen desmerecedores de la misericordia de Dios.

¿Se compadecerá Dios de aquellos que no se compadecen de las almas de los prójimos?
Dijo el apóstol Santiago que será juzgado sin compasión aquél que no tuvo compasión de los demás: “Juicio sin misericordia, a aquél que no tuvo misericordia” (Sant.2,13)

Y los que hablan impurezas no tienen misericordia del prójimo: pues a veces vomitan sus obscenidades tanto a una persona, como a muchas; y cuando mayor es la concurrencia, tanto mayor es el calor y desenfreno con que suelen hablar; y sobretodo las profieren con sus amigos; no tienen piedad ni de sus amigos, pues con esas palabras están más que contaminando y hundiendo las almas de sus tristes amigos.
Y todavía más, a veces dicen sus chistes delante de mujeres, como también delante de los niños;
¡arrasan con todos, no tienen escrúpulos, no tienen pudor, perdieron toda vergüenza!

¡Y hasta se gozan al echarse unas carcajadas para deleitarse sobre el tema impuro que han hablado y de esa manera le dan más fuerza a sus palabras! Si estas personas de lenguas impuras siguen obrando así, ¿podrá Dios tener compasión de ellas?

Por todo esto que hemos dicho, los impuros, con todas sus sucias palabras, están matando, condenando y sumergiendo, cada vez más profundo, a su propia alma;

CONCLUSION

Queridos fieles, cuidémonos mucho de no proferir con nuestra boca palabras deshonestas, ni siquiera las palabras de doble sentido, ni los chistes picantes;
Pues Dios ordenó lo siguiente: “La fornicación y cualquier impureza, ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos” (Ef.5,3).

Dios nos ha dado la lengua, no para ofenderle, sino para alabarle y bendecirle.
Y por eso nos ha dicho: “Haz una balanza para tus palabras, y un freno bien ajustado para tu boca; Y mira no resbales en tu hablar, por lo cual caigas en tierra…y sea incurable y mortal tu caída” (Eccl.28,29-30)

Pensemos que en nuestras bocas, ha entrado ya muchas veces Nuestro Señor Jesucristo por la santa Comunión, y por eso, debemos precavernos con mayor cuidado de proferir cualquier palabra que contamine la puerta por donde ha entrado y entra Dios a nuestro corazón.

Es más, usemos nuestra boca para hablar como Dios lo quiere: Dios dijo: “Vuestras palabras estén siempre condimentadas con la sal” (Col.4,6) Es decir, nuestra conversación debe ir mezclada con algunas palabras santas que muevan a los demás a amar a Dios y a retraerlos de ofenderle.

¡Feliz la lengua que no sabe sino hablar de las cosas de Dios!

Queridos fieles, hagamos estas cosas, usemos nuestra lengua como un poderoso instrumento para aumentar la gloria de Dios, y para la edificación del prójimo,
pues de esta manera, podremos gozar eternamente de la hermosa gloria que Dios nos tiene preparada.

miércoles, 8 de octubre de 2008

LAS MALDICIONES

Sermón - Domingo XXI después de Pentecostés - Octubre 2008

Queridos fieles, CONTINUEMOS ESTUDIANDO LOS PECADOS DE LA LENGUA;
Ya hemos visto la mentira, las malas palabras, la contumelia (injuria al prójimo estando él presente) y la difamación (hablar mal del prójimo en su ausencia);
AHORA HABLEMOS DE OTRO PECADO MUY COMÚN no sólo en el lenguaje de la antigüedad, sino en las gentes de todos los tiempos,
sobretodo en medios vulgares y entre mujeres malhabladas, me refiero a la MALDICIÓN.

¡CUÁNTAS MALDICIONES SE VOMITAN CADA DÍA!
UN AUTOR ESCRIBIÓ: “Por el mundo, no se oyen sino maldiciones del marido contra la mujer, de la mujer contra el marido, maldiciones de los papás y mamás contra los hijos, de los hijos contra los papás; El vecino maldice a sus vecinos, el jefe a su empleado y el empleado a su jefe; En una palabras, todo está lleno de maldiciones”
SE MALDICE la lluvia, el frío, el calor;
se maldice al perro que ladra, a la mosca molesta, al mosquito que pica;
se maldicen las plantas, las frutas, los objetos;
se maldicen las llaves, que no quieren abrir la cerradura;
Se maldice al “Mouse” que no quiere funcionar;
¡HASTA SE MALDICEN los huecos de la calle!
EN UNA PALABRA, casi nadie ni nada se escapa de ser maldecido.
Y sin embargo, Dios dijo: “Bendecid y no maldigáis” (Rom.12,14) “Ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los MALDICIENTES, poseerán el reino de Dios”. (I. Cor. 6,9-10)

QUERIDOS FIELES, ES NECESARIO EXTIRPAR YA DE NOSOTROS este pésimo hábito de la maldición, si no queremos nosotros correr el riesgo de ser arrojados al lago de fuego y azufre, donde se lanzarán terribles maldiciones, unos contra otros, las cuales durarán por los siglos de los siglos.

POR ESO, PARA CONOCER MÁS ESTE PECADO Y LUCHAR CONTRA ÉL, veamos los siguientes puntos:
1) ¿Qué es la maldición y cuántos tipos hay de ella?
2) Veamos cuánto mal se hace con la maldición
3) ¿Y qué tan grave pecado es maldecir?


1) ¿QUÉ ES LA MALDICIÓN Y CUÁNTOS TIPOS HAY DE ELLA?
Recordemos que hay varias maneras de ofender al prójimo con nuestras palabras:
i) si las malas palabras dañan el honor del prójimo, el pecado se llama CONTUMELIA (Cuando uno insulta a otro en su cara);
ii) si las palabras dañan la fama del prójimo, entonces el pecado se llama DETRACCIÓN ( ó Difamación)
iii) y si las palabras dañan la prosperidad de otro, el pecado se llama MALDICIÓN (cuando alguien con sus palabras le desea un mal a otro);

DEFINICIÓN.- Entonces, maldición es cuando uno profiere un mal contra la prosperidad del prójimo.
HAY TRES TIPOS DE MALDICIONES: la causal imperativa, la imperativa secundaria y la de deseo.
a) MALDICIÓN CAUSAL IMPERATIVA.- Este modo de maldecir le compete principalmente a Dios, cuya palabra causa los males que de un modo imperativo enuncia. Es decir, cuando Dios maldice algo ó alguien, su palabra es completamente eficaz, y por lo tanto, lo que Él maldiga quedará maldito. Tenemos muchos ejemplos de esto en la Sagrada Escritura:
- Después del pecado original Dios le dijo a Adán: “¡Maldita sea la tierra que tú trabajes!” Y desde ese momento, el hombre ha luchado contra la esterilidad de la tierra.
- También, recordemos que Jesús, una mañana, cuando volvía a la ciudad, tuvo hambre; y viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló en ella sino hojas. Entonces maldijo la higuera diciendo:
“¡nunca más nazca fruto de ti! Y, al instante, la higuera se secó. Viendo esto, los discípulos, se maravillaron” (Mt.21,18-20).

Los hombres, por sí solos, no pueden proferir maldiciones contra otros de esta forma causal imperativa, sino sólo de forma imperativa secundaria y de deseo.
Por eso, Santo Tomás de Aquino definirá la maldición como: Locución “por la cual se pronuncia un mal contra alguien, imperando o deseando”.

b) MALDICIÓN IMPERATIVA SECUNDARIA.- Es cuando alguien amenaza o manda hacer algún mal a otro, y también, cuando alguien pide a Dios que mande males sobre otros.
POR EJEMPLO, las que la han efectuado los profetas en nombre de Dios, cuando ellos lanzaron maldiciones para cegar las mentes, endurecer los corazones de los hombres y propiciarles males, en castigo de los pecados que habían cometido.
Sólo los santos, por la oración, pueden obtener de Dios castigos para los demás o el cumplimientos de sus imprecaciones.
RECUERDEN LO QUE HIZO EL PROFETA ELISEO: Unos jóvenes se burlaron de él por ser calvo, y entonces él se dio vuelta y los maldijo en nombre de Yahvé; entonces salieron dos osas del bosque y destrozaron a cuarenta y dos de esos muchachos. (IV Rey. 2,23)
También, en este tipo de maldiciones, entran los MALEFICIOS, los cuales son lanzados por brujos, hechiceros ú otras personas, que logran cierta eficacia a sus maldiciones por intervención diabólica.

c) MALDICIÓN DE DESEO.- Es la más común, y como su nombre lo dice, es cuando alguien le desea un mal a otro.
Ejemplos: desear que alguien se muera, que se enferme, que le vaya mal en los negocios, que le vaya mal en la escuela, que corte con su novio, etc.

2) VEAMOS CUÁNTO MAL SE HACE CON LA MALDICIÓN
El que maldice, injuria a Dios, injuria al prójimo, y se hace un gran daño a sí mismo.
a) EL QUE MALDICE INJURIA A DIOS.- El que se irrita hasta prorrumpir en maldiciones, ultraja a Dios, combate sus infinitas perfecciones y quiere usurpar los derechos de su omnipotencia.
Todo pertenece a Dios. ¿Y qué hace el maldiciente en su cólera?
Blasfema contra la Providencia divina, en vez de reconocer que todo está dispuesto por su sabiduría; En lugar de sujetarse a Dios cuando le sucede alguna cosa funesta, y de decir como el santo Job: “Dios sea bendito, hágase su voluntad”, se desenfrena en maldiciones execrables.
Y a veces, el maldiciente, irritado contra alguien, llega a desearle mil veces la muerte, ¡y hasta llega a desear que Dios lo sepulte en el infierno!
¡qué gran injuria para Dios!
El maldiciente no puede destruir a ese hombre, ¡y quiere que Dios sea el ejecutor de su mal intento! ¿se puede tratar más indignamente al Señor y envilecer más su suprema majestad?
b) EL QUE MALDICE INJURIA AL PRÓJIMO.-
Dijo Dios: “será escuchada la imprecación del que te maldijere en la amargura de su alma; y oírle ha su Creador” (Eccli.4,6)
Dios permite algunas veces, que sea oído el que en la amargura de su alma maldice contra su prójimo.
Escribió un autor: “Si el papá maldice a su mujer y a sus hijos, Dios, para castigar al que maldice, podría sacarlos de este mundo cuando el papá más los necesitare. Muchas veces, las maldiciones de los padres y de las madres sobre sus hijos, tienen su cumplimiento”.

San Agustín refiere en libro 22 de la ciudad de Dios un ejemplo bien trágico de esto que venimos hablando: El dice que una madre que tenía siete hijos y tres hijas muy rebeldes, no pudiendo sufrirlos, los llevó un día junto a la pila donde habían sido bautizados, y allí les deseó la maldición de Caín.
¿Cuál fue la maldición de Caín? Pues Dios le dijo: “La voz de la sangre de tu hermano está clamando a Mí desde la tierra. Por eso, andarás maldito, lejos de esta tierra… Fugitivo y errante vivirás sobre la tierra”. (Gén. 4,10 y ss)

Y la maldición de la mamá se cumplió inmediatamente; pues a partir de ese momento, todos sus hijos tuvieron grandes temores y anduvieron errantes de provincia en provincia; Dos llegaron a Hipona, y con la aplicación de las reliquias de San Esteban se curaron, de los otros, no se sabe su paradero.

Si la maldición no tiene siempre su efecto, es porque Dios protege al prójimo de los tiros furiosos del que maldice.

c) EL QUE MALDICE SE HACE UN GRAN DAÑO A SÍ MISMO

ESCRIBIÓ UN AUTOR: “¡Infeliz tú que maldices a tu prójimo! Tú querrías en tu cólera que tus horribles imprecaciones se cumpliesen; más esto no está en tu poder, y tus blasfemias recaerán sobre ti”.
ESTO ES LO QUE ORDINARIAMENTE SUCEDE. Después de haber echado la maldición sobre la mujer, sobre los hijos, sobre los vecinos, sobre los campos, viene a caer sobre su autor. Si alguien se complace en maldecir, la maldición recaerá sobre él.
DIOS MISMO LO DIJO: “Alguien amó la maldición, pues la maldición vendrá sobre él; desechó la bendición, pues la bendición se alejará de él” (Salm. 108,18)


“La maldición lo rodeará como un vestido y estará todo cubierto de ella”.
Aún la maldición es peor que el vestido incómodo; pues el vestido que incomoda se quita; pero no sucede así con la maldición, pues Dios también dijo: “(La maldición), penetrará como agua en el interior del hombre, se introducirá como el aceite en sus huesos, estará todo rodeado de ella, como un cíngulo””.

ESTO QUIERE DECIR QUE EL QUE MALDICE, estará interior y exteriormente expuesto a los tiros de la venganza divina, la cual no perdonará a ninguna parte de su cuerpo, y lo hará todo entero víctima de su maldición y objeto eterno de su justicia.
QUERIDOS FIELES, CON TODO ESTO QUE HEMOS DICHO, ya podemos darnos una idea del grave daño que causa la maldición.

3) ¿Y QUÉ TAN GRAVE PECADO ES MALDECIR?

CLARO ESTÁ, LAS MALDICIONES QUE LANZA DIOS Y LAS QUE DICEN LOS SANTOS EN NOMBRE DE DIOS, no son pecado, sino actos virtuosos de la justicia divina para castigar al culpable, ó actos de su misericordia, para prevenir que el hombre no cometa ciertos pecados graves por temor a incurrir en los castigos divinos.

PERO LA MALDICIÓN PROPIA Y FORMAL, la que se hace imperando o deseando el mal al prójimo, es un pecado grave contra la caridad y también, a veces, contra la justicia.
- Es un pecado contra la caridad al querer el mal del prójimo ó mandar que se lo hagan, pues por la caridad amamos al prójimo y queremos su bien.
El deseo del mal es odio al prójimo.
- Y es un pecado contra la justicia, cuando por nuestra maldición se cause efectivamente algún daño injusto al prójimo.
POR ESO, LA MALDICIÓN ES DE SUYO PECADO MORTAL, y será tanto más grave, cuanto mayor sea nuestra obligación de amar y reverenciar a la persona a quien maldigamos.

DE ALLÍ QUE DIOS HAYA DICHO: “Quien maldiga a su padre ó a su madre, sea castigado con la muerte; caiga su sangre sobre él (Lev.20,9)
POR ESO, TODA PALABRA DE MALDICIÓN QUE VAYA DIRIGIDA A LOS SUPERIORES, sacerdotes, obispos y personas de cierta dignidad, son mucho más graves. Incluso, las maldiciones graves dirigidas a los superiores, aún proferidas sin un deseo verdadero interior, implican falta grave de respeto.
LA MALDICIÓN QUE VA CONTRA DIOS ES GRAVÍSIMA, y es también una blasfemia.


SIN EMBARGO, PUEDE OCURRIR QUE PROFERIR UNA PALABRA DE MALDICIÓN SEA SÓLO PECADO VENIAL:
- ya sea por la pequeñez del mal que uno deseé a otro al maldecirle, (MATERIA LEVE)
- ya sea por los sentimientos del que profiere tales palabras de maldición, cuando lo hace por ligereza, por broma ó por algún aturdimiento de la ira. (SIN PLENA ADVERTENCIA Ó SIN PLENO CONSENTIMIENTO)

LAS MALDICIONES A LOS ANIMALES O SERES IRRACIONALES, en sí mismos, es algo ocioso y vano, y por lo tanto es pecado (normalmente es venial). (ejem: decirle al perro: “muérete”).
Pero las maldiciones a los animales y seres irracionales con relación a los hombres o como posesión de ellos, equivalen al deseo del mal de los mismos hombres. (ejemplo: maldecir la finca de alguien para que no produzca).
Pero maldecirlos como criaturas de Dios, entraña maldición implícita del mismo Dios y blasfemia.

CONCLUSION
Queridos fieles, cuidemos nuestras bocas. Ya no maldigamos a nada ni a nadie.
Tengamos caridad y compasión hacia nuestro prójimo.
En el Evangelio, ¿qué hizo el rey con el siervo malo que no tuvo compasión de su compañero?
Pues lo entregó a los verdugos hasta que pagase la última deuda.
Y Nuestro Señor terminó su parábola diciendo:
“Así hará también con vosotros mi Padre celestial si no perdonareis de corazón cada uno a su hermano”

Queridos fieles, si esto hará el Padre celestial con los que no perdonan, ¿Qué hará con los que además maldicen?
Por eso, queridos fieles, hagamos lo que nos ha pedido nuestro Dios: (Hijitos míos), “¡bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis!... ¡No devolváis a nadie mal por mal, sino venced el mal con el bien!... Así seréis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos”

martes, 30 de septiembre de 2008

LA PRESENCIA DE DIOS

Sermón - DOMINGO XX después de Pentecostés - Septiembre 2008

Queridos fieles, el Evangelio narra el segundo milagro de Jesús en Galilea. EN CANÁ, ESTABA UN OFICIAL DEL REY HERODES, y tenía un hijo muy enfermo en Cafarnaúm ( otra ciudad de Galilea, pero más al norte). Este oficial, al enterarse de que Jesús había venido de Judea a Galilea, FUE A BUSCARLO Y LO ENCONTRÓ, era como la una de la tarde, y entonces le rogó diciéndole que fuera hasta su casa y sanase a su hijo, porque se estaba muriendo.
JESÚS VEÍA LA POCA FE de este hombre, pues si creyera en Él como Hijo de Dios, hubiera creído que Jesús no necesitaba ir hasta la casa para curarlo, Jesús podía hacer el milagro desde lejos ( como el milagro al criado del centurión). Por eso Jesús le dijo: “Si no veis milagros y prodigios, no creeréis”. EL OFICIAL INSISTÍA: “desciende Señor, antes que muera mi hijo”. Por estas palabras, también SE VE SU POCA FE: ¿acaso no podría Jesús resucitarlo si moría?
Y Jesús le dijo: “Ve , tu hijo vive”. Y CREYÓ EL HOMBRE LA PALABRA DE JESÚS y se fue hasta Cafarnaúm para ver a su hijo. En el camino, al día siguiente, se encontró con sus criados que venían a avisarle que su hijo ya estaba sano. Y el oficial les preguntó: “¿a qué hora comenzó a mejorar?” (AÚN SU FE ES POCA, si hubiera creído en las palabras de Jesús, ya hubiera sabido que su hijo estaba curado en la misma hora en que Jesús lo dijo. Y le dijeron: “Ayer, a la hora séptima cesó la fiebre ( es decir, a la una de la tarde del día anterior). Entonces reconoció el padre que era la misma hora en la que había dicho Jesús “Ve, tu hijo vive”, y creyó él y toda su familia.

Sobre este pasaje del Evangelio, San Gregorio comenta lo siguiente:

“El padre exigía que Jesús fuera a su casa para que curara a su hijo. Quería la presencia humana de Aquél que con su divinidad está en todas partes. Si su fe hubiera sido perfecta, habría sin duda conocido que no hay lugar en donde Dios no esté y no obre”.

Queridos fieles, muchos de nosotros nos parecemos a este padre de familia:
Sabemos teóricamente que Dios está presente en todas partes, lo aprendimos en el Catecismo; Pero en la práctica, pareciera que lo olvidáramos, o más bien, pareciera que no nos importara mucho;
¡Oh! Si el pensamiento de la presencia de Dios iluminase todos los días de nuestra vida, Tendríamos una poderosa defensa contra el mal y un consuelo en el dolor.

I.- DEFENSA CONTRA EL MAL
No olviden la siguiente sentencia: “Acuérdate que Dios te ve y no pecarás”.
En una leyenda antigua, se lee que el rey Antíoco, habiendo hecho detener sus ejércitos en la llanura, oyó desde su tienda que dos soldados hablaban mal de él. El rey asomó la cabeza fuera de la tienda y mirando a los dos imprudentes les dijo: “Id más lejos, para que no os oiga” Los dos pobres soldados, temblando de espanto, salieron corriendo.

Reflexionemos, queridos fieles: ¿a dónde podrán huir aquellas personas que les gusta pecar a cada rato, que les gusta cometer acciones impuras,
A dónde podrán huir para que Dios nos lo vea ú oiga?
Si esos dos soldados, quedaron atemorizados porque su rey escuchó todo lo que decían contra él, entonces, ¿quien será el atrevido (atrevida), que osará ofender a Dios, sabiendo que le está presente, que lo ve y conoce sus malvados deseos y sus malignos pensamientos?


Escribe un autor: “El desgraciado más infame, no se atrevería a cometer un homicidio ante el juez que podría inmediatamente castigarle; El sirviente, no transgrediría lo ordenado por su señor, en su presencia; Un joven impuro ò jovencita impura, no se atrevería a cometer su pecado delante de sus papás; (un esposo(a) no se atrevería a cometer adulterio en presencia de la esposa(o))
Y bien, si hasta la presencia de éstas personas puede detener al culpable en medio de sus desórdenes, ¿cómo no se detendrá el pecador en la presencia de un Dios acusador, testigo, juez, vengador de la culpa, de un Dios que todo lo ve?”

EJEMPLOS
NOÉ. Hubo un tiempo en que prácticamente todos los hombres y mujeres eran malos; sus pensamientos y los deseos de su corazón estaban dirigidos al mal, tanto que Dios se arrepintió de haberlos creado. Pero dice la Escritura que había uno que en aquella corrupción universal, supo conservarse bueno: Noé. ¿Y cómo le hizo? ¿acaso no sentía él también los instintos y el ímpetu de las pasiones, los atractivos del pecado y de los malos ejemplos? Bueno, y ¿cómo le hizo? Lo dice la Sagrada Escritura: “Él caminaba delante de Dios” (Gen.6,9); es decir, él estaba siempre delante de la presencia de Dios

JOSÉ, él servía al faraón, era su mano derecha, y una vez, la esposa del faraón quiso seducirlo, ¿y qué fue lo que respondió José para vencer la tentación? Pues él dijo: “¿cómo podré yo pecar ante Dios?” (Gen.39) Y dejando su manto, huyó de la impúdica mujer.

SUSANA ¿ y qué le dio fuerza a la casta Susana para vencer la tentación que le propusieron los dos ancianos lascivos? Ella respondió: “Mejor caer victima, antes que pecar en la presencia de Dios” (Daniel, 13,24)
Y lanzó un grito que atrajo a la gente al jardín.


Sì, queridos fieles, el pensamiento de la presencia de Dios será nuestra defensa para no caer en el pecado. Y no sólo eso, sino que si hemos caído en el pecado, también el pensamiento de la presencia de Dios nos debe ayudar a salir de él.
Adán y Eva, después del pecado, se escondieron. ¡Qué ingenuos! , creían esconderse del ojo de Dios. ¡Más pronto oyeron acercarse su terrible voz! “¡Adán!, ¿dónde estás?”

Caín andaba por los bosques y desiertos, huyendo del rostro de Dios, más el ojo divino penetraba implacable su conciencia manchada con la sangre de su hermano.

Así también, la voz de Dios, el ojo de Dios, están continuamente sobre el alma de los pecadores, ¿y cómo pueden resistir en ese estado sin confesarse? Él los mira, y ellos no tienen el vestido nupcial, ¿y por qué no temen que de un momento a otro puedan ser echados a las tinieblas exteriores del infierno?

“¡Dios me ve!”, este pensamiento vence las tentaciones.
- Cuando el demonio asalte vuestros corazones, digan: “¡Dios me ve!”
- Cuando las pasiones quieran seducirlos, digan: “¡Dios me ve!”
- Si los amigos, los compañeros quieren inducirlos al mal, griten interiormente: “¡Dios me ve!” Con este pensamiento saldrán victoriosos.
Y no sólo saldrán victoriosos, sino que los consolará en el dolor.

II.- CONSUELO EN EL DOLOR
DURANTE LA ORACIÓN. El primer consuelo se halla en la oración sincera y afectuosa. Cuando se piensa que Dios está con nosotros, que nos ve, que nos escucha, que nos ama tiernamente, de nuestro corazón se elevan oraciones muy bellas, las palabras salen de nuestros labios sin buscarlas y hablamos con Dios sin cansarnos. Esta oración hecha en la presencia real de Dios es la más eficaz y la más consoladora.
Quedamos admirados ante aquellos hombres de oración que fueron los santos. ¿Cómo hacían para orar noches enteras, semanas y semanas sin interrupción? Es porque sabían estar en la presencia de Dios tanto, que lo sentían muy cercano, lo veían con los ojos del alma. Esto nos explica por qué los santos, no obstante sus aflicciones, estaban siempre alegres.

DURANTE EL TRABAJO. ¡Qué fuerza y qué alivio sentiremos nosotros en el cansancio del trabajo, al decir frecuentemente!: “¡Dios ve todo, todo lo examina, tendrá en cuenta cada gota de sudor que yo derramo para ganar el pan para mis hijos!”
Un santo religioso repetía en su sencillez: “Cuando debo hacer algún trabajo, yo tomo a Jesús conmigo, y trabajo con Él; En verdad, entre dos, el trabajo rinde más y pesa menos, especialmente si uno de estos dos es el Señor”.

Queridos fieles, ¡hagamos lo mismo, santifiquemos nuestros trabajos, nuestros esfuerzos con la presencia de Dios! Sea cual fuere el trabajo que desempeñemos, pensemos que Nuestro Señor está a nuestro lado ayudándonos, como un papá que ayuda a su hijito a hacer la tarea.

EN LAS TRIBULACIONES. El pensamiento de la presencia de Dios nos trae muchas consolaciones en medio de las tribulaciones. Muchas veces la gente nos ofenderá, nos despreciará, hablará mal de nosotros; Otras veces, aún en nuestra misma casa, no nos comprenderán; Otras veces seremos poco amados, poco considerados y muy abandonados; Muchas veces estaremos preocupados por nuestro porvenir, nos angustiaremos por la miseria y otras dificultades.
¡Oh, cuán dulce es en esos momentos pensar que Dios está con nosotros,
que sabe todo y todo lo puede!
Una vez, Santa Teresa estaba muy angustiada; sus disgustos eran tantos que no podía comer, y la vista de la comida le causaba vómitos dolorosos.
Hallándose en este estado, una noche que estaba en la mesa y no se resolvía a cortar el pan, se animó pensando que Jesús la veía y que Él conocía su tribulación. Jesús, de pronto, se apareció visiblemente y parecía que le cortara el pan y se lo acercara a la boca diciendo: “Come, hija mía, sufro al verte sufrir, más en este momento conviene que sufras”. De pronto una gran dulzura le entró en el corazón y se halló con fuerzas para seguir llevando su cruz.

Queridos fieles, nosotros también podremos llevar con resignación cristiana nuestra pesada cruz, si sabemos sacar consuelo de la presencia de Dios. Pensemos que siempre, a nuestro lado, está Nuestro Señor, ¿y qué hace Él? ¿sólo nos ve? ¡no! , Él mismo está con nosotros cargando nuestra cruz; y además, Él carga la mayor parte.

CONCLUSION
Queridos fieles, Nuestro Señor se entristece mucho con las personas que tienen poca fe. ¿Recuerdan qué les dijo Nuestro Señor a los apóstoles, una vez que no pudieron echar un demonio? Les dijo: “¡Hombres de poca fe!, ¿hasta cuando habré de soportaros?”
Queridos fieles, ¡no hagamos enojar a Nuestro Señor!, al contrario, ¡seamos su alegría, su consuelo!
Vivamos de la fe, y muy especialmente de la fe en su presencia divina en todas partes.

Comparación. Así como un papá, sentado en una silla, ve jugar a su niño pequeñito: lo ve gatear, lo ve caerse, lo ve caminar, arrancar el pastito, perseguir una hormiga; Pensemos que así está Dios con nosotros, sentado en su trono, mirándonos con su ojos amorosos: nos ve trabajar, nos ve rezar, nos ve sufrir, nos ve llorar, y Nosotros, niños pequeños, miremos de vez en cuando, con los ojos de nuestra fe, a nuestro Padre que nos mira,
¡hagamos esto, y la vida se nos hará deliciosa! ¿pues qué podremos temer, teniendo a Dios a nuestro lado?
Y después de esta vida, llena de consuelos por haber vivido en la presencia divina, Llegará el momento en que el papá, que es Dios, se levantará de su silla, Y tomando a su bebé en sus brazos y le dirá: “¡Ven, hijo mío, que ya es hora de irnos al cielo!” Y entonces, lo que fue presencia divina por la fe Se convertirá en visión beatífica para toda la eternidad.

sábado, 27 de septiembre de 2008

DEL OBJETO Y SUJETO DE LA FE

P. ¿Cuál es el sujeto de la fe, es decir aquello que creemos? R. El sujeto, o subjectum, de la fe es Dios, y todas las verdades que se creen de Dios, es decir todas las realidades y misterios de su perfección trinitaria. Además son sujeto de fe todas las verdades reveladas por Dios con respeto a las criaturas, como las que hablan de Adán, Eva, la caída de los ángeles, en cuanto dicen relación a Dios mismo. Pero estas verdades no pueden ser alcanzadas por el solo intelecto humana, sino que es necesario que la inteligencia del hombre sea fortalecida por el auxilio divino, mediante la virtud de la fe, para poder asentir, con una certeza divina, aquello que está oculto en Dios y que se nos presenta si evidencia, bajo el velo de la fe. Dios, en la medida en que es posible que sea penetrado por este auxilio sobrenatural, es el objectum de la fe. La propuesta de la Iglesia es una condición para nuestra fe; la Iglesia nos expone lo que ha sido o no revelado por Dios.
P. ¿Qué certidumbre gozan las verdades y misterios de nuestra fe? R. Gozan una certidumbre más que metafísica, y que excede cualquier otra certidumbre; de manera que es imposible sea lo contrario, por estribar en el testimonio de Dios, en quien no es posible hallarse falsedad.
P. ¿Cuáles son los actos principales de la fe? R. Son los tres siguientes: Credere Deo, Credere Deum y Credere in Deum, esto es: Credere Deo, como a primera verdad revelante; Credere Deum, como a verdad revelada, o creer su existencia; Credere in Deum, como en fin último. Por lo que, aunque creamos la Iglesia Católica (es decir creemos que la Iglesia Católica es la única verdadera, divina, etc.), no creemos en la Iglesia Católica (como si debiéramos dirigir todos nuestros actos hacia la Iglesia como si ella fuera Dios, nuestro fin último). Credimus Paulum, sed non in Paulum, dice S. Agust. Tract. In Joan. (es decir creemos que Pablo es apóstol y tiene un mensaje divino, pero no creemos que debamos dirigir todos nuestros actos para agradar a Pablo como si él fuera Dios)
P. ¿Dónde reside la fe? R. La fe reside en el entendimiento donde se recibe como virtud intelectual. Pero no en todo entendimiento, sino solo en el de aqullos que son viadores, es decir que están en su vida mortal aquí en la tierra. No se da fe, es decir no existe la virtud de fe, en los Bienaventurados porque gozan de la visión clara e inmediata de Dios, incompatible con la obscuridad de la fe. Por la misma razón Cristo no tvo la virtud de fe, porque siempre fue perfectísimamente comprehensor, es decir que su inteligencia humana, creada, tenía la visión beatífica desde el primer instante de su concepción.. Los Ángeles tuvieron la virtud cuando fueron viadores, es decir en su período de prueba. S. Tom. 1. p. q. 57. art. 5. ad. 3.
P. ¿Se halla en los condenados fe sobrenatural? R. No se halla; porque ni son viadores, ni comprehensores (los que ven a Dios cara a cara), sino obstinados en la maldad, destituidos de todo bien y auxilio sobrenatural. Las palabras de Santiago cap. 2. daemones credunt, et contremiscunt (los demonios creen y se estremecen) se entienden de una fe natural, y forzada por las señales que conocen, y principalmente por los tormentos que padecen. En las almas del Purgatorio permanece la fe juntamente con la caridad, y esperanza, porque aún no ven lo que creen. Los pecadores, que no son infieles ni herejes, retienen la fe aunque lánguida y casi muerta; porque fides sine operibus mortua est (la fe sin las obras está muerta). Los herejes se hallan destituidos de la verdadera fe sobrenatural; pues desechan su razón formal, que es la divina revelación propuesta por la Iglesia. Creen lo que les place, y lo que no, lo niegan; y por esta causa aun respecto de aquellas verdades, que les parecen creer con fe verdadera, no la tienen en la realidad, sino opinionem quandam, secundum propiam voluntatem (una cierta opinión según su propia voluntad) como dice S. Tom. 2. 2. q. 5. art. 3.

martes, 23 de septiembre de 2008

LA DIFAMACIÓN

Sermón - Domingo XIX después de Pentecostés - Septiembre 2008
Queridos fieles, HEMOS ESCUCHADO EL EVANGELIO de las bodas del rey.
Durante las bodas, el rey entró para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no tenía traje de bodas.
¿Y QUÉ HIZO EL REY? Pues le preguntó al hombre: “Amigo, ¿cómo es que has entrado aquí no teniendo vestido de bodas?” EL HOMBRE ENMUDECIÓ. Entonces dijo el rey a sus ministros: “Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, y pocos los escogidos”.
EL BANQUETE DE BODAS del rey es el cielo; EL VESTIDO DE BODAS es la gracia santificante; QUIEN AL MORIR NO TENGA EL VESTIDO DE BODAS, quien no tenga la gracia de Dios en su alma, será echado fuera, al infierno, y allí arderá por los siglos de los siglos.
QUERIDOS FIELES, PREPAREMOS BIEN NUESTRO VESTIDO DE BODAS, limpiemos y purifiquemos nuestras almas para no quedarnos fuera de cielo por toda la eternidad.

UN PECADO TERRIBLE que ha sido la causa de que muchas almas hayan sido arrojadas al infierno es la DIFAMACIÓN ( ó Detracción) , otro de los pecados de la “famosa” lengua.

RECUERDEN LO QUE UNA VEZ DIJO NUESTRO SEÑOR: "(La Difamación), ¡Oh infame y universal peste que causa la muerte de tantas almas! ¡Detengan esta corriente impetuosa que conduce tantas almas al infierno! ¡En cuán graves males y profundos precipicios caen las personas que no refrenan su imaginación y su lengua (y se ponen a difamar). A muchas, más le valiera no haber nacido.”

QUERIDOS FIELES, PARA CONOCER MÁS ESTE PECADO de la Difamación y llegar a odiarlo, de tal manera que no caigamos en él, veamos los siguientes puntos:
1) ¿Qué es la Difamación?
2) ¿Cuán grave es este pecado ?
3) ¿Cuándo es pecado mortal y cuándo es venial?
4) ¿Cómo se debe restituir la fama?
5) ¿Es en algún caso lícita la Difamación?
6) ¿Cómo peca el que oye la Difamación?


I) ¿QUÉ ES LA DIFAMACIÓN?
Recordemos que hay varias maneras de ofender al prójimo con nuestras palabras:
i) si las malas palabras dañan el honor del prójimo, el pecado se llama CONTUMELIA (Cuando uno insulta a otro en su cara); es el tema que vimos hace dos semanas;
ii) si las palabras dañan la prosperidad de otro, el pecado se llama MALDICIÓN (cuando alguien con sus palabras le desea un mal a otro; ejemplos: que se muera, que se enferme, que le vaya mal en los negocios, etc.)
iii) y si las palabras dañan la fama del prójimo, entonces el pecado se llama DIFAMACIÓN ( ó Detracción)
DEFINICIÓN.- DIFAMACIÓN, es la injusta denigración de la fama del prójimo, hecha en ausencia de aquél a quien se difama.
DIVISIÓN: La Difamación se divide principalmente en dos:
a) DIFAMACIÓN SIMPLE .- es cuando se manifiesta, sin justa causa, un pecado o vicio oculto del prójimo;
b) CALUMNIA.- es cuando se le imputa falsamente al prójimo algún pecado ó crimen;
La calumnia le agrega a la Difamación simple el hecho de decir también una mentira, y a veces tan perniciosa, que daña mucho la fama del prójimo.
La Difamación también puede ser directa ó indirecta:
- DIFAMACIÓN DIRECTA, cuando claramente se narra el pecado ó vicio de prójimo;
(EJEMPLO: el difamador dice expresamente: “Fíjate que fulanita, el otro día, salió con un hombre casado”;
- DIFAMACIÓN INDIRECTA, cuando el pecado ó vicio de prójimo no se manifiesta claramente, sino que sólo se insinúa, lo cual puede hacerse no sólo con palabras, sino también con gestos; EJEMPLO: el difamador dice: “fíjate que la otra noche, fulanita llegó muy tarde a la casa, quién sabe qué habrá estado haciendo”.
También es Difamación indirecta cuando se niegan o disminuyen las buenas cualidades del prójimo. Esta Difamación indirecta, a veces es más maliciosa que la difamación directa, pues hay expresiones que dañan mucho la fama del prójimo:
EJEMPLOS:
- “Y con esto que te digo, no te digo todo, ehh?”
- “¡ay!, si pudiera decirte todo lo que sé”,
- “sí, fulanita es piadosa, pero…”

II) ¿CUÁN GRAVE ES ESTE PECADO DE LA DIFAMACIÓN ?
LA DIFAMACIÓN ES UN PECADO CONTRA LA JUSTICIA, porque el hombre tiene perfecto derecho a su fama.
SI SE COMPARA ESTE PECADO CON OTROS, los autores dicen que este pecado de la difamación es menos grave que el homicidio y que el adulterio, pero que es un pecado más grave que el hurto, pues como dice la Sagrada Escritura: “Para el hombre, es mejor el buen nombre que las muchas riquezas” (Prov. 22,1)

ADEMÁS, ESTE PECADO DE LA DIFAMACIÓN DAÑA MUCHO EL BIEN COMÚN DE LA SOCIEDAD, pues el bien común exige que las acciones malas del prójimo no sean reveladas si no hay suficiente motivo;
pues si a todos les fuese lícito revelar los pecados ocultos de las personas,
de allí surgirían muchos pleitos, envidias, odios, y por lo tanto, la paz y la tranquilidad de las familias y de toda la sociedad se perturbaría.

EN LA SAGRADA ESCRITURA hay muchos pasajes en los que Dios nos habla en contra de este pecado, y dice que los difamadores son odiosos a Dios y a los hombres (Prov. 24,9), y que serán excluidos del Reino de los cielos. Por eso, el gran Sabio, Salomón, nos advierte contra este pecado y exclama: “Mira, no resbales en tu hablar, no vaya a ser que tu caída sea mortal e incurable (Eccl.28,30)”
En los Salmos, el rey David, hablando de los difamadores, exclama lo siguiente: “Su garganta es un sepulcro abierto, con sus lenguas maquinan continuamente engaños; ¡Júzgalos, oh, Dios mío!” (Salm.5,11)
Y San Pablo hace entrar este pecado de la difamación (maledicencia) entre los crímenes más enormes que excluyen del Reino de los cielos: “Ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los maldicientes, poseerán el reino de Dios”. (I. Cor. 6,9-10)

¿Y QUÉ DICEN LOS SANTOS PADRES sobre este pecado de la difamación? Pues lo consideran como una abominación y como una obra del demonio. Tan sólo SAN BERNARDO dice que, el Difamador, con la espada de su lengua, mata tres almas de un solo golpe: mata a su misma alma, mata al alma que lo escucha, y mata el alma del pobre difamado.

III) ¿CUÁNDO ES PECADO MORTAL Y CUÁNDO VENIAL?
Para determinar la gravedad del pecado, habrá que considerar tres aspectos:
a) la gravedad del pecado ó defecto que se está revelando
b) la condición y dignidad de la persona difamada
c) la eficacia de la difamación

a) la gravedad del pecado ó defecto que se está revelando
- si se dice de otro un pecado grave, ordinariamente el pecado será mortal
- si se revela un pecado leve, ordinariamente el pecado será venial
Ejemplos:
- Si se anda diciendo que fulanito es adúltero, homosexual, drogadicto, violador, ladrón ; esto hiere mucho la fama del prójimo y por eso el pecado ordinariamente será mortal
- Si se anda diciendo que fulanita es perezosa, que es mal geniada, que es imprudente, indocta, esto normalmente no hiere mucho la fama del prójimo, por eso el pecado ordinariamente será venial.

b) la condición y dignidad de la persona difamadaSi se está infamando a una persona de cierta dignidad, aún cuando sólo se revele algún pecado en sí mismo leve, puede llegar a ser pecado mortal:
Ejemplo: - decir que un obispo ò un sacerdote es mentiroso, el pecado puede fácilmente ser mortal
Por el contrario, si se infama a una persona de condición y dignidad inferior, aún cuando se diga de ella algún pecado grave, no por eso el pecado será mortal, sino que podría ser venial:
Ejemplo: - si se infama a una criada de servicio diciendo que es una ladrona,
el pecado no necesariamente será mortal

c) la eficacia de la difamación
Es decir, hay que ver que tanto daño se causa a la persona infamada; Y para medir este daño, hay que considerar: quién está difamando, y quiénes están escuchando;
- si la persona que está difamando es una persona de cierta dignidad, prudencia y autoridad, su difamación hace más daño que si lo hiciera una persona de inferiores cualidades; Por eso, la difamación hecha por una persona de gran autoridad, es más grave;
- también, es pecado más grave revelar cosas a personas locuaces y chismosas, que revelarlas a personas prudentes y serias.
- Igualmente, es más grave revelar el pecado a varias ó a muchas personas, que a una sola.

IV) ¿CÓMO SE DEBE RESTITUIR LA FAMA?
Hay que distinguir si se trata de calumnia ó de simple difamación.
EL CALUMNIADOR DEBE RETRACTARSE DE LO DICHO, aún con perjuicio de su propia fama, porque la fama del inocente es más valiosa que la fama del culpable.

EL QUE HA COMETIDO SIMPLE DIFAMACIÓN (ha revelado pecados ó defectos verdaderos del prójimo), no puede negar lo que dijo, pues mentiría; Pero sí tiene que declarar que cometió un error al decir tal cosa, que no debió haber hablado,etc. Además de hacer esto, el difamador debe aprovechar toda ocasión que tenga para alabar y honrar al difamado (por las virtudes que tenga, por sus buenas obras, etc.)

NOTA: La reparación debe ser proporcionada y suficiente. Así, el que difama en público, está obligado a retractarse en público, para que así las personas que se dieron cuenta de la ofensa, puedan volver a tener la estimación que tenían por la persona antes difamada.

V) ¿ES EN ALGÚN CASO LÍCITA LA DIFAMACIÓN?
LA DIFAMACIÓN QUE ES CALUMNIA, en ningún caso es lícita.
Pero LA SIMPLE DIFAMACIÓN, es decir, el manifestar el pecado oculto del prójimo, aunque éste pierda la fama, es lícito hacerlo cuando haya una justa causa, y así lo exija el bien público ó el privado, porque de esta manera cesa en el pecador el derecho a conservar su fama.
EJEMPLOS DE CAUSAS JUSTAS:
- la utilidad notable del que revela el pecado ( si lo hace para pedir consejo o favor, y no con ánimo de difamar)
- la utilidad del pecador, para que se arrepienta o corrija
- el bien público; cuando se evitan daños que amenazan a la Iglesia, a la Sociedad
- el bien privado de los oyentes o de otras terceras personas (para librarlos de un mal cierto o probable)
En todos estos casos, al manifestar el pecado ajeno, ni se viola la justicia, porque el prójimo no tiene derecho estricto a su fama hasta el punto que los demás callen con grave daño propio;
Ni se viola la caridad, que no obliga con grave incómodo.

VI) ¿CÓMO PECA EL QUE OYE LA DIFAMACIÓN?
- Si el que oye la difamación influyó eficazmente para que el otro difamara, peca contra la justicia y contra la caridad:
Peca contra la justicia, por ser también causa del daño que se infiere al difamado; Y peca contra la caridad, por cooperar al pecado del que difama;
- el que se goza al oír una difamación grave, peca gravemente contra la caridad, por alegrarse del daño ajeno.
- Cuando alguien oye a otro difamar, y no hace nada por impedirlo porque le dio vergüenza, o por negligencia o por temor, el pecado podría llegar a ser venial;
(los padres que oyen difamar a sus hijos, y nos los corrigen, cometen pecado contra la justicia, pues es su deber corregirlos)
- Si impedir la difamación es fácil y eficaz, tendrá que hacerse bajo pena de pecado
- Los que de algún modo manifiestan su disgusto contra la difamación, no cometen pecado

CONCLUSION
Queridos fieles, EN UN DÍA MUY PRÓJIMO, Nuestro Señor se presentará delante de nosotros para examinar nuestro vestido de bodas,
¡Ay de nosotros si no lo tenemos preparado! Pues entonces seríamos arrojados a las tinieblas de fuera, donde será el llanto y rechinar de dientes para toda la eternidad
Y también, ¡ay de nosotros si, aún teniendo nuestro vestido de bodas, lo tuviéramos todo manchado! pues de esta manera seríamos arrojados fuera, a las tinieblas del Purgatorio, hasta que el fuego limpiase todas las manchas de nuestra alma;
¡Y QUE FÁCIL ES MANCHAR NUESTRA ALMA CON EL PECADO DE LA DIFAMACIÓN! ¡Ya sea difamando, o también oyendo la difamación!

QUERIDOS FIELES, ¡CORRIJÁMONOS YA DE ESTE ABOMINABLE VICIO!,
Practiquemos la caridad;
la caridad es benigna, es suave;
La caridad es bienhechora, no piensa mal;
La caridad aparta los ojos del vicio, para no divisarlo;
La caridad no halla un maligno placer en descubrir las iniquidades.
Muy lejos de mostrarlas, las deplora;
y lejos de burlarse del pecador, lo compadece.
LA CARIDAD, EN VEZ DE DESCUBRIR LOS PECADOS, LOS OCULTA,
en cuanto es posible, a todas las miradas, cubriéndolos con su manto.

QUERIDOS FIELES, HAGAMOS ESTAS COSAS, TENGAMOS GRAN CARIDAD,
Que de esta manera tendremos un blanquísimo y hermosísimo traje de bodas,
y al mirarnos, Nuestro Señor exclamará:
“¡ven amada mía, hermosa mía, paloma mía!”
“¡entra en el gozo de tu Señor!”